
Científicos locales dicen que el "mal de la vaca loca" no se registró en el país
Las muertes documentadas en la Argentina corresponden a otra variante de la enfermedad
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El "mal de la vaca loca" dio difusión a una enfermedad que está bien descripta por la neurología, pero que no es de masivo conocimiento por la poca cantidad de casos que se registran: el Creutzfeld-Jacob, encefalopatía espongiforme.
La noticias que llegan de Europa pusieron sobre alerta a algunos argentinos que conocían personas que habían muerto de encefalopatías espongiformes y no tardaron en sospechar que nuestro país no estaba libre de peligro. Pero no es así.
Lo cierto es que en la Argentina se han registrado 52 casos de este mal, pero no de la variante descubierta en 1996, en Inglaterra, y que es transmitida por bovinos.
La confusión se origina en las diferentes formas que presenta esta enfermedad.
La más frecuente es el Creutzfeld-Jacob clásico esporádico, que corresponde al 85 por ciento de las encefalopatías.
"El 15 por ciento de los casos son formas clásicas familiares de origen genético y también se conocen otras variedades", informó la neuropatóloga Ana Lía Taratuto.
Inglaterra, Irlanda del Norte y Francia denunciaron, en 1996, la existencia de una variante atípica de Creutzfeld-Jacob transmitida por las vacas a los humanos: la encefalopatía espongiforme bovina.
Se sabe que en la Argentina murieron 52 personas por encefalopatías espongiformes, desde 1983.
Los diagnósticos fueron realizados por biopsias o autopsias y todos ellos pertenecen a la forma clásica de la enfermedad, en su mayoría clásica esporádica.
El primer caso fue comunicado en 1945 y el último, en diciembre último.
Rápido deterioro
El Creutzfeld-Jacob es un mal mortal que produce cambios espongiformes, una alteración de la sustancia gris. Se produce una vacuolización (se hacen agujeros) en los procesos de las neuronas y se forma una desconexión.
"Hay un deterioro progresivo y rápido de la función intelectual, del lenguaje y de la memoria, y después se van perdiendo las funciones motrices. Es como un Alzheimer, pero la evolución es muchísimo más rápida. El paciente queda como en un estado vegetativo, pero sin respirador, y el 90 por ciento de los pacientes muere al año del diagnóstico. El resto fallece pasado ese lapso, pero no mucho más allá", aseguró Alfredo Thompson, neurólogo del Hospital Británico.
No es un mal insólito
Thompson consideró que si bien las encefalopatías no son cosa de todos los días, tampoco es insólito tener un paciente con esta enfermedad.
De hecho, en sus 20 años de medicina, tuvo oportunidad de ver alrededor de 10 casos.
Acerca del origen de este mal, la neuropatóloga Ana Lía Taratuto aseguró que actualmente "se considera que la forma esporádica se debe a un plegamiento anormal espontáneo de una proteína celular normal que está en la superficie de las neuronas".
La diferencia entre la forma clásica esporádica y la transmitida por los animales que sufren el "mal de la vaca loca" es que el plegamiento no es espontáneo, sino inducido por la proteína transmitida por los bovinos.
Registros
La enfermedad fue descripta en 1920. Pero en la Argentina sólo en 1983 se creó el Centro de Referencia Neuropatológico para Encefalopatías Espongiformes Transmisibles en Humanos, que está a cargo de Taratuto.
Desde ese año se registraron los 52 casos mencionados, aunque nueve pacientes más fueron reportados hasta 1979.
Se trata de casos definitivos, o sea, probados por autopsia o biopsia.
"La Organización Mundial de la Salud distingue entre casos posibles, probables y definitivos. En 1997 creamos el Comité de Vigilancia Epidemiológica, integrado por representantes de la Sociedad Neurológica Argentina y la Sociedad Argentina de Patología.
"A partir de ese momento no sólo registramos los casos definitivos, sino también los probables", explicó Taratuto.
Hasta hoy se han registrado 87 casos de la variante atípica del Creutzfeld-Jacob en Inglaterra, un caso en Irlanda del Norte y tres en Francia.
En todo el mundo
En cambio, la forma clásica de la enfermedad se verifica prácticamente en todos los países del mundo. Taratuto consideró que es improbable que haya algún lugar que nunca haya tenido pacientes con este mal.
"Los que dicen no tener casos, probablemente no los reconozcan o no los registren. Se debe exceptuar aquellos países donde la expectativa de vida es muy baja, dado que la edad media del Creutzfeld-Jacob esporádico es de 58 años", agregó.
La incidencia de la forma clásica esporádica es de un enfermo por millón de habitantes por año.
Pese a que a partir de los casos descriptos en Inglaterra se aumento la vigilancia, en la Argentina sólo se denuncia el 50 por ciento de los enfermos esperables por año. O sea, alrededor de 16, cuando deberían ser unos 32 casos entre definitivos y probables.
Más reportes
A partir de 1996 hubo un aumento en la cantidad personas que sufrieron Creutzfeld-Jacob clásico esporádico. Pero Taratuto aclaró que no significa que haya habido más casos, sino que han sido más los reportes.
Ante la posibilidad de un contagio por sangre, la neuropatóloga consideró que aunque no hay evidencia de que la forma clásica se transmita por esa vía, existe preocupación por el riesgo potencial.
"En la forma esporádica no hay evidencia firme de que algún caso se hubiera adquirido por ese mecanismo. De todas formas, no se trasfunde sangre en los casos en que hay evidencia o sospecha de Creutzfeld esporádico.
"En la variante atípica, la transmitida por los bovinos con "vaca loca", el riesgo es mayor y se han tomado precauciones al prohibir las transfusiones de sangre no sólo en Inglaterra, sino también en otros países", concluyó la neuróloga.


