Cien maneras de ayudar a los que más lo necesitan
Por Agustina Lanusse De la Redacción de LA NACION
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La mala noticia la conocemos todos y cada mañana nos levantamos para desayunarnos con ella: la crisis.
Pero atención. A menudo, tanto pesimismo no nos deja ver que en este bosque tupido y oscuro del desempleo, la recesión y el desprestigio de tantos políticos, se ha empezado a colar un poderoso rayo de luz: la solidaridad.
Esta energía constructiva se hace sentir y nos invita a salirnos de nosotros mismos movidos por el dolor y la privación de los demás.
Para responder a esta inquietud creciente, LA NACION presenta hoy a sus lectores una completa guía con 100 opciones para dar una mano a los más necesitados. La lista incluye los nombres, direcciones y rubros de un centenar de organizaciones no gubernamentales que trabajan en la Argentina.
El espíritu solidario o comunitario no sólo se respira en el seno de las 80.000 ONG del país, sino también en los corazones de la gente -empresarios, estudiantes, obreros, alumnos, jubilados-, que constatan día a día como miles de ciudadanos padecen hambre, frío o la angustia del desempleo.
Cada vez son más los voluntarios que se suman a las organizaciones solidarias. En el último año, el número de personas que ofreció su tiempo a los demás, sin esperar ser remunerado, trepó del 26 al 32 por ciento de la población. Además, los actos se multiplican en cifras que son difíciles de cuantificar.
Al mismo tiempo, la solidaridad cambia y se mueve de formas tradicionales a otras más novedosas. Antes existía una distancia entre el voluntario y el beneficiario; hoy el panorama cambió. El que da, es también el que recibe. Un proceso circular. "El que ayuda en un comedor es el mismo que come o da de comer a su grupo familiar", explica Mario Roitter, titular del Centro de Estudios de Estado (Cedes).
También se constata otra novedad: cada vez hay más voluntarios desempleados, que descubren cómo el sistema solidario es un boomerang positivo que los contiene a ellos mismos. Ingenieros, arquitectos, médicos que encuentran en las entidades sin fines de lucro un espacio donde canalizar sus conocimientos y sentirse útiles.
"Esto hace que el recambio entre el voluntariado se acentúe. Porque una vez que encuentran empleo abandonan la tarea gratuita", afirma Mariana Lomé, directora de Capacitación en la Fundación Compromiso, donde el 70% de sus voluntarios está compuesto por desempleados.
"Hace cinco años esto no ocurría. Debíamos trabajar los sábados para capacitar a nuestros colaboradores, que estaban ocupadísimos durante la semana", agrega Lomé.
Lo básico
Y en esta Argentina donde el número de pobres se multiplica por minuto -hoy alcanza al 52% de la población, según las últimas mediciones- las ONG tienen dos urgencias inmediatas: alimentar a los hambrientos y distribuir medicamentos. Este es sin duda el blanco al que apunta el llamado tercer sector.
En Caritas, por ejemplo, aseguran que, en lo que va del año, repartieron 300 toneladas de alimentos y medicamentos; la misma cantidad que se entregó a lo largo de los 12 meses del año último.
La Fundación Banco de Alimentos llega a 40.000 personas de comedores, hogares y escuelas con 70.000 kilos de comida por mes. Hace un año, cuando surgió, apenas si atendía a 3000 necesitados.
Y ni hablar de los bancos de medicamentos. En la Asociación Nuestra Señora de Luján, desde fines del año útlimo atienden y distribuyen drogas a 60 pacientes oncológicos y con HIV por día, cifra que se reducía a sólo 10 antes de octubre de 2001.
Además, se observan nuevas tendencias: hay más donaciones de particulares y menos de empresas; más aportes de dinero de argentinos que residen en el exterior. Como ejemplo, en la última colecta nacional de Caritas hubo 4000 visitas al portal y 50 donaciones on line , la mayoría de residentes en el extranjero. También se produjo una movida solidaria entre los productores rurales, que entregan cereales, carne y leche.
Y algo que constatan los representantes del sector es que crecen las fundaciones interesadas en trabajar para fomentar la participación cívico-ciudadana.
"Surgió, por ejemplo, el grupo Cabildo Abierto, formado por organizaciones religiosas, cívicas, universitarias", explica María Rosa Martini, titular del Foro del Sector Social, que agrupa a unas 3000 instituciones no gubernamentales.
Esa percepción es avalada por Carolina Biquard, directora de Compromiso, y Manuel Mora y Araujo, de Ipsos Mora y Araujo. "Existen 12 nuevas ONG que fomentan la participación cívica, como Ciudadanos por el Cambio, Hagamos Algo", dice Biquard. "Hay una toma de conciencia de que el tercer sector es un instrumento para el cambio cívico", explica Mora y Araujo.
Muchas entidades se sienten desbordadas por los pedidos de ayuda. No cesan. Pero, paralelamente, los especialistas dicen que hay más colaboración y conexión entre fundaciones y menos competencia entre ellas (por fondos) que antes.
En la Fundación Compromiso, por ejemplo, crece cada año el número de fundaciones que asisten a su encuentro anual de capacitación (en el año 2000 fueron 530 organismos; en 2001 hubo 700). "Las fundaciones buscan desesperadamente los espacios de encuentro porque las reconforta y las impulsa para seguir trabajando", comenta Biquard.
Además, se percibe un brote de organizaciones informales que nacen como hongos alrededor de una urgencia: clubes de trueque (ya hay más de 7 millones de personas involucradas), hogares de niños, sociedades vecinales y de fomento. "Estos grupos informales atienden a los nuevos pobres y a quienes cayeron en la miseria", dice Roitter.
Pero el desafío para el sector -coinciden los especialistas- es justamente lo contrario: que las ONG abandonen la informalidad y mejoren su organización, su plan de trabajo; administren mejor los recursos y capaciten a sus voluntarios.
"Cada vez más, los voluntarios demandan eficacia y productividad a la hora de ofrecer sus servicios", concluye Mora y Araujo.
El monitoreo social
- Una tendencia que comienzan a notar en el Foro del Sector Social es lo que se denomina monitoreo social. "Poco a poco, las entidades se sienten capaces de incidir en políticas públicas controlando y verificando que la ayuda que se canaliza vía el Estado llegue efectivamente a los beneficiarios", explica María Rosa Martini. Según ella, el 24 de este mes se hará una licitación para que se presenten ONG a fin de monitorear diversos planes de salud, educación y alimentación del Ministerio de Desarrollo Social.
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