Daiana Amorín inicia una nueva vida
La chica de cinco años que recibió dos trasplantes de hígado salió ayer del hospital; se recupera lenta pero satisfactoriamente.
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Luego de 191 días en los que se debatió mano a mano con la muerte, Daiana Amorín abandonó ayer el hospital Garrahan con una conmovedora sonrisa a través de la que demostró que la generosidad de los donantes de órganos, el esfuerzo de los médicos y el cariño de sus padres valieron la pena.
Sentada en su pequeña silla de ruedas, la niña de 5 años que se sometió a dos trasplantes hepáticos cruzó las puertas que la vieron llegar en un estado crítico seis meses atrás.
Lo hizo para comenzar una nueva vida en la que "continuará con su tratamiento médico en forma ambulatoria", tal como informó el director ejecutivo del hospital, Mauro Castelli.
Vestida de fiesta, con su inseparable conejo rosa de peluche y un barbijo del que se deshizo rápidamente para dejar al descubierto una amplia sonrisa, Daiana se dirigió hacia la Casa Garrahan en medio de un cerrado aplauso.
Allí pasará los próximos días, hasta que sus padres, Daniel y Nancy, terminen de acondicionar su nuevo hogar.
A todo vapor
Ante la mirada absorta y emocionada de sus padres, y luego de un largo período sin salir ni ver el sol, ayer Daiana se dio todos los gustos: sonrió a cuanta persona se le cruzó por delante, saludó con su mano en alto, bailó cumbia en el auto y hasta "manejó".
"Ya empezó a comer y a mover su cuerpo. Ella está mucho mejor que todos nosotros", no dudó en afirmar, orgullosa por la maravillosa recuperación de su hija, Nancy.
Fue, quizás, Oscar Imventarza, director del área de Trasplantes del hospital, quien mejor definió las esperanzas que hay en Daiana y el "festejo íntimo" de los médicos ante su mejoría. Esta última, aseguró, les da fuerzas para continuar con los demás pacientes.
"Antes, Daiana no podía ver, no escuchaba, no caminaba. Ahora ve, escucha y está comenzando a moverse. Empezó a recuperar lentamente cada una de las funciones que había perdido", comentó el especialista antes de despedirse, por ahora, de su pequeña paciente.
Para Daiana comenzó una nueva vida. Atrás quedó la desesperación ante el rechazo del primer hígado que recibió en junio último. Atrás quedó la angustiante espera por un bendito hígado que un mes después llegó desde el Uruguay y le devolvió las esperanzas.
Atrás quedaron las hemorragias cerebrales producto de las intervenciones que obligaron a los médicos a operarla de urgencia. Atrás quedaron también los respiradores artificiales, las cánulas en la garganta, las válvulas en el cerebro, las sondas...
Todo eso quedó atrás para esta pequeña gladiadora. "Daiana estaba desconectada del mundo, ahora está con nosotros", graficó el doctor Imventarza".
Y con unos ojos desbordantes de vida, Daiana le dio la razón. Hoy sólo mira hacia adelante, consciente, quizá, de que todo esto no acaba aquí, de que aún le queda una ardua batalla que librar: el día tras día en la vida de un trasplantado.
"Por todo lo que pasó, existe la posibilidad de la niña tenga nuevas complicaciones", sostuvo Imventarza, al tiempo que informó que "Daiana deberá volver periódicamente al hospital para continuar con su tratamiento".
Allí estarán esperándola las casi 400 personas -médicos, laboratoristas, instrumentadores y enfermeras, entre otros- que hicieron posible que la histocistiosis que le diagnosticaron en marzo de 1994 no acabara con su vida.
"Esta alegría que nos embarga hoy fue posible gracias al Garrahan y a la generosidad de quienes donan sus órganos. Espero que todos tomen conciencia de esto", subrayó emocionado Daniel Amorín, abrazando a su hija.
La misma que pronto se reencontrará con Kathy, su hermanita de 2 años, que se encuentra con su abuela materna, en el Uruguay, y que ya no necesitará besar la pantalla del televisor para sentirla cerca. La tendrá a su lado, sana y a salvo.
Hogar ameno
Hasta tanto los Amorín terminen de acomodar su nuevo hogar, Daiana permanecerá en la Casa Garrahan, un lugar acondicionado para pacientes del hospital que viven a más de 100 kilómetros de la Capital.
Este hogar, situado en Pichincha 1731 -a sólo dos cuadras del Garrahan- y en el que viven actualmente 28 chicos y sus madres, se solventa "gracias al apoyo de particulares y empresas", según informó Ana María Paunero, vocera del centro asistencial.
"La idea de esta casa, que fue inaugurada a principios de este año -agregó Oscar Imventarza-, es la de brindar un lugar ameno para aquellos chicos que se encuentran en tratamiento y no tienen recursos suficientes para pagar otro alojamiento."
Historia clínica de la niña operada
- 30 de marzo: Daiana Amorín nace en Buenos Aires.
- Marzo de 1994: a raíz de una erupción en la piel, se le hacen estudios y le diagnostican una histiocistosis, una enfermedad que le baja las defensas.
- Junio de 1997: el tratamiento quimioterapéutico no funciona y deciden trasplantarle un trozo de hígado del padre. Pero comienza el rechazo a partir del quinto día.
- 7 de julio:el Incucai la coloca en la lista de emergencias, a la espera de un órgano. Hay seis operativos infructuosos.
- 18 de julio:la operan nuevamente y recibe un hígado traído del Uruguay. Le practican una traqueotomía y se le coloca un respirador.
- 20 de julio: le retiran el respirador y su mejoría es notable.
- 31 de julio:se produce una hemorragia en el aparato digestivo; su salud decae.
- 14 de agosto: se le detecta una hemorragia cerebral.
- 28 de agosto:la operan para quitarle coágulos del cerebro.
- Septiembre y octubre: Daiana sigue grave, no habla y no come.
- 15 de noviembre: comienza a mejorar paulatinamente. Se alimenta por vía oral y reconoce a sus padres, Nancy y Daniel.
- 20 de noviembre: dada de alta
Una batalla que todavía no terminó
El alta médica de Daiana Amorín del hospital Garrahan generó una inusitada expectativa en la opinión pública. Muchas personas seguían de cerca su recuperación y esperaban ansiosas que la historia de la pequeña tuviera un final feliz.
La psicóloga Leonor Valenti, especialista en niños, señaló que "es inevitable que toda esta expectativa repercuta en la pequeña, sobre todo porque tuvo que enfrentarse a una cuestión de vida".
"Daiana demostró un potencial vital muy importante y la ansiedad que el medio generó en torno suyo puede perturbar esta capacidad de recuperación", explicó Valenti a La Nación .
Sin embargo, la pediatra y psicoanalista Susana Jalinsky no coincidió con ella:"No creo que la expectativa pública la afecte, sobre todo después de haber estado seis meses en una situación tan grave".
Jalinsky expresó que la presencia de Daiana en los medios de comunicación "tuvo un importante papel en la divulgación del tema de los trasplantes y a los padres de la nena les debe de haber hecho bien sentirse acompañados".
Consultada acerca de las posibles secuelas que podrían quedarle a la niña después de tantos meses de internación, Valenti aseguró: "Indudablemente, esta situación deja una impronta en ella, pero su capacidad natural y el sostén de su familia van a permitirle estar bien".
La especialista, optimista, agregó: "Daiana demostró una posibilidad de recuperación extraordinaria y seguramente va a superar este trance".
Por su parte, Jalinsky afirmó que "no podría asegurar que la internación va a afectarla. Sé que el Garrahan tiene un excelente equipo de psicopatología, que debe haber tratado a Daiana durante todo este tiempo". Y acotó: "Es indudable que a Daiana se la ve muy bien".
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