Accidente en Lezama: Silencio, luto y estupor por la muerte de dos amigas de 12 años

Frente de la escuela
Frente de la escuela Fuente: LA NACION - Crédito: Tomás Cuesta
Alejandro Horvat
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29 de noviembre de 2019  • 10:17

Bajo un cielo perfecto, Benavídez está en silencio. Las escuelas y lugares municipales se encuentran cerrados por duelo tras las muertes de las dos alumnas de la escuela primaria N° 41 de esa localidad. Ellas viajaban ayer en el ómnibus que volcó en la ruta 2, a la altura del kilómetro 141, rumbo a Mundo Marino. Algunos comercios sí están abiertos. Las caras largas, con gestos de indignación y dolor se ven por doquier. Los testimonios cargados de tristeza también se acumulan al recorrer las calles de la zona: todos quieren hablar como una vía de escape o una manera de empezar a elaborar la tragedia.

"Ahora se vienen las fiestas y esas familias no van a tener a sus hijas, es tremendo. Yo justo estaba en un hospital con mi hija y vi que la gente lloraba mirando la tele y era por el colectivo que volcó, no lo podía creer. Es una tragedia", cuenta Ricardo Cardozo, jardinero y vecino
"Ahora se vienen las fiestas y esas familias no van a tener a sus hijas, es tremendo. Yo justo estaba en un hospital con mi hija y vi que la gente lloraba mirando la tele y era por el colectivo que volcó, no lo podía creer. Es una tragedia", cuenta Ricardo Cardozo, jardinero y vecino Fuente: LA NACION - Crédito: Tomás Cuesta

Una de las vecinas es Ilda Borgetto, de 77 años. Ella vive justo frente a la escuela, en una casa con techo a dos aguas. Mientras arregla las flores del patio que da a la calle, recuerda sus 27 años como portera de la escuela. También dice que ayer vio salir el ómnibus y que todos los padres aplaudían: "Eran cerca de las 3.30 cuando vi salir el colectivo, yo no sabía que se iban de viaje. Todos aplaudían porque estaban felices, luego me levanté y vi las noticias, no lo podía creer. El mismo colectivo que salió de acá estaba volcado en la ruta. Es un dolor muy grande, no lo puedo creer".

Ilda Borgetto, que vive justo frente a la escuela, vio salir el micro a las 3 de la mañana. "Todos aplaudían porque estaban felices, luego me levanté y vi las noticias, no lo podía creer", cuenta.
Ilda Borgetto, que vive justo frente a la escuela, vio salir el micro a las 3 de la mañana. "Todos aplaudían porque estaban felices, luego me levanté y vi las noticias, no lo podía creer", cuenta. Fuente: LA NACION - Crédito: Tomás Cuesta

Antonio Torres también vive frente a la escuela. Tiene 88 años y está sentado en una reposera mientras mira los móviles de televisión que le ocuparon todo el frente de la casa: "Es un dolor muy grande, uno nunca quiere una noticia así, con chicos involucrados. Es tremendo, pero qué se le va a hacer. A las 16 voy a hablar con mi hija a ver si nos cruzamos para participar del abrazo simbólico".

Ricardo Cardozo, de 54 años, es jardinero y trabaja en casas del barrio. Paró su bicicleta en la esquina de la escuela, de ella cuelgan el rastrillo y la podadora. Él está indignado con Alberto Maldonado, el chofer del micro, que hoy fue a declarar: "Ojalá que se haga justicia, en qué iba pensando ese tipo. Ahora se vienen las fiestas y esas familias no van a tener a sus hijas, es tremendo. Yo justo estaba en un hospital con mi hija y vi que la gente lloraba mirando la tele y era por el colectivo que volcó, no lo podía creer. Es una tragedia".

Antonio Torres, vecino de la escuela. "Es un dolor muy grande, uno nunca quiere una noticia así, con chicos involucrados. A las 16 voy a hablar con mi hija a ver si cruzamos para el abrazo simbólico a la escuela"
Antonio Torres, vecino de la escuela. "Es un dolor muy grande, uno nunca quiere una noticia así, con chicos involucrados. A las 16 voy a hablar con mi hija a ver si cruzamos para el abrazo simbólico a la escuela" Fuente: LA NACION - Crédito: Tomás Cuesta

Un oficial de tránsito de la zona también se suma a la charla: "La mayoría de los accidentes acá son porque la gente toma mate adentro del auto. O van mirando el GPS o la pantalla del auto. La gente se distrae y pasan desastres", agrega.

Andrea Lanzarte, de 45 años, está tomando mate en la puerta de su casa. Sus dos hijos fueron a la escuela N41 y ahora ya pasaron al secundario. "Cuando ellos estaban en el primario nos ofrecieron el viaje y dijimos que no porque nos daba miedo el tema del micro. Es una tragedia, hoy el barrio está totalmente de luto. Mi sobrina, todos iban a ese colegio. Algo cambió para siempre después de esto. Tenemos mucho dolor".

Ricardo Cardozo, vecino de la escuela
Ricardo Cardozo, vecino de la escuela Fuente: LA NACION - Crédito: Tomás Cuesta

"Nosotros tenemos familiares que fueron a esa escuela. Una prima de ella va a la escuela", dice por Celeste, su nieta. "Es un dolor terrible. Hoy el barrio está en silencio", cuenta Alejandra Cejas, de 59 años.

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