Coronavirus: una misteriosa trombosis inquieta a los médicos de Estados Unidos

En los Estados Unidos, los médicos están preocupados por graves trastornos en la sangre de pacientes con el nuevo coronavirus
En los Estados Unidos, los médicos están preocupados por graves trastornos en la sangre de pacientes con el nuevo coronavirus Crédito: DPA
Ariana Eunjung Cha
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23 de abril de 2020  • 12:19

WASHINGTON (The Washington Post).– Craig Coopersmith se levantó temprano, como de costumbre, y tipeó su búsqueda de todos los días en su teléfono. "¡Buen día, Equipo Covid!", escribió, y les pidió novedades a los jefes de unidades de terapia intensiva de los 10 hospitales del servicio de salud de la Universidad Emory, en Atlanta.

Uno de los médicos contestó que uno de sus pacientes había manifestado un extraño problema en la sangre: a pesar de recibir anticoagulantes, estaba fabricando trombos en varias partes del cuerpo. Una médica comentó algo parecido de un paciente suyo. Y también un tercer colega. Pronto, todos los miembros del grupo del chat informaban lo mismo desde sus unidades de terapia intensiva.

"Ahí supimos que el problema era grave", dice Coopersmith, cirujano de cuidados intensivos. Y cuando lo quiso verificar con colegas de otros centros médicos, terminó por preocuparse: "Le estaba pasando al 20, 30 y hasta 40 por ciento de los pacientes."

Hace un mes, cuando Estados Unidos fue entrando en aislamiento para prepararse para la primera oleada de Covid-19, muchos médicos se tranquilizaron pensando que sabían lo que enfrentaban. En base a los primeros informes, el nuevo coronavirus parecía una variante de una enfermedad respiratoria estándar, más allá de ser muy contagiosa y de no contarse con vacuna ni tratamiento alguno. Desde entonces, sin embargo, se han ido convenciendo de que el Covid-19 no solo ataca los pulmones, sino también los riñones, el corazón, el intestino, el hígado y el cerebro.

Y muchos médicos también reportan extraños e inquietantes casos que no se ajustan en absoluto a los libros de texto: enfermos con niveles de oxígeno extraordinariamente bajos –tan bajos que deberían estar inconscientes al borde de la muerte– que siguen hablando y chateando por teléfono como si nada; embarazadas asintomáticas con súbito paro cardiorrespiratorio; pacientes con síntomas muy leves desde todos los parámetros que se deterioran vertiginosamente en cuestión de minutos y se mueren en sus casas.

Sin patrones concretos en términos de franja etaria o enfermedades crónicas preexistentes, ya algunos científicos especulan que existe una causa común que podría explicar todas esas anormalidades: graves trastornos en la sangre de esos pacientes.

La preocupación es tan seria que algunos grupos de médicos plantean la polémica alternativa de administrar anticoagulantes preventivos a todos los infectados con el virus, incluso a aquellos que convalecen en sus casas.

La formación de trombos, coágulos sanguíneos que no se disuelven, es un síntoma contrario al producido por el ébola, el dengue, el mal de Lassa y otras fiebres hemorrágicas que provocan un sangrado imparable. Pero ambos síntomas son parte de un mismo fenómeno –trastornos en la sangre–, y pueden conducir a similares consecuencias.

En base a los primeros informes, el nuevo coronavirus parecía una variante de una enfermedad respiratoria estándar, más allá de ser muy contagiosa y de no contarse con vacuna ni tratamiento alguno. Desde entonces, sin embargo, se han ido convenciendo de que el Covid-19 no solo ataca los pulmones, sino también los riñones, el corazón, el intestino, el hígado y el cerebro

Las autopsias revelan que algunas víctimas del Covid-19 tienen los pulmones llenos de microtrombos. Hay coágulos más grandes que pueden desprenderse y migrar por el torrente sanguíneo hasta el corazón o el cerebro, provocando un infarto o un ACV. El actor de Broadway de 41 años, Nick Cordero, estaba internado por coronavirus y el sábado debieron amputarle la pierna derecha por los trombos que impedían la llegada de sangre a los dedos de sus pies.

Lewis Kaplan, médico de la Universidad de Pensilvania y director de la Sociedad de Medicina de Terapia Intensiva de Estados Unidos, dice que los intensivistas atienden gran variedad de complicaciones por trombosis en su trabajo cotidiano, ya sea de pacientes con cáncer como en víctimas de accidentes graves. "pero no se coagulan de esta manera".

"El problema es que ahora sabemos que los pacientes se coagulan, pero no sabemos por qué", dice Kaplan. "Y como no sabemos, tenemos miedo."

El actor Nick Cordero estaba internado por coronavirus y el sábado debieron amputarle la pierna derecha por los trombos que impedían la llegada de sangre a los dedos de sus pies.
El actor Nick Cordero estaba internado por coronavirus y el sábado debieron amputarle la pierna derecha por los trombos que impedían la llegada de sangre a los dedos de sus pies. Fuente: LA NACION - Crédito: GROSBY GROUP

"Nos fuimos dando cuenta"

Las primeras señales de alarma aparecieron en las piernas de algunos pacientes, que empezaron a hincharse y amoratarse. Hasta los pacientes anticoagulados en terapia intensiva estaban fabricando trombos en las piernas, algo frecuente en uno o dos pacientes de la unidad, pero no en tantos al mismo tiempo. La segunda señal llegó cuando las máquinas de diálisis, que filtran las impurezas de la sangre al fallar los riñones, empezaron a taparse varias veces al día.

"A todos nos quedó claro que estaba pasando otra cosa", dice Coopersmith.

Sin patrones concretos en términos de franja etaria o enfermedades crónicas preexistentes, ya algunos científicos especulan que existe una causa común que podría explicar todas esas anormalidades: graves trastornos en la sangre de esos pacientes

Y después llegó la confirmación: las autopsias. Al abrir la caja torácica de algunos fallecidos, esperaban encontrar evidencia de neumonía o daño en los alvéolos donde se produce el intercambio de dióxido de carbono por oxígeno. En cambio, encontraron los pulmones llenos de microtrombos.

Se convocaron videoconferencias en Zoom de algunos de los principales centros médicos de Estados Unidos. El Tufts, el Yale-New Haven, la Universidad de Pensilvania, el Brigham and Women’s de la Universidad de Harvard, el Columbia-Presbyterian. Intercambiaron teorías, discutieron posibles tratamientos.

Y aunque no hubo consenso sobre las razones biológicas de lo que ocurría y lo que podía hacerse al respecto, muchos quedaron convencidos de que los coágulos pueden ser responsables de un porcentaje significativo de los muertos por coronavirus en Estados Unidos, lo que tal vez ayudaría a explicar por qué hay tanta gente que se muere en su casa.

En retrospectiva, ya había indicios de problemas en la sangre en China y en Italia, pero eran más la nota al pie de un debate centrado en los efectos de la enfermedad sobre los pulmones.

"Nos fuimos dando cuenta, porque internacionalmente no se había mencionado demasiado ese tema", dice Greg Piazza, especialista cardiovascular del Brigham and Women’s, que ya inició un estudio sobre las complicaciones en la sangre que provoca el Covid-19.

Helen W. Boucher, especialista en infectocontagiosas del Centro Médico Tufts, dice que no hay razón alguna para pensar que en Estados Unidos el virus se comporta de manera diferente. Lo más probable, dice Boucher, es que a los médicos norteamericanos el problema les haya resultado más evidente debido a la conformación demográfica particular de los pacientes en Estados Unidos, donde hay elevados índices de hipertensión y obesidad, que los hace más vulnerables a la formación de coágulos. La experta también señala las pequeñas, pero importantes diferencias en el monitoreo y tratamiento de los pacientes en las unidades de terapia intensiva de Estados Unidos, que tal vez detecten más tempranamente la formación de trombos.

"Parte de esto es gracias a que tenemos increíbles instalaciones de terapia intensiva", explica.

Una de las principales causas de muerte

El sistema circulatorio o cardiovascular del organismo suele ser descrito como una red de calles de una sola mano que conectan el corazón con el resto de los órganos. La sangre es el sistema de transporte del cuerpo, responsable del "delivery" de los nutrientes hasta las células y de llevarse los deshechos para descartar. Un resfrío común o un corte en el dedo ponen en marcha mecanismos que ayudan a reparar el daño, pero cuando el cuerpo sufre un trauma más significativo, la sangre puede reaccionar de más, un desequilibrio que puede provocar coagulación excesiva, sangrado excesivo, o a veces ambas cosas al mismo tiempo.

Los primeros datos llegados de China sobre una muestra de 183 pacientes mostraron que más del 70 por ciento de los muertos de Covid-19 habían desarrollado pequeños coágulos en el torrente sanguíneo.

Lo más probable es que a los médicos norteamericanos el problema les haya resultado más evidente debido a la conformación demográfica particular de los pacientes en Estados Unidos, donde hay elevados índices de hipertensión y obesidad, que los hace más vulnerables a la formación de coágulos

Aunque el síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) parece seguir siendo la principal causa de muerte de pacientes con Covid-19, las complicaciones en la sangre le pisan los talones, según Behnood Bikdeli, del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, y presentador de un artículo sobre trombos en la revista médica del Colegio de Cardiología de Estados Unidos.

"Creo que es una de las tres principales causas de fallecimiento o deterioro en pacientes con Covid-19", señala Bikdeli.

El hallazgo ha alentado a muchos hospitales a modificar el modo en que piensan y manejan la enfermedad. Al principio del brote, las autoridades médicas ponían a los asmáticos y pacientes con otras comorbilidades respiratorias al tope de la lista de los más vulnerables. Pero más recientemente, investigadores europeos escribieron en la revista The Lancet que el número de pacientes con asma finalmente había sido "sorprendentemente" bajo. Y ya a principios de abril, cuando el estado de Nueva York difundió los datos de los problemas crónicos más frecuentes entre los muertos por Covid-19, el asma no figuraba. Las cardiopatías, por el contrario, figuraban todas.

(Traducción de Jaime Arrambide)

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