Charlie Duke: "Llegamos al mínimo de combustible, la tensión era realmente alta"

Charlie Duke, en el comando de control de la misión Apolo XI, desde donde estuvo en contacto con los astronautas en todo momento
Charlie Duke, en el comando de control de la misión Apolo XI, desde donde estuvo en contacto con los astronautas en todo momento Crédito: NASA
Rafael Mathus Ruiz
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12 de julio de 2019  • 14:03

WASHINGTON.- Fueron 13 minutos, hilvanados a lo largo de una década, que llevaron a uno de los logros más grandes de la humanidad, aunque pudieron haber terminado en un fracaso o una tragedia. El descenso final a la Luna comenzó con una instrucción de Charlie Duke, desde la sala de control, en Houston, a Neil Armstrong y Buzz Aldrin, que volaban a unos 400.000 kilómetros de la Tierra, listos para iniciar la ultima fase de su viaje: "Águila, Houston. Si copian, pueden ir a descenso propulsado. Cambio".

Duke, astronauta del programa Apolo, fue uno de los protagonistas del drama y la tensión que signaron los minutos finales de la llegada del hombre a la Luna: al momento del alunizaje del Módulo Lunar, "Águila" estaba a cargo de las comunicaciones de la misión Apolo 11. Era la única voz desde la Tierra que escuchaban Armstrong, Aldrin y Michael Collins, quien volaba solo en el Módulo de Comando, "Columbia".

Se cumplen 50 años de la llegada del hombre a la Luna - Fuente: Reuters

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"Cuando comenzamos el descenso, estábamos listos y las cosas se veían bastante bien. Pero luego empezamos a tener serios problemas", relata Duke.

Primero hubo fallas en las comunicaciones. Collins tuvo que hacer de puente entre el Águila y Duke, y, por unos instantes, la transmisión de los datos del vuelo se cortó. El Águila voló más rápido de lo previsto y alteró el plan original para el descenso. Luego ocurrió lo peor: sonó una alarma. La computadora estaba "sobrecargada". Esa alarma se repitió cinco veces. Cada vez, Houston decidió seguir. Al final, Armstrong debió volar la nave manualmente -como nunca nadie lo había hecho antes- y elegir un nuevo lugar para alunizar, consumiendo más combustible. Duke, que pisaría la Luna en 1972 en la misión Apolo 16, palpaba el nerviosismo creciente en la sala de control el 20 de julio de 1969.

"Llegamos al mínimo de combustible, la tensión era realmente alta", recuerda.

Con el Águila a unos metros de la superficie, Duke pasó un último aviso a Armstrong y Aldrin: tenían 30 segundos más para alunizar; si no lo hacían, debían abortar. "No creo que nadie haya considerado nunca que llegaríamos a una situación de aborto, pero llegamos a marcar 30 segundos antes de que tuviéramos que abortar, y 13 segundos después, escuché a Buzz Aldrin decir: 'Contacto. Propulsor detenido'. Sabíamos que estaban en el terreno, fue un gran alivio", cierra.

Doce minutos y 49 segundos después de iniciar el descenso, Armstrong desató la euforia. "Houston, aquí Base Tranquilidad. El Águila ha aterrizado", anunció. "Tranquilidad, los copiamos en el terreno. Tenían un montón de tipos a punto de ponerse azules. Estamos respirando de vuelta. Gracias", respondió Duke.

Charlie Duke, en 2013, uno de los protagonistas de la tensión de los minutos finales de la llegada del hombre a la Luna
Charlie Duke, en 2013, uno de los protagonistas de la tensión de los minutos finales de la llegada del hombre a la Luna Crédito: Shutterstock

-¿Cómo se sintieron después del alunizaje?

-Fue euforia y alivio. La tensión se rompió. Estábamos en el terreno. Había una gran sensación de satisfacción, y la tensión había desaparecido. Estábamos realmente eufóricos, toda la sala. No pudimos celebrar demasiado porque queríamos asegurarnos de que la nave espacial estuviera en buenas condiciones. Si aterrizábamos y provocábamos una fuga, tendríamos que estar listos para despegar de inmediato. Tuvimos un cierto período de tiempo, los llamamos T1, T2, T3, y en todos esos límites de tiempo tendríamos el "pueden ir" para continuar. Así que empezamos a preparar la caminata espacial. En ese momento, nuestro turno salió fuera de servicio, por lo que no estuve allí. Lo vi desde casa, como mil millones de personas.

-¿Qué pasó por su mente?

-Gran satisfacción. Cumplimos con el objetivo con el cual la NASA se comprometió desde 1961. El hecho de que lo hicimos, con seis meses de sobra, fue emocionante.

-¿Por qué la misión y el programa Apolo fueron exitosos?

-Trabajo en equipo. Y diría que las empresas contratistas hicieron muy buen trabajo. Nos proporcionaron un buen equipo. Teníamos un cronograma muy acelerado, y estábamos dispuestos a asumir riesgos para cumplirlo. Fue un momento muy positivo en la NASA que nos dio ese éxito. Fuimos exitosos porque todos trabajamos juntos, fue tremendo.

-¿Qué aprendió del programa y en la NASA?

-Fue un trabajo gratificante, muy satisfactorio. Nunca consideré que ser el hombre más joven en caminar en la Luna fuera tan importante. Simplemente sucedió que fui yo, pero solo por unos cuatro meses. No fue gran cosa. Pero sin duda fue una oportunidad muy emocionante y gratificante aterrizar en la Luna, ya sea el número 10 o 200. Realmente no importa. Llegué a experimentar algo que muy pocas personas experimentaron. Fue un momento muy gratificante ser un astronauta, y ser parte de este programa. Podés imaginar el orgullo que todos tuvimos y la satisfacción que obtuvimos al trabajar juntos como un equipo. Nunca hubo celos que yo viera. Fueron seis años tremendos para mí, hasta que terminó.

-Se dice que Apolo fue un éxito construido sobre fracasos, ¿algún ingrediente secreto?

-No creo que hubo un ingrediente secreto. Fue una combinación de un tremendo equipo en la administración que estuvo dispuesto a autorizar cambios para mejorar, tomar riesgos y aprobar vuelos que eran muy peligrosos. Apolo 8 fue a la Luna sin respaldo. Todo tenía que funcionar, o se habrían perdido en el Espacio. Ese fue un riesgo que tomamos. Y el trabajo en equipo. Todos confiaban el uno en el otro. La sinergia en todo el programa le dio el impulso que llevó al éxito.

-¿Por qué era importante llegar a la Luna, y por qué es importante volver?

-Porque estábamos en una carrera con los rusos. Habían dado un golpe con el primer satélite, el primer ser humano en el Espacio. Y para recuperar y conservar nuestro prestigio nacional y liderazgo tecnológico, sentimos que era un objetivo nacional. Así que todos se sentían igual en el país. Fue un éxito. También resultó ser uno de los grandes experimentos científicos y esfuerzos en la historia del hombre explorar la Luna. Volver a la Luna es una razón más para continuar esa exploración y aprender cómo vivir en el Espacio durante largos períodos de tiempo para que cuando vayamos a Marte tengamos confianza en nuestros sistemas y habilidades. Estoy totalmente a favor de volver a la Luna para que podamos saber más sobre la Luna. Podemos entender cómo vivir en el Espacio. Y extraeremos enormes cantidades de conocimiento científico y, a partir de eso, tecnologías que desarrollarán nuestra economía y la economía del mundo. El espacio ha sido una gran inversión. Nosotros gastamos el dinero, pero el mundo entero se beneficia.

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