
Buscan la ruta perdida entre América y Africa
Expedición: un explorador británico busca antiguos vínculos entre ambos continentes; el año próximo pasará por nuestro país.
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MOTCOMBE, Dorset.- Mencione a cualquier británico el nombre del coronel John Blashford-Snell y comenzará a hablarle de elefantes gigantes en Nepal, orangutanes en Burma y batallas contra predadores en Malawi.
En un mundo que se arriesga a perder el don de la sorpresa, Blashford-Snell es una leyenda viviente.
Las aventuras de este instructor retirado de la Escuela Militar Sandhurst, de 62 años, son seguidas de cerca aquí con la fascinación de aquellas emprendidas en el siglo XIX por sus compatriotas Livingstone y Stanley.
No extraña, entonces, que en su próxima expedición, que tendrá como escenario a nuestro país, se vea acompañado por reporteros de la BBC, el periódico The Daily Telegraph y la revista norteamericana National Geographic, y que sus experiencias sean seguidas en vivo por Internet (http://kota-mama.awc.co.uk ).
En su base de operaciones, un galpón escondido al final de una ruta privada entre las verdes colinas del sureño condado de Dorset, el presidente de la Scientific Exploration Society explicó a La Nación los objetivos de su nuevo emprendimiento: la expedición Kota-Mama (en lengua aimará, "Madre del lago"), que lo llevará por Bolivia, Paraguay, la Argentina y Africa del Sur.
"Nuestra misión es doble -señaló-. Por un lado, examinar la posibilidad de que las tradicionales naves de junco de los aborígenes aimará del lago Titicaca hayan sido utilizadas para navegar hasta el Río de la Plata. Esto aumenta la posibilidad de que haya existido una ruta comercial entre América del Sur y el cabo de Buena Esperanza, pasando por el Golfo Pérsico y hasta el Mar Rojo."
El interés por la teoría sobre un vínculo americano-africano creció en los últimos años con el hallazgo de rastros de nicotina y cocaína en momias egipcias, el descubrimiento de pirámides escalonadas en México y la aparente similitud entre lenguas precolombinas y el hebreo antiguo.
"Pero lo que más nos interesa es que, a nuestro paso, realizaremos tareas de asistencia social a las comunidades aborígenes, investigaciones arqueológicas, zoológicas y de conservación, y estableceremos lazos educativos entre niños británicos y sudamericanos", adelantó Blashford-Snell.
A bordo
La tripulación, compuesta por 70 voluntarios de distintos países que han pagado 4000 dólares por el privilegio de vivir esta aventura, está integrada por antropólogos, biólogos, ornitólogos e ingenieros náuticos, además de un médico, dos dentistas y tres enfermeras. En nuestro país, los esfuerzos de la misión serán coordinados por el presidente del Club de Exploradores Argentinos, Adrián Giménez Hutton.
La expedición está dividida en tres fases. La primera ya se llevó a cabo y culminó en forma exitosa en abril del año último, cuando una flotilla de tres embarcaciones aimaraes (construidas en apenas una semana por cinco aborígenes) navegó 250 millas por el río Desaguadero, desde el lago Titicaca hasta el lago Poopó, en el altiplano boliviano, haciendo frente a los embates de la corriente de El Niño.
En el camino descubrieron los primeros restos humanos de una civilización anterior a la aimará (a su vez, predecesores de los incas), que éstos solían llamar "pakajes" u "hombres águila", porque vivían en una meseta a 4000 metros de altura. También hallaron otros tres sitios arqueológicos, incluido un templo de más de 2700 años.
La fase II comenzará este mes en Puerto Suárez, Bolivia. Dos nuevas naves construidas por los aimaraes navegarán el canal Tamengo hasta el río Paraguay, y de allí bajarán el Paraná hasta llegar a Buenos Aires el 9 de octubre.
En el trayecto ayudarán a poblaciones en Bolivia a evitar inundaciones, intentarán probar la vinculación de escritos hallados en una caverna con antiguas lenguas escandinavas y contribuirán a la protección del jaguar en el Chaco y del ciervo de los esteros en Corrientes.
La fase III, que unirá a Buenos Aires con Ciudad del Cabo, se realizará el año próximo. En este caso, las naves no serán de junco sino de madera balsa. Así continuará la experiencia iniciada en 1949 por el noruego Thor Heyerdhal con su Kon Tiki, en el Pacífico.
En 1970, Heyerdhal llevó a un grupo de aimaraes a Marruecos para que construyeran un barco de juncos para cruzar el Atlántico. Este llegó hasta las costa de Barbados, pero en terribles condiciones. "Nosotros creemos que los indios usaban junco para el río y madera balsa para el mar", estimó el explorador británico.
La expedición cuenta con el apoyo de las prefecturas boliviana, paraguaya y la de nuestro país, al que Blashford-Snell decidió donar una de las naves aimaraes para su museo.
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