
Buscan reabrir la causa por la matanza de Wilde
Esperanza: los familiares del remisero y del vendedor de libros asesinados en enero de 1994 esperan que se pueda abrir de nuevo el expediente; el juez Villamayor aún no tomó una decisión.
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Edgardo José Cicutín y Claudio Díaz se ganaban la vida vendiendo libros a domicilio. Como lo hacían todos los días, el 10 de enero de 1994 cargaron el Dodge 1500 amarillo con el que iban de casa en casa para cumplir con el trabajo. Norberto Corbo era propietario de un Peugeot 505, y como tantos otros que no conseguían una mejor ocupación iba tirando como remisero en la agencia "Su destino", de Santos Lugares. Ese día, los pasajeros Gustavo Mendoza y Héctor Bielsa lo contrataron para realizar un viaje. El último viaje.
Los dos vehículos, el Dodge 1500 en el que iban Díaz y Cicutín, y el Peugeot 505 en el que Corbo llevaba a Mendoza y a Bielsa, coincidieron en el tránsito de la avenida Mitre, cerca del Parque Avellaneda, en el límite entre Wilde y Villa Dominico, en el partido de Avellaneda.
En esos momentos, varios efectivos de la Brigada de Investigaciones de Lanús se desplazaban en móviles no identificados. Supuestamente, estaban a la caza de unos delincuentes que se trasladaban en dos autos similares: un Peugeot 505 y un Dodge 1500. La tensión crecía y la adrenalina aumentaba entre los policías, como ocurre siempre en los instantes previos a cualquier posible enfrentamiento.
En la intersección de Mitre y la avenida Ramón Franco comenzaron los disparos y la persecución, que se prolongó un par de cuadras. Cuando los tiros terminaron, Corbo, Cicutín, Mendoza y Bielsa estaban muertos. Los policías -ninguno resultó herido- adujeron, para intentar explicar la matanza, que primero les habían disparado desde los vehículos. Pero las dos armas que luego fueron encontradas en el Peugeot 505, no funcionaban; al parecer, habían sido colocadas después de la masacre.
Díaz, el único sobreviviente, contó que cuando escuchó los disparos detuvo la marcha del Dodge 1500 y se bajó del vehículo con las manos en la cabeza y que vio como Cicutín intentaba bajarse del otro lado.
Los diez policías que fueron acusados por el cuádruple homicidio -César Córdoba, Roberto Mantel, Eduardo Gómez, Osvaldo Lorenzón, Hugo Reyes, Marcelo Valenga, Carlos Saladino, Marciano González, Julio Gatto y Pablo Dudeck- fueron sobreseídos provisionalmente en junio de 1995 por el juez en lo penal de Lomas de Zamora Emilio Villamayor, luego de que la Sala I de la Cámara del Crimen de esa jurisdicción, en noviembre de 1994, revocó las prisiones preventivas que antes les había impuesto la jueza Silvia González.
Los familiares de Corbo y de Cicutín buscan ahora que la causa sea abierta nuevamente, luego de conocerse la resolución del juez federal Juan José Galeano, que procesó a cuatro oficiales de la Policía Bonaerense como partícipes necesarios por el atentado contra la sede de la AMIA. En su escrito, Galeano señaló que algunos de los oficiales imputados dijeron en conversaciones telefónicas grabadas por orden suya, que habían organizado una colecta para "ayudar" a los acusados por la masacre de Wilde.
El comisario inspector Juan José Ribelli, uno de los cuatro procesados por el ataque a la AMIA, era uno de los jefes de la Brigada de Investigaciones de Lanús, cuando se produjo la matanza. En las conversaciones grabadas aparece como uno de los organizadores de la "colecta" -los fondos se habrían obtenido mediante extorsiones- que supuestamente se utilizó para beneficiar a los policías acusados.
Nada por ahora
Pese a que el miércoles último, la agencia Télam informó que la causa había sido reabierta, esto no es cierto. "La información es falsa. La causa no está en el juzgado, así que mal puedo haber ordenado alguna medida para reabrirla", aseguró el juez Villamayor, consultado por La Nación. -¿Cuándo la causa regrese al juzgado la reabrirá?
-No lo sé todavía. Lo pensaré. Debo analizar si hay elementos nuevos que se incorporen al expediente y que ameriten tomar esa medida.
La causa tiene varios puntos oscuros. Mendoza y Bielsa habrían tenido antecedentes penales y se suponen que habían contratado a Corbo, que no sabía que eran delincuentes, para un viaje que sólo ellos saben que destino real tenía.
Norberto Antonio Corbo, el padre del remisero asesinado, dijo a La Nación en agosto de 1995 que los dos pasajeros que llevaba su hijo eran "informantes de la policía que planeaban hacer una transa de drogas por 50.000 dólares con Quintana (un delincuente detenido más tarde) y algunos efectivos de la Brigada de Investigaciones de Lanús. Esto lo pude averiguar después de mucho tiempo de investigar por mi cuenta para tratar de limpiar el nombre de mi hijo y de descubrir por qué actuaron de esa forma los policías".
La decisión del juez Galeano de enviar copias de las partes del expediente de la AMIA que se refieren a la masacre de Wilde a la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires y a la Procuración General de la provincia no fue bien vista en Lomas de Zamora. "Quiere decir que realmente sospecha que hubo algo raro. Lo normal, cuando un juez tiene información sobre una causa que instruye un colega es enviársela directamente a él", comentó una fuente judicial.
No ilusionarse
Ciro Annichiarico, el abogado patrocinante de Raquel de Cicutín, viuda del vendedor de libros asesinado, presentó un escrito para pedir que el Dodge 1500 en el que viajaba Cicutín quede afectado a la causa. "La medida es importante porque podrían ordenarse nuevos peritajes", explicó el abogado. El estudio realizado por la Gendarmería sostuvo que no hubo tiroteo y que las 200 balas que se dispararon salieron de las armas de los policías.
Raquel de Cicutín se ha hecho amiga de la cautela. "No quiero hacerme muchas ilusiones. Ya sufrí bastante cuando los policías fueron dejados en libertad y luego sobreseídos", se lamentó.





