
Cada vez más gente ayuda al prójimo
Unos 2.000.000 de argentinos colaboran a través de instituciones no gubernamentales.
1 minuto de lectura'
Una silenciosa revolución solidaria está logrando cambios en la Argentina. Según el Foro del Tercer Sector, cerca de dos millones de personas se esfuerzan por ayudar a los demás en forma voluntaria.
La falta de estadísticas oficiales da lugar a dispares interpretaciones del fenómeno, si bien todos coinciden en su gran expansión. Así, algunos especialistas afirman que funcionan en el país unas 20.000 organizaciones no gubernamentales (ONG), y otros elevan esa cifra a 56.000.
Para la Fundación Sales, el sector mueve de 500 a 1000 millones de pesos por año. Sin embargo, según su director ejecutivo, Arturo Prins, en la Argentina todavía se dona muy poco dinero: 15 dólares anuales por persona, una suma exigua comparada con los 550 dólares que se donan en los Estados Unidos.
El fenómeno también llegó a los medios de prensa, que reflejan el movimiento creciente de gente que busca ayudar a los demás.
Dos millones de argentinos trabajan por el prójimo
Una revolución silenciosa está en marcha. Y sus militantes son unos dos millones de argentinos.
Pero no es para inquietarse. Son quienes, según el Foro del Tercer Sector, dedican tiempo y esfuerzo para ayudar a los demás en forma voluntaria. La mayoría trabaja en organizaciones que administran entre 500 y 1000 millones de pesos por año, de acuerdo con la Fundación Sales.
Un nuevo criterio de filantropía da fin al siglo XX y abre las puertas a un nuevo milenio, donde pensar en el otro no sólo es sinónimo de dar, sino de acompañar al que recibe en un mayor compromiso social. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) no eran, unos ocho años atrás, tomadas en cuenta como actores capaces de resolver problemas sociales. Hoy no sólo son protagonistas, sino que aventajan al sector público y privado en reconocimiento y legitimidad para llevar a cabo la tarea.
En los últimos tiempos demostraron que son capaces de reunir, organizar y mantener impulsos solitarios para transformarlos en acciones solidarias concretas y duraderas. Que el tercer sector está en franco crecimiento es indiscutible, pero el hecho de que no exista un registro obligatorio de su actividad hace difícil conocer su dimensión real.
Las cifras son recientes y varían. El Centro Nacional de Organización de la Comunidad (Cenoc) calcula que unas 20.000 instituciones trabajan por la sociedad civil. Mario Roitter, del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), amplía el espectro y considera que en la Argentina hay cerca de 56.000 instituciones sin fines de lucro, 6000 más que en 1995.
Años atrás no se reconocía el papel de estas organizaciones como generadoras de empleo. Pero actualmente, según un estudio de la Comisión de Asuntos Cooperativos, Mutuales y ONG del Congreso de la Nación, 300.000 asalariados dependen del trabajo de las sociedades civiles e igual cantidad de voluntarios colaboran con ellas.
Cambio de mentalidad
La legitimidad de estas organizaciones es una tendencia mundial y no socava la iniciativa de los gobiernos, irremplazables garantes de servicios básicos.
"Las ONG cubren ese espacio que está entre el Estado y la familia. Defienden los valores y buscan el bien común mediante su acción. Todos los años surge una enorme cantidad de nuevas organizaciones que hacen alianzas y redes para trabajar en forma conjunta", consideró María Rosa Martini, presidenta del Foro del Tercer Sector.
¿A qué se debe el auge del voluntariado y las causas humanitarias? "Hubo -dice Martini-, un cambio en la mentalidad de la gente. Se ligó el concepto de ciudadanía al de responsabilidad social. Dar tiempo y dinero a la comunidad."
La credibilidad es clave en este proceso. De hecho, su popularidad aumenta a medida que cae la de los funcionarios. Una encuesta encargada por el Foro del Tercer Sector a Gallup reveló el año último que, mientras la Iglesia Católica goza de la confianza del 64 por ciento de la población y las entidades de bien público del 56, sólo el 25 cree que el Estado es capaz de resolver problemas sociales. "En los últimos cinco años logramos que la gente vuelva a creer. Las personas confían cuando se trabaja por el otro, sólo por amor al prójimo. Cuando saben de alguien y de su necesidad, se conmueven y responden. A esa reacción inmediata yo lo llamo solidaridad de catástrofe", explicó Juan Carr, titular de la Red Solidaria.
Pero, dijo, se necesita una acción más comprometida y profunda. Y el desafío está en descubrir qué es lo que cada uno puede dar en la medida de sus posibilidades. "Hay que motivar a las personas para que la ayuda no termine en una sola acción. No se trata de compararnos con la Madre Teresa de Calcuta, porque ahí perdemos todos. El asunto es entender que cada uno tiene su vocación y sus tiempos y buscar algo que se adecue a eso."
La autoayuda
El hecho de que persigan fines humanitarios hace que las instituciones civiles tengan en el mundo una mayor legitimidad para actuar en crisis, según José Samañigo, coordinador en la Argentina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
"El aumento de las ONG es mundial -consideró-. Pero la diferencia es que en Europa y los Estados Unidos hacen hincapié en áreas de emergencia y en América latina se dedican más al desarrollo comunitario y a los derechos humanos."
El reconocimiento del trabajo de las ONG lleva a que organismos internacionales como las Naciones Unidas, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo las involucren en forma progresiva en sus proyectos.
"La ONU daba antes mucho más dinero para trabajar al sector público que al tercer sector. Hoy, más de la mitad de los programas que financia la organización internacional son ejecutados por entidades sin fines de lucro", señaló Samañigo.
Sin menoscabar su avance, Arturo Prins, director ejecutivo de la Fundación Sales, sostuvo que las instituciones de la Argentina están aún muy lejos de la consolidación de estas entidades en otros países. "La conciencia filantrópica es aquí todavía muy baja. En los Estados Unidos se donan 550 dólares por habitante por año y no creo que nosotros lleguemos a los 15 por persona."
Los números son elocuentes: el sector privado, según un estudio de la Universidad de San Andrés, donó, durante 1997, más de 30 millones de pesos a las asociaciones sin fines de lucro. Todavía es poco.





