
Cuando la fiesta cambia de día
Los miércoles y jueves se afianzan como opciones para salir; los fines de semana, para el descanso
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Cansados de toda la semana, el plan del viernes es "guardarse" en su casa. Una serie o una película por Internet suele ser la mejor opción. Pero el sábado tampoco es el día. Salvo que haya una fiesta o un evento especial, prefieren hacer algo tranquilo, como ir a comer, a un espectáculo o salir con el chico o la chica que conocieron durante la semana.
Tienen entre 27 y 40 años, y para ellos salir el fin de semana se ha vuelto una excepción. Su tiempo para distenderse y divertirse se mudó a los días hábiles, especialmente los jueves, pero no desdeñan los miércoles, cuando la noche porteña les ofrece lo que buscan: un ambiente más privado donde encontrarse con quienes eligen frecuentar.
"Es gente con poder adquisitivo, de clase media, media alta, a quienes los fines de semana no vemos ni de casualidad, salvo que haya un evento especial. Cuando la mayoría de los lugares empezaron a masificarse los fines de semana, en las discotecas el público se mezcló bastante y, entonces, muchos buscaron lugares para frecuentar durante otros días hábiles, con menos gente y un ambiente más privado", cuenta Maxi Lartigue, que fue relacionista público de Museum, uno de los after office que años atrás revolucionó los miércoles en la Capital.
Un clásico
El after office en un bar o un boliche es una de las propuestas semanales que desde hace años se mantiene firme y sigue sumando adeptos. La movida es sencilla: se sale de la oficina, se guarda la corbata y se llega a eso de las 20; se picotea algún plato de finger food , y las bebidas no dejan de salir una tras otra hasta la una o dos de la madrugada, cuando ya se acuerdan de que quedan pocas horas para volver a trabajar.
Como en su momento lo fueron Museum, Opera Bay o Terrazas, hoy el furor es Darwin, un after office que abre todos los jueves en un salón del hipódromo de San Isidro, que arrancó como un espacio para gente de zona norte y hoy ya se convirtió en un producto masivo que reúne a miles de personas todas las semanas. Eso sí: suelen ser siempre las mismas caras.
Desde temprano, pueden verse filas de autos que entran y salen del hipódromo hasta pasadas las 3. Adentro, casi no se puede caminar: una multitud baila al ritmo del dance, del reggaeton o lo que venga; toman tragos y andan por todo el salón.
Algo más tranquilo
El público más exigente y, en general, de mayor edad no quiere eso. Prefiere lugares más exclusivos, donde el espacio físico sea más reducido y los círculos sociales no muten tanto, como pueden ser L'Abeille o Isabel (ver aparte). Lugares donde la noche comienza con una bandeja de sushi o algún plato exótico o, directamente, con unas copas en la barra.
Una opción intermedia durante la semana, que, pese a reunir 700 u 800 personas, no deja de ser un espacio selecto de la noche porteña, es Jet Lounge (Rafael Obligado 4801), en Costanera Norte. Más allá de que también abre los viernes y sábados, su día fuerte es el jueves.
"A diferencia del fin de semana, el jueves es el día más cool , con eventos y producciones. La gente a la que le gusta salir lo hace entre semana. Va a divertirse y lo deja todo. En la semana, se forma como un club de amigos, de gente conocida, de habitués que buscan encontrarse y ser parte de un grupo selecto", dice Toto Lafiandra, socio y manager del boliche.
Ahí, la dinámica es diferente: no se accede comprando una entrada. Y los asistentes se dividen en dos grupos: quienes van a los eventos y llegan a eso de las 22.30 o 23, y los que prefieren ir directo a bailar y lo hacen un poco más tarde. Después, para unos u otros la noche puede estirarse hasta las 5.30 o 6.
Maxi Lartigue va hacia atrás en el tiempo y recuerda que la movida de los jueves nació como el día para salidas "non sanctas". "En la puerta de Museum, era un clásico ver a todos, hombres y mujeres, hablando por teléfono antes de entrar. La mayoría, para decir que tenían una reunión de trabajo. Con el tiempo, esto cambió y se empezó a tomar como una oportunidad para salir con amigos o incluso con la pareja", dice Lartigue, que hoy participa de la organización de los domingos electrónicos en el Palacio Alsina (Alsina 940).
Según los habitués de las noches durante la semana, el viernes es un día en que la palabra "salir" ni se les pasa por la cabeza. Los sábados, en cambio, son para ellos un momento de quiebre: los chats de los smartphones se convierten en el lugar de ida y vuelta para las propuestas de salida y, en el campo del coqueteo, con el chico o la chica que se conoció en algún after o evento en la semana.
Quien no se anima a una fiesta o un barcito en Palermo, no se hace ningún problema por quedarse mirando algún programa que resuma lo que no tuvo tiempo de ver en toda la semana. En realidad, lo único que les interesa para a la hora de planificar una salida es que vuelva a ser jueves.
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