Control y cercanía emocional para acompañarlos
Al igual a lo que ocurre con la calle a la que se van asomando a medida que crecen, los chicos pueden transitar Internet siempre y cuando tengan la edad adecuada, respeten ciertas reglas y cuenten con el cuidado que corresponde.
No se trata de Internet sí o no, sino de ver cómo y cuándo abrir la posibilidad a que los más chicos entren en un mundo que tiene sus peligros y sus beneficios.
Cuando hablamos de los más chicos en el contexto de las redes sociales, de los youtubers de los que son fanáticos, de la televisión y del consumo en general, debemos hablar de cuidados, de educación, de acompañamiento y de asumir plenamente la función de padres para que no sean otros los que eduquen a los propios hijos, en nombre de valores que en ocasiones llegan a lo perverso.
Una de las cosas que existen en las redes y en todo el universo web, a veces ajeno a la idiosincrasia de los padres, es una exagerada captación de la atención, y una manera de transmitir valores que puede confundir de mala forma a los chicos que, desde corta edad, se vuelven fanáticos de personajes y de “universos paralelos” que son desconocidos por los mayores.
Vale curiosear en lo que los chicos hacen, pero no para solamente controlar policialmente las cosas, sino para que ellos se sientan valorados y no sospechados en lo que hacen. Una cosa es jugar un juego en red o escuchar a un youtuber junto a un hijo, para sentir lo que él siente y divertirse (o agregar valor desde la reflexión) entrando un rato en ese universo, y otra es fisgonear metódicamente la computadora sospechando un mal comportamiento del chico.
Esto apunta no a evitar poner límites en el uso de Internet (no es aconsejable dejar el criterio de ese uso a los propios chicos) sino a saber poner esos límites de la mejor manera, es decir, hacerlo desde la conciencia y no desde la sospecha.
Es verdad que, así como siempre fue difícil mirar todos los dibujos animados para discernir cuáles eran los adecuados y cuáles no, para habilitar la televisión con un criterio adecuado a la salud de los chicos, también lo es acercarse a la complejidad del mundo cibernético el que, además tiene otras complejidades como, por ejemplo, la posibilidad de una interacción directa con eventuales desconocidos. Por eso insistimos en que hay edades para cada cosa, y es verdad que el cuidado parental debe incluir la prohibición lisa y llana de ciertos contenidos y de ciertas acciones para los chicos que no tengan la edad mínima para discernir acerca de lo que la pantalla ofrece.
Sin embargo, de a poco y a medida que la edad de los chicos avanza, se abren territorios en los que el criterio de los chicos se va haciendo más autónomo, y es allí que obrarán los anticuerpos que la educación y el acompañamiento afectivo haya generado. En ese momento, como en todos, lo importante es saber cuidar a los chicos, mirarlos a veces de reojo y otras a los ojos para ver cómo están. Es importante percibir lo que sienten tanto o más que tratar de controlar lo que hacen.
La cercanía emocional con los chicos los ayuda a regularse, y esa cercanía se inhibe cuando los padres solamente piensan desde el temor y desde la crítica negativa al universo infanto juvenil. El equilibrio entre la firmeza inclaudicable en ciertas cuestiones, y la calidez y la cercanía emocional con los chicos es difícil, pero es por ese lado que se los ayudará de la mejor forma a ubicarse ante un mundo que requiere de claros referentes para que pueda verse como beneficioso de verdad para ellos.






