
Confitería Las Violetas, un clásico que vuelve
Después de tres años, abrirá de nuevo sus puertas en Almagro
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El 21 de septiembre próximo la confitería Las Violetas, una de las más renombradas y tradicionales de la ciudad, debería cumplir 117 años, ya que se inauguró el Día de la Primavera de 1884. Y parece que los cumplirá en plena actividad, a pesar de que las obras de remodelación, iniciadas en febrero último, estén un poco atrasadas.
La reapertura, fijada en principio para fines de mayo, se pospuso para junio, aunque todavía no se ha fijado la fecha de su reinauguración.
Durante más de un siglo Las Violetas fue uno de los lugares emblemáticos de la ciudad. Allí se iniciaron romances que terminaron con fiestas de bodas celebradas en ese lugar.
También se festejaron inolvidables peñas de amigos, cantantes y actores de cine. Nació cuando el país estaba conducido por la denominada generación del 80. Era una época en que la Argentina prometía un futuro de grandeza. Las Violetas fue un testigo silencioso de una ciudad que crecía y ganaba espacios al suburbio.
Contrariamente a lo que sucedió con otras confiterías célebres, fue levantada en la esquina de Rivadavia y Medrano, en Almagro, que por aquellos tiempos era casi un barrio de extramuros.
Se dice que a su inauguración asistió Carlos Pellegrini, que seis años más tarde se convirtió en presidente de la República.
En todo caso, desde entonces fue cita obligada de los porteños de buen gusto y de cuanto visitante ilustre llegaba a la ciudad. Por sus mesas pasaron desde Carlos Gardel y Alfonsina Storni a Irineo Leguisamo e Ignacio Corsini. También fue escenario propicio para el cine y la literatura: en ese decorado típicamente art nouveau , Roberto Arlt ambientó un cuento y Torre Nilsson filmó escenas de "La Mafia".
Tuvo bien ganada fama por sus medialunas y su pastelería. Las tortas y los hojaldres fueron célebres y era común que los porteños llegaran desde los rincones más alejados en busca de sus exquisiteces. Su té con masas fue una institución que congregaba legiones de mujeres.
La hora del triste destino
Tanta tradición no impidió que en 1998 amenazara con seguir el triste destino que tuvieron otros reductos de la ciudad, como las confiterías Del Aguila -en la esquina de Santa Fe y Callao-, Del Molino -frente al Congreso de la Nación, en Callao y Rivadavia-, o el Café de los Angelitos, -en Rivadavia y Rincón- devorados por la adversidad económica y el cambio de las costumbres.
El 1° de julio de ese año, Las Violetas cerró sus puertas ante la consternación de los vecinos, que llegaron a reunir 13.000 firmas para evitar su desaparición.
Más de dos años de perseverante insistencia dio su fruto y a principios de 2001 el Gobierno de la Ciudad declaró al edificio Monumento Histórico. Al mismo tiempo, se anunció que un grupo de empresarios gastronómicos había alquilado el local y emprendería trabajos de remodelación con vistas a una pronta reapertura.
"Sabíamos que el problema del cierre obedecía a que las cuentas no cerraban y prevaleció en nosotros el objetivo de devolverle a la gente una confitería muy querida y muy auténtica", contó Ramón Conde, hombre con vasta experiencia en el ramo que integra ese grupo empresario.
Luego añadió: "Decidimos hacernos cargo de la confitería a pesar de la situación de recesión que aqueja al país. No lo pensamos sólo en términos económicos: para nosotros, los gastronómicos, es un orgullo revivir esta gloriosa esquina".
Benjamín Cuadra, otro de los dueños de la confitería, aclaró que en el curso de las obras se respetaron la ubicación de los respectivos sectores y las piezas originales de la ambientación y que se restauraron algunas piezas que estaban deterioradas.
Por su parte, la arquitecta Graciela Saldías, del estudio A&D, que se encarga de la remodelación, resumió las obras principales: cambio de la totalidad del piso de granito rojo, negro y blanco por uno nuevo, idéntico; recuperación de la boisserie en todo el local; pulido y laqueado de las 16 arañas de bronce y reemplazo de tulipas faltantes; limpieza y restauración de los vitraux ; reconstrucción de capiteles de columnas y de molduras de techos y paredes; reemplazo de la barra del bar por una hecha en mármol de Carrara y eliminación de construcciones que no eran originales ni armonizaban con el estilo del local.
Las Violetas abrirá todos los días, de 6 a 2, y en ella trabajarán aproximadamente 30 personas.
Las obras de restauración se iniciaron a un ritmo casi fabril, se fueron demorando y, con suerte, la reapertura tendrá lugar con un mes de atraso. Hasta ese día, sólo viejos fantasmas de una época dorada pasearán, solemnes y silenciosos, por un espléndido conjunto de salones, cocinas y bares barrocos.
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