
Cómo funcionan los pararrayos
Qué radio comprenden y dónde se deben instalar; en qué casos la descarga puede llevar a la muerte
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La tormenta desatada ayer, que causó cuatro muertos y casi una decena de heridos, suscitó preguntas acerca de cómo funcionan los pararrayos, en qué medida estos sistemas protegen a las personas y cuáles son los riesgos de recibir una descarga eléctrica importante.
En líneas generales, el objetivo de este instrumento, que actúa como un "paraguas de protección", es atraer un rayo ionizado para llamar y conducir la descarga hacia la tierra, de modo tal de evitar daños a los seres humanos y a todo tipo de construcciones.
El especialista en radiocomunicaciones y electrónica, Cristian Bacigaluppi, explicó a lanacion.com que la utilidad de esta herramienta recae justamente en la posibilidad de poder redirigir al rayo y enviar la descarga hacia donde la persona desee.
Bacigaluppi detalló que hay dos tipos de pararrayos: los que se conocen como pasivos, los tradicionales "pararrayos Franklin", y los que reciben el nombre de activos, más modernos. La diferencia está dada en el radio de cobertura que permiten.
Actualmente, los más requeridos son los activos, "que logran proteger unos 200 metros de diámetro, instalados en columnas de hasta 15 metros". Esa es la cobertura máxima que ofrece cada uno de estos aparatos.
¿Cómo saber qué cantidad instalar? Bacigaluppi precisó que no existe un protocolo a seguir que determine el número a colocar. La instalación depende del plano y las características del lugar, y son sistemas computarizados los que se encargan de calcular la cantidad necesaria para que un terreno esté protegido.
Sólo para brindar algunos ejemplos, una manzana puede quedar amparada con dos pararrayos y un shopping con tres o cuatro.
Los pararrayos, cuya colocación es obligatoria en los edificios nuevos que se construyen en la ciudad, pueden ser instalados en todas las construcciones y no siguen más restricciones que las impuestas por las normas IRAM 2184 y 2426 y la norma madre europea AFNOR 17102/ 1995.
Efectos de los rayos en el cuerpo. En tanto, Leandro Seoane, coordinador del servicio de Emergentología del Hospital Universitario Austral, dio precisiones sobre cómo puede afectar el contacto con fuertes caudales de energía eléctrica.
En diálogo con este medio, Seaone sostuvo: "Las lesiones pueden ser de todo tipo. No sólo a nivel cutáneo, es decir de la piel, sino también dentro de los órganos. Eso va a depender específicamente del tipo de corriente eléctrica que reciba la persona".
"Los rayos tienen un alto grado de voltaje y pueden provocar quemaduras eléctricas específicas, incluso con muerte de alguno de los miembros, o lesiones internas de los órganos. Aquí, la más temible es la lesión del corazón, que provoca inicialmente arritmias que pueden llevar a una muerte súbita. El otro problema suele darse en el nivel del sistema nervioso central, que puede generar apneas o un paro cardiorrespiratorio", señaló.
Además, el especialista destacó la posibilidad de que el contacto de la víctima con el rayo se dé en forma indirecta. "Por más que el rayo caiga en la tierra, puede haber conducción a través de algún metal y de esa forma, si la víctima está en contracto con ese elemento conductivo, que puede ser una canilla, cables, etc, puede recibir parte de esa energía eléctrica", especificó.
Atención inmediata. Por otro lado, su colega Alfredo Bigeschi, del Instituto del Quemado, remarcó que la persona alcanzada por una descarga eléctrica requiere de atención inmediata en el lugar. "Si esto no ocurre o es insuficiente, generalmente, llegan muertas al hospital, advirtió.
En estos casos, la asistencia puede requerir el uso de desfibrilador cardíaco, intubación de la vía aérea y perfusión intravenosa con soluciones salinas, además de la posterior derivación a un centro de salud con terapia intensiva. Se aconseja que aunque los casos no parezcan inicialmente graves sean observados en este tipo de salas por 24 horas.
El pararrayos fue inventado por el científico, inventor y político norteamericano Benjamin Franklin en 1753, luego de años de experimentar con la electricidad.





