
Claman en Belén por el pavimento
Un tramo de 180 kilómetros cruza ocho pueblos y es la vía de acceso a otros 40; circula el tránsito que va a las minas.
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BELEN, Catamarca.- El párroco Moisés Pachado oficia misa en la precaria capilla de San Fernando, a 100 kilómetros de esta localidad. De pronto tiemblan las paredes y el ambiente se cubre de polvo. No es un milagro. Más bien todo lo contrario: acaba de pasar un camión por la ruta nacional 40, al costado de la cual se erige ese pueblo.
Episodios similares se repiten con creciente frecuencia a lo largo de 180 kilómetros entre las localidades de Santa María y Belén; un tramo sin pavimentar que cruza ocho pueblos y sirve de acceso a otros 40, en una zona de Catamarca que está en franco crecimiento económico.
Los pozos, las piedras y las crecidas de los ríos sobre la ruta son los principales problemas para las más de 25.000 personas que viven cerca de esa vía, especialmente desde que se transformó en puerta obligada para gigantescos emprendimientos mineros, tales como Bajo La Alumbrera, Farallón Negro, Agua Rica y Salar del Hombre Muerto.
Eso trajo un incremento del paso de camiones de inmensas dimensiones y, por el estado en que quedó, hoy sólo un intrépido puede animarse a recorrer ese camino en un automóvil común.
Las máquinas niveladoras, que pasan una o dos veces por semana poco pueden hacer para evitar que el paso de cada camión se sienta como un terremoto en los ranchos aledaños al camino.
De punta a punta del país
La pavimentación de ese tramo catamarqueño de la ruta que cruza el país de Norte a Sur está adjudicada desde hace un año, con un presupuesto de 23 millones de pesos. Las máquinas comenzaron a trabajar a pocos kilómetros de Santa María, pero al poco tiempo las obras se paralizaron por falta de pago.
Fuentes de la Dirección Nacional de Vialidad aseguraron que el asfalto seguirá avanzando en forma inminente, pero en las localidades dependientes de la ruta ya no creen en promesas.
"Desde hace 10 años todos los gobiernos prometen completar el pavimento, pero pasa el tiempo y seguimos igual", dijo Alfredo Romero, intendente de Hualfín, localidad de 1200 habitantes situada a mitad de viaje entre Santa María y Belén.
En ese pueblo se sienten casi aislados. La ruta 40 es la única vía de salida de su producción, pero el estado del camino atenta contra cualquier comercio serio.
"En toda esta zona se planta vid, ajo y pimientos -explicó el párroco Pachado-. Hay proyectos que podrían sacar de la miseria a muchos pueblos, pero con la ruta como está todo se hace imposible."
Por ejemplo, existe el plan de reflotar una vieja bodega en San Fernando, lo que evitaría tener que transportar la uva de la zona hacia Cafayate o Tinogasta. También se pensó en reflotar un viejo molino en Los Nacimientos, que podría generar numerosas fuentes de trabajo.
El invierno todavía permite que el camino pueda hacerse sin interrupciones. Pero cuando llegan las lluvias, muchas zonas se inundan y hay pueblos que quedan incomunicados.
El tramo que quita el sueño a tantos catamarqueños se inicia poco después de Santa María, ciudad autodenominada capital de los Valles Calchaquíes, situada a sólo ocho kilómetros del límite con Tucumán.
Allí, las autoridades tienen especial interés en que se complete el asfalto en la ruta 40: el turismo.
Según explicaron en la municipalidad, existe un proyecto para fomentar visitas a los sitios arqueológicos que afloran en el valle de Santa María, y a las zonas mineras que comienzan cerca de ese pueblo.
Es una oferta que pocos lugares del país pueden ofrecer; pero, mientras el ripio permanezca como única opción, los turistas que pasan por Santa María seguirán camino hacia Cafayate, Salta, como ocurre ahora.
Obra inconclusa
El pavimento en la ruta 40 comienza 20 kilómetros antes de Belén. Fue una obra que se terminó hace menos de un año y que trajo una fuerte controversia. La empresa constructora entregó la obra con dos cortes de casi un kilómetro debido a desmoronamientos de rocas en la quebrada de Belén.
En uno de esos tramos hasta hay que abandonar el terraplén y circular por el cauce del río Belén para poder sortear las piedras, que son de gran tamaño.
Las autoridades provinciales aceptaron el trabajo y licitaron la obra para pavimentar el desvío necesario, según informó José Ahumada, titular de la Administración de Vialidad de Catamarca. "El derrumbe fue un accidente, no puede tomarse como un error de la empresa", dijo.
Pero en los pueblos cercanos critican la pavimentación de esa parte de la ruta. En especial denuncian que se ha rellenado parte del río Belén y que eso implica un grave riesgo de inundaciones.
Y mientras esperan, los lugareños siguen rezando para que cesen los temblores.
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