
Buenos Aires, otra vez inundado
Los vehículos quedaron atrapados por el agua en Belgrano y en Villa Crespo; hubo 500 evacuados en el conurbano y en La Plata.
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Buenos Aires vivió ayer otra jornada pasada por agua y plagada de inconvenientes debido a la intensa lluvia caída después del mediodía.
Cerca de las 9, las precipitaciones comenzaron a azotar las calles porteñas. Cuatro horas más tarde, las lluvias cobraron mayor intensidad, y en pocos momentos varios puntos de la ciudad quedaron inundados.
En los barrios de La Boca, San Telmo, Barracas, Villa Crespo, Belgrano y Palermo la gente debió colocar compuertas de madera o hierro frente a la entrada de sus casas para impedir así el ingreso del agua, la basura y las hojas que flotaban por las arterias anegadas.
Familias que iban a comer para celebrar el feriado por el Día del Trabajo circulaban despacio y con las luces de sus automóviles encendidas.
Sucede que el tránsito también fue víctima de las precipitaciones: en varios puntos de la Capital, se pudieron observar conductores que empujaban los vehículos atascados en algunas bocacalles y rodados sin dueño que, a la deriva, habían invadido las veredas.
Según indicó el pronosticador de turno del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), entre las 9 y las 16 de ayer cayeron más de 40 milímetros de agua, que se sumaron a los 17 acumulados la jornada previa.
La intensidad de las lluvias y tormentas registradas obedeció a la inminente llegada de un frente frío, que en los próximos días hará descender la temperatura de manera gradual.
En la provincia de Buenos Aires, ayer el temporal obligó a evacuar a casi 500 personas: 230 en La Plata, 200 en Berazategui, 40 en San isidro, 12 en Quilmes y 13 en San Miguel, según informó la Dirección de Defensa Civil.
Panorama desolador
"Siempre pasa lo mismo. Ya se sabe: llueve un poquito y hay que salir a atornillar las compuertas y encender las dos bombas de achique que tenemos en el sótano", dijo a La Nación Luis, encargado de un edificio situado en la esquina de Juan B. Justo y Camargo, en el barrio de Villa Crespo.
Mientras tanto, con guantes y botas limpiaba la grasa proveniente de los talleres que funcionan en la zona y había quedado depositada sobre las veredas.
Circular por la avenida Juan B. Justo y sus calles adyacentes -Camargo, Padilla y Murillo- era imposible: el caudal de agua llegaba al metro y medio de altura y arrastraba bolsas de basura, maderas, botellas y las hojas que el otoño ya había arrancado a los árboles.
Precisamente, la explicación que el gobierno de la ciudad dio ante la magnitud del fenómeno se basó sobre un deshoje temprano (ver nota aparte).
Por Villa Crespo, los recolectores de residuos de AEBA trabajaban con camiones aspiradores para sacar las hojas y la basura alojadas en las bocas de tormenta.
"Estamos acá desde la una del mediodía. El agua nos llegaba hasta la cintura. El gran problema es que la gente no saca la basura a horario y se acumula todo", dijo uno de ellos, Juan Alberto, mientras se descalzaba y sacaba el líquido que se había escurrido entre sus botas.
Un panorama igualmente desalentador se vivió en el barrio de La Boca. En la calle Hernandarias al 1300, Mario Valverén destapaba con ahínco la salida de la cloaca de su casa.
"Si no desagoto este conducto por acá, toda la inmundicia sale por la rejilla de mi baño. Es una vergüenza: los políticos se preocupan por la campaña y descuidan las necesidades de la gente", dijo indignado a La Nación .
Más escenas patéticas
En el barrio de Barracas también sufrieron la inclemencia climática. En la avenida de los Patricios, por ejemplo, las bocas de tormenta expulsaban agua en vez de servir como canal de desagüe.
"Lo peor sucede cuando pasa un colectivo o un vehículo pesado: hacen olas y el agua entra en las viviendas", resumió Nélida Reinsol, domiciliada en la esquina de Iriarte y Goncalves Dias.
Otro vecindario castigado por las inundaciones fue Palermo. La calle Godoy Cruz, desde Nicaragua hasta Soler, se transformó literalmente en un río.
"El agua llegó hasta la ventana de mi casa; tuvimos que quedarnos encerrados hasta que dejó de llover. En lugar de paradas de colectivos, acá deberían instalar estaciones de botes", se quejó Miriam Paucho, que vive en la zona desde hace 10 años.
Tanto por Godoy Cruz como por las calles adyacentes, el agua también arrastraba todo tipo de desperdicios.
El barrio de Belgrano tampoco permaneció ajeno a los anegamientos. El cruce de Cabildo y Blanco Encalada es uno de clásicos puntos que sucumben a las lluvias intensas.
Y ayer repitió su historial: sobre medio metro de agua, flotaban algunos vehículos y los vecinos luchaban, balde en mano, por frenar el avance de la inundación dentro de sus hogares.
Los moradores de San Telmo también padecieron los estragos causados por las lluvias. En la esquina de Ingeniero Huergo y Brasil, La Nación pudo ver cómo Rosario quitaba los zapatos a sus hijos y les arremangaba los pantalones para que pudieran cruzar.
"Acá llueve cada dos por tres y siempre se inunda. Así que no tengo otra alternativa que hacer esto cada vez que salimos", expresó enojada.



