
Descubren pinturas rupestres de los tehuelches en Río Negro
Son antiquísimas obras abstractas y geométricas; fueron hechas en un cañadón
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CIPOLLETTI, Río Negro.- A 140 kilómetros al sur de esta ciudad, en un cañadón llamado Lonco Vaca, fueron halladas pinturas rupestres de la cultura tehuelche, que se desarrolló entre entre los siglos VIII a. C. y X d. C.
Los tehuelches eran nómades y sus huellas culturales quedaron marcadas en esta región del norte de la Patagonia, en un sitio protegido que impidió la erosión provocada por un clima duro, donde el viento es el peor enemigo del hombre y de la naturaleza.
Aunque el hallazgo se hizo público ayer, las pinturas fueron descubiertas hace poco más de un mes por el Ente de Desarrollo de la Margen Sur (Endemas), que ahora se propone transformar el lugar en un atractivo turístico-cultural, según informó ayer a La Nación su presidenta, Ana Boschi.
Las investigaciones científicas fueron realizadas por un equipo de profesionales de la Facultad de Turismo de la Universidad Nacional del Comahue, dirigido por Teresa Vega.
"No hay datación específica sobre la antigüedad. Lo que tenemos es una aproximación sobre las etnias que vivieron aquí", dijo Mónica Gelos, licenciada en Turismo e integrante del equipo de investigadores.
Gelos explicó que para conocer con mayor precisión este dato habría que cotejar información con los arqueólogos, un trabajo que aún no se realizó.
En las paredes de una formación rocosa granítica se encuentran dibujados distintos motivos.
A las formaciones rupestres halladas por la gente del Endemas se las clasifica como pertenecientes al "estilo grecas", conformado por pinturas abstractas, geométricas, rectilíneas, en las que el trazo en escuadra es su elemento básico.
Algunos son escalonados y de color rojo y blanco, otros se presentan en forma de líneas angulares de simetría axial en rojo simple y hay semicírculos simples alineados en grupos.
Sobre el significado que tienen las pinturas no existen criterios uniformes, explicó Boschi. Algunos les atribuyen un mensaje mágico-religioso y otros lo toman como una representación artística que servía de sistema de comunicación entre los integrantes de la tribu, ya que no conocían la palabra escrita. Finalmente, otros lo tipifican como "arte por el arte mismo".
Pero los investigadores coincidieron en manifestar el singular valor de las pinturas rupestres, ya que constituyen una de las fuentes más importantes de información sobre los orígenes del pensamiento simbólico y del comienzo de la actividad artística de la humanidad.
Para grabar sus trabajos, los tehuelches habrían utilizado espátulas de hueso, crines de animales y la técnica del esfumado, que consistía en soplar la pintura por una caña o un huevo vacío.
Los colores fueron fabricados con sustancias de origen mineral, vegetal y animal, probablemente mezclando tierras coloreadas con jugo de vegetales y grasa.
Según estudios ya realizados en Río Negro por María Boschi, del Instituto Nacional de Antropología-Conicet, y Ana María Llamazares, del Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires, en la zona donde fueron halladas las pinturas rupestres vivieron los tehuelches septentrionales "gunun akunna" y los meridionales "aonik enk". Estas culturas se desarrollaron entre los siglos VII a. C. y X d. C.
Se sabe que eran grupos de cazadores o recolectores que vivían según esquemas sociales inestables de pequeñas bandas de no más de cien personas.
El cañadón donde fueron grabadas estas expresiones culturales de un pueblo que viajaba de un lado a otro para encontrar comida se encuentra ubicado en una estancia privada, en la margen sur del río Negro, un sitio al que se puede llegar sólo en compañía de un guía.
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