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Historias inesperadas

Cuáles eran los buenos modales que se aconsejaban a los pasajeros de tren en los años 50

Daniel Balmaceda
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27 de agosto de 2019  • 00:51

El lunes 1 de marzo de 1948 operaron de apendicitis al general Perón, presidente de la Nación. Por ese motivo, fue el principal ausente en el multitudinario acto de transferencia de los ferrocarriles al Estado que tuvo lugar en Retiro, frente a la estación terminal de la línea que pasó a denominarse Ferrocarril Nacional General Belgrano.

Todas las líneas fueron rebautizadas mediante un decreto del Poder Ejecutivo. Se estableció que llevarían nombres de personalidades destacadas de la historia del país. "Es deber del gobierno -consideraba el decreto- mantener vivo en el pueblo el culto a la memoria de los trabajadores de la nacionalidad, como tributo de gratitud a sus patrióticos afines y para fortalecer los sentimientos de solidaridad con nuestro pasado". Salvo en el caso del Mitre, cuyo recorrido se extendía a Tucumán y tenía estaciones en cinco capitales, los demás cumplían con un requisito implícito: que cada ramal llevara el nombre de una personalidad relacionada con la región. Así, el Belgrano iba al norte y llegaba hasta Bolivia (ex Alto Perú). El San Martín a Mendoza, el Urquiza a la Mesopotamia, el Sarmiento a Cuyo y el Roca al sur. Debe tenerse en cuenta que en aquel tiempo los viajes en tren con fines turísticos a Mar del Plata, Mendoza, Bariloche y Tucumán, por ejemplo, eran habituales.

La nacionalización de los ferrocarriles tuvo lugar en 1948
La nacionalización de los ferrocarriles tuvo lugar en 1948 Fuente: Archivo - Crédito: Archivo General de la Nación.

En 1951, Jacobita Echaniz publicó uno de sus célebres Libros de etiqueta de Rosalinda, acerca de los usos y buenas costumbres sociales. De allí tomamos sus consejos para los viajes en tren:

  • -Para viajar en tren se lleva ropa de calle, sencilla y oscura que pueda soportar la tierra. Están fuera de lugar las toilettes llamativas lo mismo que el conducirse de una manera llamativa.?
  • -En estricta etiqueta corresponde a la dama un asiento mirando a la locomotora y junto a la ventanilla. Si la dama viaja en compañía, el caballero le cede ese lugar.
  • -Para amenizar un viaje, se lleva generalmente un libro, ya que la conversación con extraños no es precisamente aconsejable, en especial para las damas.
  • -Una dama no debe permitir que un extraño la invite en el tren a tomar algo, y menos aun que pague su almuerzo o comida.
  • -Sabiendo entonces que la situación es delicada para una mujer que viaja sola, un caballero no trata de entrar en conversación con ella, ni aun cuando ha podido prestarle algún pequeño servicio, a menos que por su actitud la dama indique que no le disgustaría conversar.
  • -Es absolutamente imperdonable molestar a una persona que lee para iniciar una conversación.
  • -Especial cuidado en no molestar al resto de los pasajeros han de tener las familias que viajan con niños; pues las gracias de éstos no resultan graciosas para todo el mundo.
  • -Para evitar que los chicos se aburran y molesten, es preciso llevar bastantes juegos o libros para distraerlos y dedicarse a ellos continuamente para que no necesiten apenar a los vecinos.
  • -Por la noche, si se comparte el camarote con una persona extraña, hay que ser muy discreto con los efectos personales y desvestirse rápidamente. Mientras la primera persona se desviste la otra sale al pasillo, y cuando entra la segunda, la que ya está en cama se abstrae en su lectura o mira hacia la pared.

¿Quién era Jacobita Echaniz, la autora de estos consejos?

Figura mencionada en Los premios, de Julio Cortázar, cuando dice que "[a Nelly] le encantaba la elegancia del estilo de Jacobita Echaniz, cuando hablaba a sus lectoras con toda familiaridad, realmente como si fuera una de ellas, sin darse corte de alternar en la mejor sociedad.".

Jacobita era Elsie Krasting de Rivero Haedo, también conocida por sus otros apodos, Tina Lorena, Julia López Lenigoche, Sonia Kalman y, sobre todo, Virginia Carreño. ¿Por qué tenía tantos apodos? Porque cuando tenía 26 años la contrató un editor de Estados Unidos para que dirigiera la revista Rosalinda. Tenía muchas secciones y, por falta de presupuesto, Elsie debía escribir todas. Por lo tanto, se inventó un nombre para "la especialista" de cada sección. En un reportaje que publicó la Florencio (la revista de Argentores) en 2013, contó que "Jacobita" daba consejos sobre normas sociales. "Tina" era la joven del grupo y hablaba de igual a igual con las chicas de su edad. "Julia" era experta en arquitectura y arte, mientras que "Sonia" sabía todo acerca de los temas de belleza.

Sólo falta aclarar por qué en su vasta obra literaria fue Virgina Carreño, el más célebre de sus nombres ficticios. Lo explicó en aquel reportaje: "En 1934 me había casado con el joven que había conocido cuando ambos éramos estudiantes en Europa. Por eso, para no alterar la felicidad de mi hogar con estrellatos inoportunos, nunca firmé mis obras que con seudónimos".

La periodista que daba todos los consejos de Rosalinda hace sesenta años -y, hasta hace poco tiempo, me ayudaba a mí con temas de historia y préstamos de libros- partió en los últimos días de 2014, a la edad de 102 años. Elsie, Virginia, Jacobita y las demás especialistas se fueron en paz. Y desde entonces, el mundo brilla un poco menos.

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