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24 de abril de 2020  • 17:08

Sin dudas la pandemia puso todo patas para arriba en unos pocos días. Los recursos tecnológicos nos sorprendieron a todos permitiendo que continuemos trabajando desde nuestras casas. Ahora bien, esto es claramente una tremenda oportunidad de implementar mejoras y cambios no sólo en nuestra área de trabajo sino en nuestro día a día. ¿Será un regreso "a la normalidad"?,claro que no.

Entonces surgen ciertos interrogantes que nos obligan a replantearnos el modo en el que trabajaremos y la estrategia de workplace a implementar.

Ahora la paradoja será reconstruir la economía y poner en marcha a las empresas con menos personas en sus oficinas pero sin reducir su "foot print". La necesidad de mantener distancia entre empleados, forzosamente obligará a disponer escritorios, áreas y densidades de otro modo.

Al mismo tiempo, la inversión en los edificios será importante. Parte de las nuevas demandas deberán abordar temas de control en recepciones y ascensores, mediante tecnologías que permitan desde dispositivos móviles acceder directamente a los edificios y salas de reuniones, sin necesidad de filas ni esperas a fin de evitar las aglomeraciones.

De la misma forma, imaginemos el impacto en aeropuertos, centros comerciales, industrias, transporte público, hoteles, bancos y todo activo inmobiliario. En cada caso hay una oportunidad de mejora, de trabajo y futuro en esto.

Definitivamente estamos ante una nueva interacción entre las personas, su trabajo y la tecnología, donde esta última actúa como una gran aliada y potencia no sólo la productividad sino el aprovechamiento del tiempo personal.

Des-densificar las áreas de trabajo

Deberemos repensar cómo salir del benching, hoteling; modalidades que no sólo habían cambiando la densidad y el impacto económico de los costos de ocupación sino la modalidad de trabajo pasando al modelo colaborativo, donde los puestos no son fijos y si reducidos y multiusuarios.

¿Volveremos a la oficina cerrada o asignada?

El trabajo remoto llegó para quedarse, y esto puede ser el inicio de empezar a hacer lo que antes añorábamos, estar más tiempo en casa y no desperdiciarlo en transporte hacia la oficina.

Asímismo, la situación impone reinventar la dinámica del espacio sin asignar, considerando no compartir escritorios, días de trabajo remoto y otros presencial y una nueva distribución de espacios donde esto sea posible.

Tecnología como aliada

Sin duda la tecnología es la gran aliada de este proceso, ya que el desarrollo y uso masivo no serán mas que factores de democratización de acceso al trabajo y colaboración.

El desarrollo de tecnologías que nos permiten pagar, reservar salas, usar ascensores y acceder a edificios con nuestros celulares hoy ya son realidad y probablemente en nuestro retorno a las oficinas utilizaremos además otras que nos controlen pero a su vez cuiden la salud.

Definir protocolos de limpieza

En todos los ámbitos deberemos ser cada vez más trasparentes con los protocolos para usuarios, visitas, personal interno y externo y cómo actuar ante cada caso.

Seamos abiertos a las nuevas formas de trabajo

El distanciamiento social obligatorio nos permitió, aunque de modo coercitivo, implementar el trabajo remoto, sin dejar de ser colaborativos desafiándonos a construir y mantener el ADN de cada corporación, pequeña o micro empresa. Pensemos entonces de modo abierto, que la forma de trabajar de ahora en más no sera como lo conociamos hasta el 20 de marzo pasado. Es más, no quedan dudas de que cambiará. No sera mejor ni peor, será la que tengamos. Hagamos entonces que lo sea y volvamos mejores de esta.

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