
Denuncian castigos a presos con SIDA en el hospital Muñiz
Golpeados: dos internos de la cárcel de Caseros, alojados en el pabellón de enfermos por el HIV, denunciaron malos tratos de guardias penitenciarios.
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"Mi marido está preso por homicidio en la cárcel de Caseros desde hace 3 años y 5 meses. Fue condenado a 17 años de prisión. Tiene SIDA desde hace 3 años y no quiere que lo internen en el pabellón de presos con SIDA del Hospital Muñiz (U21) porque tiene miedo. Se está muriendo..."
La dramática historia que cuenta María Alejandra Luján de Castro (29) le quiebra la voz. Está cansada. A ella también la alcanzó el SIDA. Se contagió de Leonardo Estéban Castro (25), su marido y papá de sus pequeños hijos de 2 y 4 años.
María Alejandra trata de reponerse de su angustia, respira profundamente, hace un silencio eterno y prosigue: "El jueves 8 de mayo Leandro ingresó en el Muñiz porque lo derivó la infectóloga de la cárcel de Caseros. El pesa 48 kilos y esta bajo de defensas. La médica lo derivó para que le hicieran los estudios necesarios y aplicarle la medicación acorde con esta etapa de la enfermedad.
"Lo pusieron en una habitación con otros cuatro enfermos. Uno de ellos, César Javier Tossi, debería haber estado internado en el Borda, pero creo que por falta de espacio no lo llevaron. El domingo 11 de mayo Leonardo discutió con Tossi de manera muy fuerte, se pegaron. Entró la requisa (guardias del Servicio Penitenciario Federal), se llevaron a mi marido, lo encerraron en una habitación a oscuras y empezaron a golpearlo. Le bajaron dos dientes, le dieron patadas en las piernas, puñetazos en el cuerpo y le pegaron en el orificio del drenaje pleural. Y pesa sólo 48 kilos..."
"No digo que sea un santo"
El relato de María Alejandra se interrumpe por el llanto. "Luego -continúa-,entró una médica de turno, lo revisó, dijo que estaba bien, la requisa entró nuevamente al cuarto y otra vez a oscuras lo volvieron a golpear. Está preso, sí, y no digo que sea un santo, pero además se está muriendo y, lejos de ayudarlo a morir mejor, lo muelen a palos."
María Alejandra había pedido el cambio de habitación el sábado anterior al incidente con el enfermo mental, pero le dijeron que no había otra. De acuerdo con la mujer, luego de la golpiza fue trasladado a otro cuarto. El lunes siguiente no dejaron que lo vieran que ni ella ni el padre porque estaba "sancionado".
Desaparición del sumario
"Pedí hablar con el jefe de seguridad (alcaide Ernesto de la Flor) o con el subdirector (alcaide Gabriel Grobli) . Después de esperar una hora me atendió el subdirector y me dijo, cargándome, «no se preocupe, a su marido todavía no lo matamos». Además me dijo que había hablado con mi marido y que si no decía nada, iban a hacer desaparecer el sumario para que no quedara la sanción y así poder pedir arresto domiciliario a raíz de su etapa terminal", cuenta la mujer.
Y agrega: "Lo tratan mejor en la cárcel que en el hospital. Este maltrato pasa desde hace aproximadamente un año y medio. Antes eran más humanos. Hay un oficial principal de apellido Albano que amenaza a todos los internos sin motivo."
El lunes 12 María Alejandra presentó un habeas corpus ante el Juzgado de Instrucción N° 36, a cargo del doctor Enrique Velázquez, que, si bien no hizo lugar a la presentación por improcedente, lo derivó a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional por posible comisión de delito.
Otro caso
Otro preso y enfermo de SIDA, Carlos Néstor Alberto Valenzuela, también denunció ser víctima de apremios ilegales en el Hospital Muñiz a fines de abril.
El juez de ejecución penal Jorge Broullon Sigler pidió un peritaje de las lesiones que presentaba Valenzuela, que arrojó como resultado magulladuras en distintas partes del cuerpo.
Broullon Sigler elevó a la Cámara de Apelaciones la posible comisión de delito. La causa recayó en el juzgado 28 a cargo del doctor Pablo Bruno. El 12 de mayo último Valenzuela ratificó su denuncia.
Dos denuncias más
"Además de la de Castro y la de Valenzuela, nosotros recibimos otras dos denuncias por el mismo motivo. Uno de los detenidos murió en marzo de SIDA y su hermano tiene miedo de realizarla ante un juzgado por las consecuencias que puede sufrir. Estos hombres son rehenes de quienes los golpean. Su única posibilidad es ser atendidos es en el Muñiz. Se encuentran en la encrucijada «o me matan a patadas o me muero de SIDA», explica a La Nación Valentín Anselmino, abogado de la Fundación por los Detenidos Sociales (Fundeso) y patrocinante de estos detenidos junto con el penalista Elías Neumann.
El 10,57 % de los presos de Caseros tiene el HIV
El estudio oficial que se realizó entre voluntarios de la cárcel de Caseros para determinar qué cantidad de su población se encuentra infectada por el virus del Síndome de Inmunodeficiencia HUmana (SIDA) dice que el 10,12 por ciento de los reclusos son positivos y con los casos ya conocidos, el 10,57.
El informe se basa en 820 personas que voluntariamente se sometieron a que se les realizaran análisis de sangre, lo que se efectuó mediante la contratación de laboratorios privados para garantizarles los resultados.
Además se contó con un equipo interdisciplinario para el estudio de la problemática y para lograr darles contención en el caso de que los resultados diesen positivo.
En primer lugar se dio una serie de talleres de información sobre el SIDA, en la que participó casi el 70 por ciento de los internos.
El detalle de los asistentes a las charlas de educación e información establece que participaron 836 internos de la unidad 1 (el 69 por ciento), 332 reclusos de la 3 (lo que equivale al 70 por ciento) y 102 de la 31, también el 70 por ciento.
El conjunto de pabellones de Caseros alberga a 1835 presos y de ellos el 45 por ciento accedió a realizarse las muestras de sangre.
En la Unidad 1, se realizaron 541 extracciones, de las que 483 resultaron HIV negativas y 58, positivas.
La Unidad 3 arrojó 17 casos positivos y 174 negativos, de un total de 191 voluntarios. En la 31, hubo 8 casos de infección contra 80 negativos, del total de 88 internos a los que se extrajeron muestras.
Si al 10,12 por ciento de los reclusos, que son 83 personas, se le sumara la cantidad de internos de quienes ya se conocía su condición de infectados, el total de casos con HIV positivo sería de 194 personas.
Representan el 10,57 por ciento del total de los internos. Los conocidos con anterioridad eran ochenta presos en la unidad 1, veinticuatro en la 3 y siete en la unidad 31.




