Conmoción por el robo a un club de rugby
Sospechan que el ex tesorero, que se suicidó, es el responsable
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Hasta anoche, ni los investigadores ni los amigos de Alejandro Botting, ex tesorero del club Buenos Aires Cricket & Rugby, podían explicar por qué este comerciante dedicado a la compra y venta de automóviles habría robado 200.000 dólares de la caja de seguridad que la entidad poseía en un banco del centro de San Isidro.
Ninguno de los conocidos de Botting que fueron consultados ayer por La Nacion sabían cuáles fueron las verdaderas razones que llevaron a Botting a pergeñar la maniobra para apoderarse del dinero que el club había recibido como pago por la venta de la sede, situada frente a Campo de Mayo.
Según informaron fuentes de la investigación, el hurto del dinero se habría concretado entre agosto y fines de noviembre.
El faltante del dinero fue descubierto el martes por la mañana, cuando las autoridades del club concurrieron a la sucursal del Banco Patagonia, situada en Garrido al 300, en el centro de San Isidro, para realizar un arqueo.
Al revisar los fajos, los dirigentes descubrieron que, en 20 de los atados, los billetes habían sido reemplazados por fotocopias color. Además, para que nadie advirtiera el faltante a simple vista, el ladrón dejó billetes originales a ambos lados de los fajos.
Entonces, las autoridades del club hicieron la denuncia por hurto en la comisaría de San Isidro. En ese momento, nadie sospechaba que Botting, que vive en el country Martindale, en Pilar, además de ser entrenador de las divisiones infantiles del club, había robado el dinero.
Sin embargo, un hecho ocurrido en la mañana de anteayer hizo cambiar la percepción de los hechos que las autoridades del club tenían hasta ese momento. Durante la madrugada, el cuerpo de Botting fue hallado ahorcado en el molino de un campo en la zona de Carlos Kent, una localidad cercana a Luján.
No fue un homicidio
Dentro del automóvil Volkswagen Bora azul, que Botting había dejado a dos cuadras y media del lugar en el que decidió quitarse la vida, los investigadores hallaron cinco cartas.
Botting se las había escrito a su madre, a sus dos hijos, a su esposa, a su socio y a un amigo.
Anoche, a partir del informe de la autopsia, los investigadores no tenían dudas de que Botting se había suicidado. Además, los familiares reconocieron que la escritura de las esquelas correspondía al empresario.
Esto significaba para los investigadores que el tesorero no fue asesinado para encubrir el robo. También quedaba confirmado que, en principio, Botting actuó solo y no tuvo ningún cómplice en el robo de los 200.000 dólares.
Al revisar el libro de control en el que se dejan asentados los nombres de los clientes que acceden al recinto de cajas de seguridad, los investigadores establecieron que durante este año sólo dos directivos del club habían concurrido al banco para revisar el cofre.
La última vez fue en agosto. Por tal motivo, los investigadores abonaron la hipótesis de que el robo ocurrió entre agosto y noviembre. Se presume que el sospechoso habría colocado los billetes originales encima de las fotocopias porque, supuestamente, planeaba regresar para cambiar los billetes falsos por los verdaderos.
Pero cuando se conoció la noticia del faltante de dinero, Botting habría decidido quitarse la vida. Su familia había radicado la denuncia por averiguación de paradero.
Sin rastro del dinero
Hasta anoche, investigadores de la policía bonaerense no habían logrado determinar dónde estaba el dinero que habría sido robado por este comerciante dedicado a la compraventa de automóviles, fundamentalmente en los partidos de Pilar y San Isidro.
Debido a la actividad que desarrollaba el sospechoso, los investigadores no descartaban la posibilidad de que la muerte de Botting estuviera vinculada con la comercialización de vehículos.





