
De la huerta a El Galpón
Hace tres años se inauguraba el centro cooperativo de Chacarita en el que los productos llegan frescos y al mejor precio de mercado
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El Galpón es un espacio construido por productores que, a metros del cementerio de la Chacarita y a un costado de la estación Lacroze de la línea Mitre de TBA, agradecen todos los años a la Madre Tierra y propugnan por una nueva concepción de mercado donde el factor humano se sobreponga a la ganancia monetaria.
El 10 de noviembre de 2005, un grupo de personas realiza el ritual de la Pachamama como en el Norte. Pero alrededor no hay cerros coloridos ni cactos ni valles rocosos, sino la estación del viejo ferrocarril con sus rieles oxidados, cemento y alambres que encierran los límites del Centro Comunal de Abastecimiento El Galpón. Ese día fue su inauguración.
Lejos de la Puna y en el barrio de Chacarita, una callecita empedrada se desprende de la avenida Federico Lacroze al 4172 y muere en la entrada del viejo tinglado recuperado. Allí, la ceremonia continua realizándose.
"La Pachamama es el único rito profundamente argentino, que tiene que ver con los valores comunitarios que nosotros acá tratamos de fortificar." Todo un lema. Quien habla es Pascual Reyes, investigador folkló- rico y uno de los precursores de la creación del centro comunal.
Un despliegue colorido de alimentos se abre ante los ojos de los transeúntes que todos los miércoles, de 9 a 13, y los sábados, de 9 a 15, llegan hasta el lugar para encontrar los más diversos productos directo del campo.
Hongos en sus distintas variedades; granos de pimienta de todo tipo, comino y otras especias; hierbas aromáticas en sus macetas; conservas y pickles; tartas, cosas dulces; cereales, mermeladas caseras, mieles; quesos, chorizos, leche, verduras.
Y todo orgánico, producido sin el uso de agroquímicos ni conservantes. Hacia un extremo del tinglado, una barra oficia de bar. Allí se puede desayunar café, té o submarinos, comer torta o budines, y leer el diario, mientras suena un tango tras otro.
Para rastrear la génesis de El Galpón habrá que remontarse a 2001, hasta la Argentina de la debacle, colapsada hasta límites violentos. La crisis no sólo era económica y política, sino también cultural y social.
En aquellos años, la Mutual Sentimiento, fundada en 1998 por un grupo de ex detenidos y exiliados políticos de las úlitma dictadura militar, encabezó un proyecto para conformar un espacio de intercambio basado en el trueque, tan de moda entonces.
El proyecto tuvo sus idas y venidas entre logros y desazones. Pero finalmente, con la ayuda del Ministerio de Desarrollo Social y el aporte de materiales del GCBA, en noviembre de 2005, El Galpón abrió sus puertas definitivamente. Y no paró de crecer.
Carlos Pelloli, primer vocal de la Mutual Sentimiento, es otro de los que puso el hombro para darle empuje al emprendimiento. Pelloli dice que la idea desde un principio fue "romper la matriz individualista" y establecer el sistema de economía solidaria, donde el precio del producto se establecía de común acuerdo entre el productor y el consumidor –que a su vez se encarga de llevar adelante un consumo responsable–. Sin embargo, esta modalidad pronto dejó de funcionar: había que cambiar totalmente la concepción de transacción comercial que tienen las personas.
Hoy, los precios se colocan en referencia al mercado local, aunque Pelloli advierte la diferencia: "Acá la relación es cara a cara, le comprás a la persona que lo produce y la calidad no es la misma que en los negocios".
Todos los productos que se venden en El Galpón están controlados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y los productores reciben asesoramiento constante.
Parada detrás del mostrador donde exhibe sus dulces y mieles, Rosa Mazziotti afirma: "Se trata de unir los valores que están dispersos en la sociedad". Mazziotti pertenece a la Cooperativa El Reencuentro, cuyo epicentro es una huerta orgánica en Mariano Acosta, partido de Merlo, donde viven en comunidad.
Justamente, el objetivo de El Galpón (www.elgalpon.org.ar, 4554-9330) es lograr un vínculo que extienda los límites del mero intercambio comercial: "Crear un espacio de convivencia, que está más allá del dinero", según Rosa Mazziotti. Por esta razón allí sólo se aceptan cooperativas que produzcan bajo ciertos cánones de calidad y, sobre todo, que den trabajo a la población: "La calidez de las relaciones humanas hace a la calidad de los productos", dice Pelloli, mientras degusta un desayuno bien natural.
Llega el mediodía. El horno de barro cocina a fuego de leña empanadas de carne y verdura. Las mágicas manos de Cristina Colombini, esposa, cocinera y compañera de ilusiones de Pascual Reyes, descansan sobre la barra del bar que ella atiende, mientra mira de reojo El Galpón y dice: "Esto es un sueño hecho realidad".
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