Cayó el chico que asesinó a un farmacéutico
Incurable: lo detuvieron anoche en una villa de Beccar; había sido detenido hace dos meses por robo de automotor y sería adicto a las drogas; ahora buscan a sus cómplices que son tres chicas de 12,13 y 15 años.
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Anoche, personal de las policías Federal y Bonaerense atraparon en la villa de emergencia La Cava, en Beccar, al joven de 16 años que anteayer asesinó a de dos tiros al dueño de una farmacia de Núñez que intentó asaltar con otras tres adolescentes. Fuentes del caso confiaron a La Nacion que la pesquisa comenzó a acelerarse con el aporte de testigos del crimen y los dichos de un taxista que llevó a los delincuentes hasta la citada villa.
Desde anteanoche, policías de la seccional 35a. de la Federal, a cargo de Angel Vázquez, y de la seccional 5a. de San Isidro, al mando del comisario Jorge Avesani, ya habían iniciado la búsqueda del criminal, apodado El Turco, en La Cava y en Saavedra.
Tareas de inteligencia y un relevamiento del asentamiento precario concluyó cuando el menor, que intentó escapar, fue acorralado por los policías en uno de los estrechos pasillos de la villa y puesto a disposición del juez instrucción porteño a cargo del caso, doctor Alberto Baños.
"Es un chico muy peligroso"
"El Turco es un chico muy peligroso. Personal de mi comisaría ya lo había detenido hace dos meses por presunto robo de automotor, pero escapó hace 15 días de un correccional de la Capital. Ya había sido atrapado en otras ocasiones por asaltos a mano armada, tentativa de homicidio y por consumo de drogas", dijo a La Nacion el comisario Avesani. Al cierre de esta de edición se trataba de detener a las tres chicas, de 12, 14 y 15 años, que actuaron de cómplice en el asalto y crimen del farmacéutico Isidoro Perugini, de 64 años.
Las farmacias, un blanco muy codiciado
Antonio Somaini, de 82 años, y 60 en el rubro farmacéutico, tiene el cargo de vicepresidente, y ex presidente del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de Capital Federal.
"En los últimos dos años ha crecido el robo a farmacias, hay una nueva movilidad para el asalto de dicho rubro, ahora se las vacía completamente. Dinero, psicofármacos, teléfonos, todo se lo llevan en bolsas de consorcio, en 4 minutos te limpian la farmacia", dijo Somaini.
Según el profesional, esos medicamentos estimulan el sistema nervioso y, generalmente, son mezclados por los jóvenes con alcohol lo que provoca un cóctel terrible.
El farmacéutico consideró que se producen, tres víctimas mortales por año en estos robos y que, como mínimo, los comerciantes reciben golpes "cuando no hay plata".
El promedio de robos por dia en estos negocios es entre 8 y 12 farmacias.
El problema grave es el robo de camiones de laboratorios, que van a farmacias, que llegan a tener un valor por un millón de pesos.
Las estadísticas indican que se roban un millón de dólares de medicamentos por día.
Psicosis en el barrio
El asesinato de Isidoro Perugini (64), propietario de la farmacia situada en la esquina de la avenida García del Río y Pinto, ha desatado una verdadera psicosis entre los moradores de esa zona del barrio porteño de Saavedra.
En realidad, el crimen de "Cholo", como todos llamaban a Perugini, potenció fuertemente lo que desde hace tiempo está instalado allí en forma generalizada: la certeza, con más de una prueba a la vista, de que Saavedra ha pasado a integrar el mapa de las áreas más peligrosas de esta capital.
Más allá de la lógica consternación por la muerte de alguien muy apreciado -con 25 años al frente de la tradicional farmacia Del Parque-, a partir de este trágico episodio el vecindario exhibe de inmediato su sensación de inseguridad, que a veces se convierte en pánico.
Ya no es lo mismo
Un ejemplo de esto último es el propietario de la carnicería Cachito, el uruguayo Rubén Pérez (62). Asaltado siete veces en un año, Pérez atiende tras una reja de hierro. "La última fue una chica de unos 20 años. Llegó en un coche, a eso de las 8 de la noche, me apuntó con un arma y se llevó lo que tenía en la caja", dice Pérez. "Por eso puse la reja, aunque no me gusta estar encerrado. En vez de los chorros, el que está preso soy yo", agrega.
El carnicero no es optimista. Ha colocado un cartel en el que se lee: "Por ausentarme del país, vendo carnicería funcionando".
En Zapiola y García del Río, la señora Dora de Blanco recibió en 12 oportunidades la visita de delincuentes, "gente de todas las edades, de 16 para arriba. Yo también me quiero ir, pero no sé adónde". Ha limitado la atención hasta las primeras horas de la noche, "aunque también me han asaltado de día".
Situaciones similares han vivido quioscos aledaños a la farmacia de los Perugini, negocios de diversos ramos, talleres de autos, casas de familia y hasta el hogar de ancianas Savina Petrelli, de Paroissien al 3000, en donde la portera Gabriela Santana comentó que "esperan a que las señoras o sus visitantes salgan y les roban lo que tienen".
Sitio peligroso
En la esquina de la farmacia están reunidos varios jubilados, amigos del "Cholo". Julio Grillo es quien se muestra más compungido. Habla de la cercana Villa Mitre como un aguantadero "peligroso", de donde "se vienen para acá todos estos malandras. Cometen sus fechorías y regresan allá porque la policía no puede entrar a buscarlos". El parque es recorrido permanentemente por un par de efectivos de la Policía Montada. Lo hacemos notar y se nos responde: "Se dedican sólo a pasear, a jugar a las cartas y a cuidar que los caballos coman. La prueba está en que el día del asesinato había dos enfrente y ni se acercaron a ver qué pasaba".
La psicóloga Silvana Accaroni tiene su casa pegada a la farmacia, en Pinto al 3800. Piensa que los más chicos actuaron como campanas del ladrón. Ella vio a estos últimos colgados de la reja "como monos". Cuando "don Isidoro llegó, porque había ido al banco pero regresó a buscar una boleta, se encontró con los muchachones adentro, apuntándole a Rosa, su señora. Empezó a preguntar qué pasaba y uno de ellos le pegó un tiro en la sien".
Accaroni recuerda los numerosos robos de que fue víctima el farmacéutico. "Quizá se cansó -conjetura-, o quiso defender a su mujer." Joaquín, su hijo de seis años, le tironea una mano: "Mamá -pregunta-, ¿es cierto que al «Cholo» lo mataron con un revólver de verdad?".
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