
Debatieron sobre la salud del policía acusado del crimen
Los peritos discutieron sobre su estado
1 minuto de lectura'
Seis médicos psiquiatras y psicólogos debatieron ayer sobre la salud física y mental del sargento retirado Juan De Dios Velaztiqui al declarar en el juicio en su contra por haber matado a tiros a tres jóvenes en una estación de servicio de Floresta porque criticaban a la policía.
La defensa ensayó dos argumentos para tratar de atenuar la pena que podría recibir el suboficial retirado: alegar que pudo haber sufrido un shock hipoglucémico, derivado de la diabetes que sufre, lo que le habría impedido dirigir sus acciones o señalar que pudo haber experimentado un trauma emocional profundo y disparar.
La abrumadora prueba contra el ex policía, la certeza de los testigos al señalar la forma en que disparó hicieron que la defensa intentara buscar atenuantes u obtener la declaración de inimputabilidad como casi la única forma de evitar una segura condena contra Velaztiqui.
Sin embargo, los peritos oficiales entendieron que el ex policía tenía conciencia de sus actos cuando mató a tiros a Adrián Matasa, Maximiliano Tasca y Cristian Gómez, mientras la Policía Federal reprimía con violencia a los manifestantes en la Plaza de Mayo el 29 de diciembre de 2001, como preludio del final de la presidencia provisional de Adolfo Rodríguez Saá.
Ayer, casi sin interrupción desde las 11 hasta las 18, los expertos desfilaron ante el tribunal integrado por los jueces Oscar Rawson Paz, Pedro Benjamín Menéndez y Rodolfo Urtubey.
Hablan los peritos
Hernán Velázquez, quien realizó el primer peritaje a Velaztiqui tras su detención, entendió que el ex policía estaba en condiciones de dirigir sus acciones al disparar.
Luego debatieron los psiquiatras Martín Abarretegui y Juan Carlos Romi. El primero, de la Defensoría General de la Nación, entendió que la diabetes grado II que padece Velaztiqui, que lo dejó casi ciego, pudo haber condicionado sus acciones. El ex policía, que estaba en actividad al momento del crimen, pues a pesar de que estuvo retirado había sido reincorporado a la fuerza, tuvo cambios en sus hábitos alimentarios a partir de su trabajo.
Así dejó de cumplir con el estricto régimen que se le indicó para controlar su diabetes, lo que lo puso en riesgo de sufrir una crisis de hipoglucemia, lo que pudo haberle hecho perder su capacidad cognitiva y su conciencia.
Argumentó que si hubiera actuado racionalmente, el policía hubiera huido de la escena del crimen y no armado una escena inverosímil llamando a la comisaría para decir que había abatido a dos delincuentes en la estación de servicio de Bahía Blanca y Gaona.
Dijo que el suboficial actuó automáticamente y que al finalizar el shock, en el patrullero, detenido, comenzó a temblar y casi se desvaneció.
Sin embargo, cuando se le preguntó si alguien puede sufrir un shock hipoglucémico luego de comerse un helado de crema, como lo hizo Velaztiqui en la estación de servicio, el médico negó esa posibilidad. Romi refutó sus argumentos.
Alberto Dones, que realizó un peritaje psiquiátrico, se explayó sobre un pizarrón y explicó por qué la forma de actuar del acusado no se puede catalogar dentro de lo que se denomina un estado de emoción violenta, que podría representar un atenuante para la pena.
Ante cada pregunta de la defensa, dijo que el acusado pudo dirigir su conducta.
Se supo, por ejemplo, que Velaztiqui tuvo una infancia traumática, pues fue testigo del crimen de su padre, y tiene una hija internada con problemas psiquiátricos.
Luego fue el turno de las psicólogas María Cristina Castelli de Perkins y Ana María Cabanillas, que se entrevistaron con el acusado en dos ocasiones y elaboraron un informe en el que entendieron que pudo haber sufrido un shock emocional profundo, producto de los enfrentamientos que mostraba la televisión. Sin embargo, quedaron dudas sobre la certeza de sus estudios, al punto que uno de los camaristas les preguntó si sus conclusiones eran hipotéticas.
Una vez finalizados los testimonios de ayer el defensor oficial Mariano Maciel y el fiscal Miguel Angel Castro y los querellantes alegarán el miércoles próximo. El fallo se conocería dos días después.





