
Editarán todas las obras de Silvina Ocampo
Bioy Casares y del Carril, marido y editor de la escritora, respectivamente, recordaron a la autora de "Viaje olvidado"
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"Si bien existe un enorme consenso de que Silvina Ocampo fue una de las más grandes escritoras argentinas, nadie la lee. Queremos remediar eso", sostuvo Bonifacio del Carril, director de Emecé, en diálogo con Adolfo Bioy Casares y La Nacion.
En la mañana de ayer, el editor y el marido de la autora se reunieron para conversar sobre el último proyecto de la casa editorial: la publicación -por primera vez- de las obras completas de la autora de "Cornelia frente al espejo", "Autobiografía de Irene" y "Enumeración de la patria", que incluirá un tomo de poemas inéditos.
Muchos factores conspiraron contra la difusión de la obra de Ocampo. Por un lado los complicados trámites de sucesión que siguieron a su muerte en 1993 impidieron que -hasta ahora- salieran al mercado los títulos inéditos y agotados.
Pero aún en vida era conocida su aversión a todo tipo de publicidad. "Tal vez rehuyo a las entrevistas porque protagonizo en ellas el triunfo del periodismo sobre la literatura", comentó en una de las raras ocasiones en las que accedió a las demandas de los medios gráficos.
Sus poemas, cuentos, novelas y obras dramáticas pronto estarán en las librerías. "Viaje olvidado", su primer libro, ya está a la venta, y la edición tiene una de las acuarelas de la autora en la tapa. "Silvina pintó toda su vida, aunque por culpa mía empezó a escribir y abandonó un poco", confesó Bioy.
Alumna de Giorgio de Chirico en París -después de los frustrados intentos de tomar clases con Picasso- fue por su marido que se acercó a las letras: "Un día estábamos andando en auto y empezó a inventar poemas. Ahí mismo me puse a insistir, y finalmente agarró la lapicera", contó Bioy Casares.
Claro que no todo fue tan fácil. Su famosa hermana mayor, Victoria Ocampo, publicó en la revista Sur de 1939 una crítica de "Viaje olvidado" donde sostuvo que Silvina "le saca la lengua a la gramática" y se preguntó "qué pereza la lleva a no ser más exigente consigo misma cuando todo nos demuestra que puede serlo".
"Evidentemente, Silvina no escribía de una manera que pudiese dejar contenta a una directora de escuela, pero era excepcionalmente original. Además, ¡era su primer libro!", la defendió encendidamente su marido.
Sonriendo, del Carril recordó que, a diferencia de Bioy, que lo hizo con seis libros ya publicados, Silvina nunca repudió nada que hubiera escrito.
"¡Es que los míos eran malísimos!, y las buenas críticas que les hizo Borges eran por pura amistad", intentó disculparse el autor de "La invención de Morel".
Una mujer mayor
Ocampo y Bioy Casares se casaron en 1940. Ella tenía 37 años, él 26.
"Mi madre, que era muy amiga de las Ocampo, me dijo que tenía que conocer a Silvina porque le parecía la más inteligente de todas. Pero, para desesperación de mi familia (que quería que me casara con una chica de 17), en seguida nos enamoramos", relató.
La sorpresa fue absoluta: "Incluso cuando le dije al encargado del campo que preparase las cosas porque nos íbamos a casar, nos trajo una escopeta", recordó entre risas. El empleado se había confundido con la palabra "cazar" porque le resultaba más lógico que su patrón fuese tras animales salvajes que un matrimonio con esa mujer mayor.
Sin embargo, resultaron un buen equipo: "Cada uno escribía a mano por su lado, pero compartíamos la máquina de escribir y la secretaria. Claro que yo era mucho más constante: disciplina y Silvina siempre fueron términos contradictorios", agregó enfático.
Si bien se mostraban los libros entre ellos antes de darlos a publicar (y se hacían comentarios "muy amables"), evitaban que otros los vieran.
"Una vez me tenté y le di un texto a Borges, pero vi en su cara la pereza, la resistencia... Nunca más volví a probar", confesó Bioy.
Silvina y Victoria
Silvina Ocampo nació en Buenos Aires en 1903, la menor de seis hermanas mujeres pertenecientes a una tradicional familia argentina.
Victoria, la primogénita, era su polo opuesto. Extrovertida y altiva, el alma del grupo Sur contrastaba abiertamente con su hermanita más callada.
"Me acuerdo de un viaje que hicimos los tres a Nueva York. Victoria pasó unos días pésimos, porque los periodistas norteamericanos sólo querían hablar con Silvina. A ella la veían simplemente como la editora de su hermana, que era la gran escritora", recordó Bioy, burlón.
Al oírlo, Bonifacio del Carril también se prestó a confesiones: "Para mí, publicar todas las obras de Silvina es una satisfacción doble. Primero porque, después de tantos años, se mantiene absolutamente vigente. Pero también porque forma parte de los recuerdos de mi infancia: yo vivía a una cuadra, y siempre la espiaba sacando al perro", recordó el editor mientras se despedía.
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