
Descansan en la Catedral los restos de Quarracino
Por propia voluntad: su cuerpo fue depositado al pie del altar levantado en honor de la Virgen de Luján, de la que era devoto.
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Como fue su deseo, los restos del cardenal Antonio Quarracino descansan ya en la Catedral Metropolitana, al pie del altar de la Virgen de Luján.
La capilla está ubicada en la nave lateral izquierda del templo, a la altura de la entrada por San Martín, a metros de Rivadavia.
De esta manera, su cuerpo yace bajo el mismo techo en que fueron sepultados casi todos los primeros obispos de la arquidiócesis porteña desde el sacerdote carmelita fray Pedro Carranza, fallecido en 1632.
Quarracino es la primera persona sepultada en los últimos 19 años en el templo mayor de Buenos Aires. El último fue monseñor Antonio Caggiano, fallecido en 1979.
Allí descansa también monseñor Antonio Rocca, obispo auxiliar de Buenos Aires desde 1936 y durante 39 años. A su vez, escritos históricos revelan que dos obispos del siglo XVIII habrían sido enterrados en el mismo sitio, en el panteón que está debajo del altar mayor, pero no están identificados. Otros prelados que yacen en la catedral primada son Federico León Aneiros, en la capilla de San Martín de Tours; Mariano Antonio Espinosa, en la capilla del Santo Cristo; José María Bottaro y Fermín Emilio Lafitte, en el altar del Santo Cristo.
Recepción con aplausos
La Catedral de Buenos Aires se inundó de aplausos cuando el ataúd que contiene los restos de Quarracino y las cenizas de sus padres llegó a su destino final, luego de una misa de cuerpo presente que anteayer presidió el sucesor del arzobispo, monseñor Mario Bergoglio.
La misa contó con la presencia del presidente Carlos Menem, miembros del gabinete nacional, el jefe de gobierno porteño, Fernando de la Rúa, y las máximas autoridades civiles y eclesiásticas.
"Se nos ha muerto nuestro pastor", dijo Bergoglio al comenzar la homilía. "Por eso el pueblo fiel está de luto -agregó-. Quiere llorar a su pastor. Quiere velarlo y acompañarlo, dando gracias a Dios que lo puso al frente de su rebaño. Quiere extrañarlo y sentirlo su intercesor, al lado de su amigo el cardenal Pironio, a quien él despidió con un hasta cualquier momento."
El 12 de febrero último, Quarracino presidió una misa en la misma Catedral, para despedir al cardenal Eduardo Francisco Pironio, cuyos restos fueron depositados en la basílica de Luján.
En esa oportunidad, señaló muy emocionado: "Brotan en mí sentimientos cuya marea interior se entremezcla en mi memoria y mi corazón hasta el punto de entrecortar mi voz y nublar mis ojos". En menos de un mes, los amigos volvieron a reunirse.
En un momento emotivo, cuando los restos del cardenal Quarracino fueron depositados en el lugar del descanso definitivo, hubo un momento de queda, que dio lugar a una eufórica despedida, con gritos de "¡Viva el cardenal!", que partieron espontáneamente de los fieles.
"No siempre fue comprendido este corazón misericordioso", dijo Bergoglio en la sentida homilía. Agregó que el arzobispo de Buenos Aires, detrás de su bonhomía campechana, de su estilo sin afectaciones ni distancias, fue "un gran perdonador, incapaz de odiar a nadie, y eso lo sabemos todos".
Al igual que los restos de Pironio, los de Quarracino fueron despedidos por los máximos exponentes de la Iglesia argentina. Entre los 84 obispos y 453 sacerdotes presentes se encontraban los cardenales Raúl Francisco Primatesta y Juan Carlos Aramburu; el presidente del Episcopado, monseñor Estanislao Karlic, y los obispos Justo Laguna, Raúl Rossi, Jorge Casaretto, Mario Serra y José Luis Mollaghan, entre muchos otros.



