
Chicos de la calle que se ayudan ayudando a otros
Llamado El Kiosco, su programa funciona en La Matanza
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Darío Aranda mira por la ventana al barrio San José Obrero mientras explica cómo comenzó a soñar con Kiosco Juvenil.
El nombre del lugar surgió de ver que ahí es donde los adolescentes suelen reunirse. Y esa idea, la de juntarse para conversar y escucharse unos a otros convoca a 208 jóvenes cada semana.
El grupo está integrado por hombres de entre 6 y 21 años. En el Kiosco las mujeres son minoría: sólo 12 chicas participan los sábados del taller de títeres.
"Cuando los veía tirados en la esquina, sin hacer nada, no podía evitar pensar lo que se estaban perdiendo. Además, -asegura Aranda- podía apreciar en ellos cierto abatimiento, como si creyeran que las cosas no pueden ser modificadas y lo único que queda es el abandono."
Por eso luego de viajar a Chile a realizar trabajos comunitarios en drogadependencia, Aranda volvió con la idea de desarrollar una experiencia que allá había conocido: menores de la calle que organizan juntos actividades para ellos y la comunidad.
De enfermero a líder
Incentivado por su trabajo de enfermero en la sala de atención primaria de la zona, Aranda recorría las calles del barrio, se presentaba a los distintos grupos y trataba de explicarles su proyecto: generar un espacio alternativo de encuentro en el que ellos mismos se pudieran escuchar y ayudar unos a otros.
Así, el 2 de diciembre de 1994 se realizó la primera asamblea de Kiosco Juvenil y éste se fue transformando poco a poco en un lugar de pertenencia para los chicos donde podían escucharse y organizar un proyecto en común.
Un espacio en común
Hoy el Kiosco ofrece talleres de deportes, artes marciales, música y títeres y organiza las fiestas del Día del Niño y del Derecho del Menor en el barrio.
Es uno de los primeros proyectos alternativos de nuestro país con reconocimiento en todo el mundo y lo auspicia el Consejo del Menor y la Familia de la provincia de Buenos Aires, que aporta dinero para su desarrollo.
Uno de los primeros problemas que surgió fue que los chicos no entendían la idea de trabajar en proyectos a largo plazo.
"Acá todo es hoy. Cuando hacés un proyecto los chicos te preguntan: cómo un proyecto a tres meses si yo no sé si no voy a estar preso en ese momento. Con los padres pasa lo mismo. Si hoy trabajan, hoy comen. Mañana no saben", explica Aranda.
Otras de las dificultades con las que se encontró Darío a la hora de progresar en la participación del grupo en las actividades del barrio fue que los chicos eran estigmatizados como ladrones o drogadictos.
El barrio San José Obrero se encuentra en el partido de La Matanza, donde, según las estadísticas, se registra la mayor cantidad de delitos protagonizados por menores en toda la provincia.
El primer gran logro fue la fiesta del Día del Niño de 1994. Los chicos del Kiosco generaron fondos para comprar alfajores, chocolate y leche para 3200 niños.
Cuando los vecinos vieron que el chico al que ellos temían era el mismo que repartía los alfajores u organizaba las filas, cambiaron de idea y entendieron que, si brindaban espacio al grupo para participar, había grandes posibilidades de cambio. A partir de ese momento, el Kiosco comenzó a reunirse en la cooperativa del barrio.
Los chicos del taller necesitan materiales de construcción, ladrillos y cemento para terminar una loza que empezaron hace tiempo. "También necesitamos bancos, guitarras criollas y todo lo que haga posible continuar con los talleres", pidió Aranda. Los que puedan ayudarlo, deben comunicarse con el 694-1998.
A pesar de todo lo logrado, Darío sabe que su pelea por nuevas posibilidades para los menores de la calle nunca termina: "A mí me enseñaron a no involucrarme con el paciente, pero aquí eso es imposible. Muchas veces quedo destruido con las historias que me cuentan. Pero esta situación te obliga a aprender sobre la marcha y a entregarte entero".
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