
De Recoleta a Tigre, en dos horas, con autos de 80 años
Ante un público numeroso en todo el trayecto, el Club de Automóviles Clásicos reunió a más de 60 vehículos de principios de siglo en una exitosa evocación.
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A las 10 de la mañana de ayer, numerosos paseantes tempraneros de la Recoleta creyeron que el siglo había vuelto atrás: una excepcional caravana de automóviles con más de 80 años de antigüedad se ponía en marcha desde la esquina del bar La Biela -viejo reducto tuerca-, en la esquina de avenida Quintana y Roberto M. Ortiz.
La cantidad y calidad de los vehículos de colección convocados por el Club de Automóviles Clásicos superó todo lo previsto. Y aun para los observadores más neófitos se hizo evidente que semejante convocatoria era algo totalmente inusual.
Los observadores más especializados coincidieron totalmente con esa percepción. Para Jackie Forrest Greene, uno de los organizadores de esta evocación de la primera carrera efectuada en nuestro país -Recoleta-Tigre, en 1906- "nunca se han visto tantos autos antiguos juntos. Sorprende ver la cantidad de unidades raras que ha aparecido".
Lanzados a recorrer las calles de la Capital y la provincia para repetir aquel recorrido de 1906, se pudieron ver en sorprendente marcha a 40 kilómetros por hora dos impecables De Dion Bouton de 1901, junto a un imponente Daimler de 1912 conducido por el ex piloto Roberto "Bitito" Mieres, un rarísimo Imperia de 1908, de origen belga, un enorme y lujoso Cadillac de 1912 y numerosos y democráticos Ford T de los que pusieron al mundo sobre ruedas.
Patrimonio sin par
La diversidad de los vehículos habla de un patrimonio histórico prácticamente inigualable en el mundo. Los historiadores del automóvil tienen una explicación sociológica perfectamente lógica: en sus años de opulencia, durante las dos primeras décadas del siglo, la Argentina, que no era un país productor de autos pero tenía abundancia de recursos, importó los mejores exponentes de todo lo que se fabricaba en el extranjero.
A diferencia de esa situación única en el mundo, en Estados Unidos se compraban al 99 por ciento autos de origen local y en los países europeos pasaba lo mismo.
De lo que queda de ese pasado mecánico, se vieron ayer por las calles 62 autos de los cuales 33 vehículos eran norteamericanos, quince franceses, cinco italianos, tres alemanes, dos belgas, dos británicos y dos productos totalmente argentinos (Anasagasti y Peona), de 1911 y 1914.
La unidad más sorprendente de la jornada, sin duda, fue el extraño Locomobile de tres ruedas de 1898, de fabricación norteamericana e impulsado a vapor.
"De este auto se hablaba siempre, pero nadie lo había visto hasta hoy", explicó el presidente del Club de Automóviles Clásicos, Miguel Devoto, celebrando la reaparición de esta pieza verdaderamente sorprendente.
Al volante del Locomobile se encontraba un personaje que por su aspecto de época bien podía ser una imagen de los revolucionarios de la Comuna de París o del tristemente célebre Jack el Destripador, de Londres. Se trataba, en cambio, de un pacífico restaurador de Ford T de Rosario, Alberto Sabatier. "Encontré el auto hace dos años en un galpón en Entre Ríos y lo puse nuevamente en marcha", explicó, mientras controlaba la presión de la caldera.
Otras rarezas
Más "modernos", un impresionante Mercedes 1909 a cadena, los De Dion Bouton o un Peugeot de 1908 absolutamente original se repartieron también los favores de un numeroso público apostado a lo largo del trayecto para ver en acción estas muestras de toda una época.
No faltó a la cita el empresario Gregorio Pérez Companc, fordista de toda la vida que sólo hace muy poco ha dejado trascender su pasión automovilística. Precavidamente anotado como Luis García, para mantener el anonimato, el titular del poderoso grupo empresarial cumplió el trayecto al comando de un impecable Ford T de 1916, uno de los primeros autos de la marca del óvalo construidos en la Argentina.
Entre las mayores rarezas, hay que hablar del Peona, un originalísimo auto de estilizadas líneas, construido íntegramente en forma artesanal por el ingeniero Peona, en Quilmes, en 1914. El vehículo, totalmente de aluminio, tiene un avanzado motor de cuatro cilindros con árbol de levas a la cabeza y 800 centímetros cúbicos. Conducido por José Sanz, de Quilmes, el Peona fue una de las atracciones de la jornada.
Y no faltó la mejor definición del día, a cargo del veterano restaurador Roberto Macnie, de Lomas de Zamora. "Estos son autos magníficos... p1ara que los tengan otros."
Cuando esos autos son de uno, agregó, no arrancan con la manija, pierden aceite, recalientan, llueve y se moja el magneto, dejándote a pie, momento en el cual tu esposa se baja indignada y se toma un taxi diciéndote que sos siempre el mismo idiota.
Nada de eso pasó ayer. El día era radiante, y la fiesta fue completa.
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