
De Recoleta a Tigre, en autos de colección
Unos 45 vehículos antiguos corrieron la tradicional carrera, como en 1906
1 minuto de lectura'
Unos 45 vehículos construidos entre 1901 y 1918 reeditaron ayer, por tercer año consecutivo, la primera competencia en carretera del país, que se desarrolló en 1906.
Cientos de fanáticos y curiosos siguieron de cerca la propuesta. Hasta la persistente llovizna que oscureció ayer el cielo se hizo a un lado para observar la largada de la carrera Recoleta-Tigre, organizada por el Club de Automóviles Clásicos, en la tradicional esquina de avenida Quintana y Junín.
"Más que una carrera, este encuentro es un paseo, un motivo más para que los fanáticos de los fierros puedan encontrarse", señaló a La Nación el presidente del Club de Automóviles Clásicos, Miguel Devoto.
Minutos después de las 10, y con una multitud que vivaba la caravana, los autos comenzaron a desandar los 30 kilómetros que los llevarían hasta el puerto de Tigre. Para estar a tono, muchos participantes se vistieron de época y, sombreros en alto, saludaban a la gente que aplaudía a su paso.
El tiempo parecía haber retrocedido. Una moto Harley-Davidson con sidecar, de 1912, se codeaba con un deportivo Studebaker Baquet, de 1913. Un poco más atrás, una camioneta Willys, de 1909, hacía vibrar su motor de cuatro cilindros.
Después del primer control, en Figueroa Alcorta y Ramsay, los pilotos continuaron viaje por la Avenida del Libertador hasta llegar al segundo prime , en San Isidro. Allí, la caravana se detuvo para reagruparse.
Experiencias
Contento con su quinta posición -había largado en el puesto 48º- a Ricardo Tizón no le alcanzaban los elogios al hablar del comportamiento de su Ford T, de 1916. "Vinimos desde Monte Grande -comentó-. El auto anda muy bien; puede superar los 100 km/h. Originalmente, el motor tenía 22 HP de potencia. Le cambiaron los pistones y ahora entrega 30HP."
Claudio Lisi, un participante porteño, invitó a La Nación a subirse a su Cadillac, de 1916. El vehículo es totalmente original, sin restauración alguna. "Lo descubrí hace cinco años -contó-. Estaba en un pañol en el medio del campo y hacía 50 años que nadie lo ponía en marcha. Dos de sus neumáticos son originales y tiene 13.000 km recorridos."
Con ese auto, Lisi participó de las dos ediciones anteriores de la Recoleta-Tigre. Esta vez, un pequeño problema en el carburador quiso complicar la marcha y lo relegó al último lugar. Gracias al auxilio de los mecánicos, el Cadillac pasó el puente sobre el canal San Fernando, dobló por Almirante Brown, tomó la avenida Italia y, minutos después del mediodía, cruzó la línea de llegada, tras haber pasado a varios competidores.
Los premios
Los sonidos de una banda recibieron a la caravana en Tigre, con el aplauso del público de fondo. Los participantes se felicitaban unos a otros.
Después del almuerzo de camaradería, se entregaron las distinciones. No hubo vencedores porque, según Devoto, "todos son ganadores. Lo importante de esta competencia es compartir el amor por los autos".
El premio al rodado que llegó desde más lejos recayó en el International Harvestor, de 1903, piloteado por Jorge De Rossi, de San Clemente. El camión International, de 1914, conducido por Oscar Frattini, recibió una distinción por haber sido el vehículo que llegó andando desde la ciudad más alejada, Matheu.
Además fueron premiados el Museo del Automóvil Club Uruguayo, por traer desde Montevideo un Clement Bayard, de 1904, y el Museo del Automóvil Club Argentino, por presentar cinco vehículos.
Los aplausos acompañaron la distinción al auto más antiguo, un Linon, de 1901, propiedad de Luis Gold. El tripulante más antiguo, como fue llamado, fue Daniel Perícoli, de 102 años, a bordo de un Hudson, de 1918.
Un lauro especial recibió Luis Spadafora, un reconocido coleccionista y restaurador de autos clásicos, impulsor del primer Museo del Automóvil Antiguo del país.
Las sonrisas de satisfacción acompañaron los abrazos de despedida. La promesa estaba hecha: el reencuentro será el año próximo, en el mismo lugar, y con el mismo espíritu con que los pioneros de principios de siglo desafiaron las rutas para reunir la Recoleta con Tigre.




