Casi la mitad de los adolescentes pierde horas de sueño fundamentales por el uso del celular después de la medianoche
Un estudio reveló que los menores utilizan el teléfono un promedio de más de 50 minutos durante la noche en días escolares
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WASHINGTON.- Existe una idea cada vez más frecuente que Kerri Anderson, terapeuta familiar y de niños de Connecticut, escucha de padres preocupados por sus hijos preadolescentes y adolescentes: están con el celular por la noche, les dicen los padres. No queremos pelear por eso, pero esto no funciona.
Los chicos tienen dificultades para despertarse a tiempo por la mañana, dicen los padres. Sus calificaciones se resienten. Están malhumorados e irritables.
A lo largo de sus 15 años como terapeuta, Anderson notó de forma anecdótica cómo crece la preocupación. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de California en San Francisco muestra hasta qué punto el uso del celular en noches escolares podría estar interrumpiendo el sueño vital de los adolescentes.
Los adolescentes utilizaron el teléfono inteligente un promedio de más de 50 minutos entre las 22 y las 6 en noches escolares, descubrieron los investigadores, y casi la mitad de los adolescentes usó sus celulares entre la medianoche y las 4. La mayor parte de ese uso se destinó a aplicaciones de redes sociales como YouTube, Instagram o TikTok, halló el estudio. Otros miraban aplicaciones de streaming o jugaban juegos como Roblox o Clash Royale.
El estudio, publicado el lunes en la revista JAMA Pediatrics, siguió el uso de pantallas de 657 adolescentes, una cohorte con una edad promedio de 15 años. Todos son participantes del estudio nacional Adolescent Brain Cognitive Development Study, que incluye una muestra racial y económicamente diversa de niños y es el estudio a largo plazo más grande sobre el desarrollo cerebral y la salud infantil en los Estados Unidos.

Los investigadores obtuvieron datos de una aplicación instalada en los celulares de los adolescentes que rastreaba de forma pasiva sus patrones de uso de pantalla, dijo Jason Nagata, autor principal y profesor asociado de pediatría en la Universidad de California en San Francisco. Esto es significativo porque “muchos estudios previos se basaron en el autoinforme del uso de pantallas”, señaló, lo cual no es tan exhaustivo ni preciso.
Nagata era muy consciente de que muchas personas —tanto adolescentes como adultos— usan sus teléfonos justo antes de irse a dormir, “pero me sorprendió que casi la mitad de los adolescentes usen sus celulares entre la medianoche y las 4”, le dijo a The Washington Post. “Esa es una ventana realmente crítica en la que los chicos deberían estar dormidos, especialmente en noches escolares”.
La solución sencilla sería sacar las pantallas del dormitorio, dijo Nagata. Pero la investigación del equipo también encontró que eso no ocurre.
El uso en medio de la noche, dijo, puede indicar que las notificaciones del teléfono están despertando a los chicos, que están luchando contra el insomnio o que están buscando el teléfono de manera casi automática cuando se despiertan naturalmente durante la noche.
Y el impacto total en el sueño probablemente va más allá de los minutos dedicados a mirar una pantalla brillante, añade Nagata. El uso de redes sociales en particular “es muy estimulante a nivel emocional”, dice. “Hay mucha estimulación, y eso puede hacer que sea más difícil para los adolescentes en particular relajarse, incluso después de haber apagado el celular”.
Los hallazgos se basan en investigaciones previas que muestran que el uso de pantallas a la hora de acostarse puede degradar la calidad del sueño, y que incluso intervalos cortos de sueño adicional pueden tener un impacto significativo en los adolescentes.
“El sueño es esencial para el desarrollo cerebral del adolescente, para el aprendizaje y la salud mental, y ya sabemos que la mayoría de los adolescentes no obtiene la cantidad recomendada de sueño”, dice Nagata, que es de entre ocho y diez horas, según los expertos en sueño. Ver que el sueño es reemplazado por el uso de las pantallas, añade Nagata, es particularmente preocupante: “Sabemos que las redes sociales están vinculadas con mayores riesgos de desarrollar depresión, ansiedad, problemas de atención y pueden afectar el rendimiento académico y cognitivo”.
La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que las familias creen un plan de medios para el hogar, uno que los padres también puedan cumplir. “Los padres tienen que ser modelos a seguir para estas reglas”, dijo Nagata. (Su investigación previa encontró que el uso de pantallas de los padres es uno de los predictores más fuertes del uso de pantallas en preadolescentes).

¿La solución ideal? “Eliminar las pantallas del dormitorio por completo”, dice Nagata, “especialmente durante el sueño. Nuestros estudios han demostrado que ese simple acto por sí solo está asociado con la mejor calidad y la mayor duración del sueño”.
Pero la mayoría de los adolescentes no se separa de las pantallas cuando se va a dormir: dos tercios de los adolescentes en el estudio Adolescent Brain Cognitive Development informaron anteriormente que duermen con sus celulares u otro dispositivo electrónico en su dormitorio. “Ese es el estándar para la mayoría de los adolescentes en los EE.UU.”, dice Nagata.
Puede ser un ciclo difícil de romper. Pero incluso si un celular permanece en el dormitorio, hay pasos que pueden ayudar. “Apagarlo por completo es más efectivo que dejarlo encendido” en modo silencio o vibración, señala Nagata; incluso las vibraciones sutiles o las luces intermitentes pueden despertar a los chicos.
Cuando trabaja con familias, Anderson destaca la importancia de un diálogo abierto entre padres y adolescentes, dice. Un dormitorio sin celulares podría ser el objetivo, pero “la meta es lograrlo con el compromiso de ellos”, afirma.
Los adolescentes a menudo sienten la necesidad de conexión con sus pares o la autonomía de una sesión de desplazarse sin pensar después de un largo día de escuela, actividades, tareas y otras obligaciones; tratar de escucharlos sobre lo que sienten y necesitan es una parte importante para llegar a una solución realista, dice.
“Querés que se sienta como apoyo, no necesariamente como un castigo: ‘Esto es lo que está pasando, así que ¿cómo te ayudamos a hacer esto que todos sabemos que es bueno para vos, sin que se sienta como si te estuviéramos sacando algo?’”, dice. “Estamos tratando de enseñarles a estos chicos —que pronto serán adultos— cómo manejar estas cosas por sí mismos, sin imponer simplemente nuestras propias reglas”.
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