
Condenan a 25 años de prisión al asesino de Bernardo Loitegui (h.)
El acusado, Guillermo Alvarez, deberá enfrentar todavía una causa por los homicidios de una joven y de un oficial de la Policía Federal en el pub Company.
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A Guillermo Alvarez nunca le había faltado nada. Creció junto con su familia en un chalet de dos plantas, situado en un barrio residencial de Martínez, y estudió en conocidos colegios de San Isidro.
Ayer, la Sala de I de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de San Isidro, lo condenó a 25 años de prisión por considerarlo penalmente responsable del homicidio del empresario Bernardo Loitegui (h.), ocurrido el 27 de julio de 1996, en Martínez.
Además, el tribunal, integrado por los jueces Fernando Maroto, Roberto Borserini y Juan Carlos Fugaretta, entendieron que, durante el juicio oral y público, quedó acreditada la participación del acusado en otros tres asaltos ocurridos, el 23 y 26 de julio, en Victoria y en Martínez, respectivamente.
Tal como ocurrió durante todo el juicio, Alvarez, de 20 años, no se inmutó al escuchar la sentencia que lo condenaba a pasar en prisión los próximos 25 años de su vida.
Antes leyó una carta manuscrita que su novia le hizo llegar a través de su abogado, Julio Varela Hermín.
No mostró ningún signo de arrepentimiento ni pidió perdón.
Por el contrario, en lugar de tratar de gritar a los cuatro vientos su presunta inocencia, se negó a declarar durante el proceso -a pesar que la indagatoria constituye un medio de defensa- y cuando le llegó la hora de decir la última palabra antes del veredicto señaló escuetamente a los jueces:"Soy inocente. Les pido que analicen muy bien todas las pruebas".
Las únicas lágrimas derramadas fueron patrimonio de su novia, de su madre, que no estuvo en la sala, y de los familiares de la víctima.
El padre de Guillermo Alvarez no asistió a la audiencia. En el momento de escuchar el veredicto sólo estuvo su novia, que tenía un paquete con un regalo que le daría si recuperaba la libertad.
Los testimonios de los remiseros Juan Fosatti, Víctor Rodríguez yAugusto Primavera, quienes llevaron en varias oportunidades a Alvarez hasta la villa Uruguay, donde reclutaba a sus cómplices, resultaron fundamentales para comprometer al acusado en el homicidio.
Además, dos de los testigos afirmaron que Alvarez, alias "El Patovica", les confesó haber asesinado a Loitegui (h.) y a un policía.
A fines de diciembre, el acusado, señalado como el líder de "la banda de los bien", que en 1996 asoló restaurantes de la ciudad de BuenosAires, deberá enfrentar el juicio oral y público por los asesinatos del oficial subinspector de la Policía Federal Fernando Aguirre y de la joven María Andrea Carballido.
Si bien se produjeron en otra jurisdicción, ambos homicidios ocurridos el 28 de julio de 1996 en el pub Company, de Belgrano y, junto con el asalto al restaurante Alkorta y Tagle, constituyeron el punto de partida para esclarecer el crimen de Loitegui (h.).
El tribunal coincidió plenamente con la fiscalía, a cargo del doctor Julio Novo, sobre cómo sucedió el raid de tres asaltos cometidos por Alvarez y su cómplice Oscar "Osito" Reinoso, que terminó con el asesinato del empresario.
En juicio quedó probado que, el 23 de julio, ambos delincuentes le robaron a la familia Garau un Renault 18 con el que, tres días más tarde, asaltaron a la familia Gardiner, a quienes le quitaron un Peugeot 504, que fue utilizado un par de horas después para robarle su Mercedes-Benz a José Contartese.
El 26 de julio, a última hora de la noche, Alvarez y Reinoso abandonaron dicho vehículo antes de asaltar el restaurante Alkorta, donde se apoderaron de un Honda Accord y, presumiblemente, de la pistola Bersa 9 mm que pertenecía al custodio del presidente de una petrolera.
Los investigadores presumen que ésa fue el arma utilizada para matar a Loitegui (h.), primero, y en el tiroteo de Company, después.
Si bien nunca apareció, los detectives sospechan que la Bersa 9 mm, estaría en el ataúd en el que fue enterrado Reinoso, quien falleció en el sanatorio San Lucas, poco después que lo dejara Alvarez, cuando regresaban de Company.
Uno de los remiseros aseguró que llevó a Alvarez hasta un velatorio en la villa Uruguay. Se trataba de la inhumación de Reinoso.
Varios testigos aseguraron a los policías que hubo fogatas durante la ceremonia y que los restos de Reinoso fueron despedidos por una ráfaga de ametralladoras, tal como había ocurrido, un par de meses antes, con el malviviente Néstor "Sopapita"Merlo, en Villa Pineral.



