
Comer, brindar y bailar con los novios sin ser invitado
La osadía de colarse en casamientos crece entre jóvenes... y no tanto
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Con un buen traje o un vestido impecable, cara de póquer y la frente en alto entran en las fiestas de casamiento. Una vez adentro, todo es válido para ellos: bailar, comer, tomar, levantar en andas a los novios y aparecer en las fotos, tal como lo haría cualquier invitado.
El pequeño detalle es que no fueron participados de la boda y nadie, o casi nadie, los conoce. Son colados o, como les gusta llamarse en general, "rompebodas".
Esta modalidad está cobrando cada vez más adeptos. "En general, son chicos de veintipico que buscan divertirse gratis con amigos, luego de burlar, en la madrugada, los escasos controles de seguridad de los casamientos", según explicaron los empresarios del rubro a LA NACION.
"En vez de ir a un boliche, vamos a un casamiento", cuenta Alejandro, abogado de 24 años, y explica: "Con mis amigos usamos dos tácticas, o averiguamos el nombre de los novios o directamente vamos a los salones donde sabemos que hay casamientos los fines de semana. Llegamos entre la 1 y las 2, horario en el que generalmente ya no hay lista para entrar y, si la hay, saludamos con seguridad y entramos".
Las listas de los invitados a las bodas pueden estar administradas por el salón, por las empresas que se ocupan del servicio de la comida o por las wedding planners .
Los "rompebodas" también están en Facebook. Ignacio, un cordobés de 22 años, formó hace cuatro meses un grupo para honrar a los colados y en el que próximamente habrá fotos y videos de sus hazañas en las bodas. Ya sumó 73 adeptos.
Ignacio y los cinco amigos que lo acompañan ya se colaron más de diez veces. "La técnica es convencerte de que sos un invitado más y siempre ir acompañado de una señorita, porque, de las mujeres, desconfían menos", señala el "experto".
Es probable que la película de 2005 Los rompebodas (Wedding Crashers), en la que Owen Wilson y Vince Vaughn se dedican a invitarse a casamientos de desconocidos, haya inspirado a muchos de estos jóvenes.
Este es el caso de Lucía, diseñadora gráfica, de 25 años. "Luego de ver la película les dije a mis amigas: «Tenemos que hacer esto». Y así fue: nos metimos en un casamiento en un conocido club náutico de San Isidro e hicimos prendas como sacarnos fotos con los novios o iniciar el trencito con los familiares", cuenta.
Según Carlos Guillen, dueño del catering Guillen, esta modalidad es difícil de controlar. "Después de las 12, hay pocas medidas de seguridad y las recepcionistas están ocupadas con otros temas. Además, los chicos están bien vestidos, casi siempre tienen o se encuentran con amigos dentro de la fiesta y así disimulan muy bien entre la gente", explica.
Inofensivos
De todos modos, según el empresario, estos "no invitados" son inofensivos. "Nunca hubo disturbios y, muchas veces, hasta animan el casamiento", admite. Si bien es común que sean jóvenes, también hay algunos cincuentones que se convierten en "rompebodas", la diferencia es que asisten a la recepción justo antes de la cena para disfrutar de una buena comida y buenos vinos.
"Hace poco tiempo, dos matrimonios de 60 años buscaban en los diarios los casamientos más paquetes. Luego, iban a las iglesias para averiguar el nombre de los novios y así entraban a todos lados. Se vestían muy elegantes e inventaban apellidos para ingresar. Todos los fines de semana hacían lo mismo para comer y tomar gratis en los salones más exclusivos de la ciudad", cuenta Alberto De Carabassa, dueño de Carabassa Catering.
Para Agustín Foti, quien trabajó cuatro años como gerente de eventos en un exclusivo salón de fiestas de Palermo y hoy tiene su propia empresa de eventos, los "rompebodas" de más de 50 son más fáciles de detectar que los jóvenes.
"Generalmente, los mayores van a la recepción y si uno los descubre se hacen los desorientados y se van rápido, avergonzados. En cambio, los jóvenes son más creativos: inventan todo tipo de parentesco con los novios", dice Foti.
Los colados están en todos lados, incluso dentro de la fiesta. Eamon Keny, gerente del servicio del catering EAT, que no se ocupa de administrar la listas de entrada, como otros caterings, cuenta que una vez encontró a un mozo de la empresa bailando entre la gente. "Como conocía a algunos amigos, se cambió de ropa en la mitad del evento y se puso a bailar con ellos. Obviamente, el mozo fue expulsado", explica.
Eamon fue víctima de los "rompebodas" el día de su casamiento. Una pareja de 27 años se coló en su fiesta y sólo se dio cuenta cuando vio las fotos. El creía que eran invitados de su mujer y ella, que eran amigos de él. Es que, en definitiva, ése es el truco de los "rompebodas": sentirse un invitado más y disfrutar junto con personas anónimas de la fiesta.
Sin intención de romper matrimonios, estos "no invitados" se transformarán en una anécdota divertida para contar en el futuro.





