
De palacio neogótico a hamburguesería
Se trata del que perteneció a la familia Alvear-Elortondo, que está situado en Corrientes y Florida
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Pocos sitios de la metrópoli poseen el trasfondo de historia que alberga la esquina sudoeste de Florida y Corrientes, vinculada nada menos que con episodios ocurridos hace más de 420 años, es decir, mucho antes aún de empezar a perfilarse lo que sería la Gran Aldea.
Juana Díaz, que tuvo allí una pulpería, jamás podría haber imaginado que en el mismo lugar se instalaría una versión fashion y ultrapotenciada de su "venta" en la forma de una sucursal de Burger King, inaugurada en 1994 y remodelada a fines de 2007.
En la pulpería de Juana se comercializaban sal, azúcar, chicha y charque, y ahora, en el fast-food , se consumen hamburguesas y el churrasquito-pizza, exclusividad de la casa desde marzo último.
Sobre el ala de la ochava que da a la avenida Corrientes se ven un par de placas de metal. Una de ellas reza: "A Ana Díaz, que acompañó a los mancebos de la tierra en la expedición de Juan de Garay, y éste se lo agradeció, en 1583, designándola participante de la fundación de Buenos Aires".
El agradecimiento del capitán vasco hacia esa mujer paraguaya, sumada al contingente de 85 personas que desde Asunción vino con él hasta estas tierras, fue más allá: le otorgó 300 varas -un cuarto de manzana-, que abarcaba parte de la esquina que se convertiría en la más céntrica de la ciudad y se prolongaba hasta la actual calle Sarmiento, y le concedió la propiedad de una chacra situada en una zona del Norte, que Garay, como otro homenaje a Díaz, llamó Valle de Santa Ana, ahora, partido de Tigre.
Neogótico en el Centro
La sede de Burger King sucedió a la antigua Casa Mayorga, que durante 40 años alcanzó reputación con sus finos artículos de cuero; antes habían estado la fábrica de cigarrillos y cigarros Monterrey, y, en 1922, el Café de Gérard, al que con el tiempo se conoció como "café de las 4 p", porque sus habitués eran políticos, periodistas, poetas y proxenetas.
Fue el primer boliche porteño en el que se hizo jazz.
Todos esos establecimientos, que tuvieron allí actividad desde el siglo XX, funcionaron en la planta baja de lo que, en su época, fue el palacio Alvear-Elortondo (declarado sitio de interés cultural), del que esta familia se desprendió, al venderlo parceladamente, a fines de 1800.
Posee la particularidad de su estilo arquitectónico neogótico, uno de los pocos que se levantaron en la ciudad de Buenos aires y el único que aún conserva algo de su aspecto original.
Hay dos formas de corroborar que allí, efectivamente, hubo un palacio. Desde la esquina de enfrente, sobre Corrientes, si se mira hacia arriba se pueden observar los amplios ventanales desiguales (hay tres más por Florida), muy antiguos y sin la menor similitud con nada del moderno entorno. O ingresar en el local, llegar hasta el primer piso y apreciar, por ejemplo, los notables arcos ojivales, los rosetones y las grandes columnas, una balaustrada de reminiscencia italiana y, la cúpula, al final de la escalera, con una espectacular y elegante lucarna de vitraux, de cinco óvalos.
Un sitio con historia
En "La historia de la calle Florida", de Ricardo Llanes, hay una fotografía del palacio de dos plantas en el que se casaron y vivieron Carlos María de Alvear y Mercedes Elortondo, tomada en 1887.
En una descripción del interior, aparecida en el diario El Nacional , se enumeran "las estatuas de bronce y mármol, estucos florentinos o romanos, murales del Renacimiento, grandes vasos japoneses [...], las pinturas de estilo bizantino y los festones de flores al relieve que adornan los entrepaños y cornisas".
También se habla de las famosas fiestas de carnaval que se celebraban en sus ámbitos.
Una curiosidad es la identidad de quien construyó el palacete. En todas la referencias sobre el tema, se "presume" como autor al arquitecto inglés Eduardo Taylor (el mismo de la Aduana Nueva). Pero la casa fue hecha entre 1870 y 1880, y Taylor murió en 1860.
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