
Cuentas en rojo y desocupación amenazan el Gran Buenos Aires
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El Gran Buenos Aires corre el riesgo de sucumbir a una seguidilla de reclamos sociales imposibles de ser satisfechos por los gobiernos locales.
Primero, la crisis financiera y política de la comuna de Lomas de Zamora y la desocupación de los vecinos del partido derivaron -en los últimos días- en la repetición de disturbios y manifestaciones frente al Palacio Municipal.
Pero análisis recientes adelantan que estos estallidos amenazan con extenderse a otros distritos con cuentas también en rojo y poblaciones igualmente víctimas de la falta de empleo.
Un denominador común estuvo presente en los reclamos generados en Lomas: el enfrentamiento de los más desposeídos entre sí y con las nuevas autoridades comunales, que intentan corregir el desquicio administrativo arrastrado durante unos diez años.
Si bien el partido -cuna del duhaldismo y de varios importantes dirigentes justicialistas provinciales- es un municipio paradigmático respecto de los cambios de administración de diciembre último, estas situaciones comienzan a repetirse en otros.
"Si en seis meses, y con la ayuda de la provincia, no se resuelven los problemas financieros que heredamos en muchas comunas, va a ser imposible gobernar sin constantes estallidos", aseguraron en el despacho del aliancista Oscar Laborde, intendente de Avellaneda.
Según un informe realizado por el Centro de Estudios Bonaerenses (CEB), la situación de "alrededor de 30 comunas es considerada preocupante y algunos definieron el panorama provincial como de una Corrientes en escala reducida".
El estudio del CEB precisa que la deuda total de los municipios supera los 1500 millones de pesos y sólo en materia de deuda flotante la suma asciende a 320 millones, un rojo que preocupa tanto al gobierno nacional como al provincial.
En medio de la crisis de inseguridad y desempleo, algunos factores son señalados como fundamentales para haber llegado a tal desmadre. La larga lista incluye el haber utilizado el empleo público como forma de combatir la desocupación, la utilización política de la pobreza mediante el clientelismo y el drenaje de dinero público hacia las campañas electorales.
También figuran la instalación de las llamadas "municipalidades paralelas", que recaudan dinero de los contribuyentes sin pasar por el circuito legal; los sobreprecios en la compra de insumos y contrataciones directas imposibles de controlar e innumerables vicios administrativos.
Las protestas que tienen como epicentro a Lomas de Zamora se observaron también en Avellaneda, cuando intentaron racionalizar el exceso de personal municipal. Y comienzan a esbozarse, por ejemplo, en Pilar.
Tierra arrasada
En estos y otros distritos los problemas se agudizaron con las medidas tomadas en los últimos días de gestión por los intendentes derrotados, que apuraron contrataciones y efectivizaron personal para asegurar a su gente antes que a otros a los que sí les correspondía.
Avellaneda heredó una deuda de 57 millones de pesos, sobre un presupuesto de 94 millones y una planta de personal de 4750 agentes para 350.000 habitantes.
En Pilar, Sergio Bivort (seguidor de Luis Patti) debe afrontar un déficit de 20 millones, sobre un presupuesto de menos de 40. Aunque pasaron otras cuestionadas medidas, el Concejo Deliberante pudo evitar que prosperara el incremento del personal municipal.
En José C. Paz, el ex intendente y futbolista Rubén Glaría dejó una deuda superior a los $ 25 millones; el índice de desocupación alcanza el 40% y tiene una recaudación propia de sólo 3.250.000 pesos.
Hechos que lo dicen todo
Unos contra otros, recolectores de basura, empleados de los planes provinciales y colectiveros, más los que vendrán, todos protestan frente a la Municipalidad de Lomas de Zamora. Un cuadro que es claro exponente del caos en que están inmersos muchos partidos bonaerenses.
"¡Estos son los punteros que apadrinaba Bruno Tavano!", gritaba un colectivero de la línea 532 de Lomas, mientras se aprontaba a quemar un microómnibus. La policía y el municipio evitaron que los pasajeros fueran bajados a punta de pistola en los barrios humildes 2 de Abril y Santa Catalina; al parecer, el caudillo local se quería quedar con el transporte.
En tanto, el grueso de los choferes de la línea 532 obtenía la promesa policial de que los patrulleros iban a evitar que los interceptaran los hombres de Humberto Pantera Romero; en la plaza, esperaban hombres y mujeres que aspiraban a ser confirmados en sus trabajos precarios.
El intendente, Edgardo Didío (Alianza), dijo a La Nación que heredó la comuna de Lomas de Zamora con una deuda de 60 millones de pesos. A pocos días de asumir debió enfrentar el conflicto de los recolectores de basura, a los que la empresa no les había pagado el sueldo, y la firma hacía rato que no cobraba al día por sus servicios.
En cuanto a los empleos, afirmó que debieron haber sido rotativos, para paliar la necesidad de los 50.000 desocupados que tiene el distrito; sin embargo, se tornaron permanentes.
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