Leonard Cohen: disimulando al ángel

"Alquimista, cuando reúne poema y música nos regala los diamantes de sus discos", escribe el ilustrador, que firma un texto repleto de imágenes en su honor
Pablo Bernasconi
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23 de diciembre de 2016  

Leonard Cohen
Leonard Cohen Crédito: Aaron Harris/The Canadian Press via AP

Existir de la piel hacia afuera, mostrando y demostrando los múltiples brillos a veces ciertos, a veces demasiado pulidos. Talentos que se desviven por lucir, por exhibirse y desplegar sus plumas. Gritan desaforados porque exceden por mucho los filtros humanos. Y así, tarde o temprano se opacan, como una pieza de cerámica que se cocina demasiado al fuego y pierde su esmalte.

Existir de la piel hacia dentro, adorando la humildad, aun cuando las evidentes pruebas de exuberancia impregnen al artista de continuos milagros. Cuidar esa criatura escurridiza y tímida que sólo se deja seducir por la delicada inteligencia del poeta sagrado. "Estas piezas fueron escritas en silencio", dice Cohen en su lucidísimo poema "How to read poems". "Es este un paisaje del interior, está adentro. Es privado. Respeta la privacidad del material."

Conocedor de las formas de seducción, invocando las palabras desde el silencio expresivo, Cohen araña cada verso que atraviesa su garganta disimulando al ángel que lo conduce. Y así honra la premisa contradictoria de escribir desde el silencio, de partir del mayor grado de sutileza posible. Cuando el poema se reúne con la música la alquimia se consagra y nos regala uno a uno los diamantes de sus discos. La exuberancia de la belleza, entonces, se presenta con meticulosa dignidad sostenida por una voz cavernosa y sombría que exalta y encandila: "Hay una grieta en todo, así es como entra a luz". Leonard Cohen nos promete cuerpos desnudos, flores secas, vidrios rotos, campanas oxidadas sonando entre nubes de tormenta.

El profeta que canta durante el apocalipsis corre todos los registros mundanos, se entrega en alma, como su admirado Federico García Lorca. El granadino también sabía de espejos rotos y dolores placenteros, también respiraba elecciones dramáticas. Cohen descubre a Lorca y la carismática armonía española no sólo se adecúa así en su poesía, sino también en sus melodías. El esquivo trémolo que Cohen practicó en su juventud hasta volverlo propio lo acompañaría luego en cada uno de sus proyectos, como una segunda piel (vale la pena oír su discurso durante la entrega de premio Príncipe de Asturias de las Letras, en el 2011).

Y nos regala canciones, poemas, novelas, cuentos, sabidurías. Cohen escribe desde el silencio y a medida que su pelo se vuelve gris su destreza adquiere colores plenos de sobriedad expresiva.

Hermoso perdedor, imagino al trovador rescatando perlas del barro con su generosa nariz, lo puedo ver sacudiendo el polvo de su abrigo y acariciando las plumas que le brotan:

"No temas ser débil. No te avergüences de estar cansado. Tienes buen aspecto cuando estás cansado. Parece como si pudieras seguir y seguir sin parar. Y ahora ven a mis brazos. Eres la imagen de mi belleza."

De la piel hacia dentro. Gente inmensa.

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