
El 10% de las familias vive con la suegra
El reestreno de Esperando la carroza volvió a poner el foco en el más conflictivo de los vínculos; según el último censo nacional son más los hijos que se mudan a la casa de la madre que a la inversa; cómo conviven distintas generaciones
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"-¿En qué me molesta? La tengo en la sala, en el dormitorio, en el pasillo y aquí. Aquí, la tengo?
"-Pero ¿cómo podés hablar así de una pobre anciana que tal vez no tenga ni tres años de vida??
"-Eso me dijeron hace cuatro, cuando se vino a vivir con nosotros?"
Los fanáticos de Esperando la carroza recordarán este diálogo del film de Alejandro Doria que el jueves último volvió a los cines, a 27 años de su estreno. Susana, la nuera de mamá Cora, le reclama a su hijo que no quiere vivir más con su suegra. Es el comienzo de la seguidilla de desventuras de la familia Musicardi.
La historia costumbrista que pinta la película retrata la realidad de más de un hogar: hoy, el 10% de las familias convive con la suegra. Son unos 993.000 hogares, según el último censo. Las casas con suegra son muchas más que las que tienen suegro. En el 80% de los hogares extendidos, el perfil del miembro que se suma a la familia tradicional es una mujer, de más de 65 años.
Pero algo hay que decir en favor de estas mujeres que el viernes pasado celebraron su día en silencio: en más de la mitad de los casos fueron el hijo y su pareja los que se mudaron a la casa de ella. Dicho de otra manera, son minoría las suegras que se instalaron en la casa de sus hijos.
Por muchos años, la figura de la suegra ha sido un cliché, un tema obligado para comediantes y reuniones femeninas. Sin embargo, la negatividad social con la que se la solía cargar también ha sufrido cambios en la última década.
Los especialistas hablan de que esta relación ha evolucionado: la nueva dinámica familiar implica, por un lado, que las "abuelas" estén más presentes en la vida cotidiana y en el cuidado de los nietos, pero que a la vez las suegras sean mujeres más jóvenes. No en edad, sino en la etapa vital. Muchas trabajan, estudian, hacen cursos, viajan y tienen poco tiempo (o ganas) de complicarle la vida a nadie. "Nosotros estamos felices viviendo juntos. La clave es hablar todo y saber poner límites", dice Ronald Mackenzie, un cirujano de 39 años que vive en Villa Devoto con Ana, la madre de su mujer, y está encantado (ver aparte).
"Los conflictos con la suegra pueden tener una magnitud de 1 a 7 en la escala Richter. Pero no son un problema familiar sino de pareja: la clave y la solución no está en la suegra sino en ellos. Dependerá de que el hijo sepa establecer límites a su madre y evidenciar el aprecio que tiene por su pareja. Ésa es la única receta para ser feliz con una suegra cerca", asegura la psicóloga Beatriz Goldberg, autora del libro Suegras: técnicas y estrategias para la supervivencia , de Editorial Lumen.
El año pasado, la Cámara Civil y Comercial de Mendoza estableció en un fallo que "convivir con los suegros genera daños al espíritu" y ordenó la indemnización por daño moral a una mujer que se vio obligada a vivir durante ocho años en la casa de los padres de su marido.
Conflictos como éste son los que retrata la serie Monsters In Law , o Viviendo con el enemigo , que se emite desde agosto en A&E, con casos reales de matrimonios que pasan profundas crisis a causa de la familia política.
Según una investigación que realizó la psicóloga de la Universidad de Cambridge Terri Apter, el problema con la suegra es principalmente femenino. De acuerdo con un relevamiento que hizo la investigadora, el 64% de las mujeres declararon tener una relación hostil con la suegra, contra el 15% de los hombres.
¿Qué hacen los maridos para resolver esta guerra fría entre mujeres? "Habitualmente, poco. Los hombres tienden a ignorar, o ni siquiera perciben, los sutiles dardos que vuelan entre su esposa y su madre; prefieren mantenerse al margen", dice Apter. Un estudio italiano, hecho sobre la base de datos del Instituto Nacional de Estadísticas, descubrió que las posibilidades de que un matrimonio dure aumentan cada 100 metros que la pareja pone entre su casa y la de sus suegros.
"Cuando la suegra convive con la pareja, se trata de un tercero que por más buena voluntad que tenga es testigo, es una presencia, que puede interferir en la intimidad de la pareja, intimidad que es de a dos, no de a tres. De acuerdo con cómo la suegra participe en la dinámica de la pareja, puede ser un bálsamo o motivo de graves conflictos que pueden llevar a la ruptura", explica Mónica Cruppi, miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y especialista en vínculos.
Es una relación ambivalente. "Está compuesta a la vez por elementos afectuosos y hostiles: celos, rivalidad, envidia, rabia, todos derivados edípicos. Por eso, depende fundamentalmente de la madurez emocional de la familia. Cuando una suegra plantea problemas en una pareja, en la mayoría de los casos se debe a que los cónyuges no han llegado a un acuerdo sobre los límites en que deben desarrollarse las relaciones con sus familiares", agrega.
Crear acuerdos prenupciales que incluyan a la suegra: ésa es una de las estrategias que mencionaron los especialistas para llevarse bien con ella. No se refieren a lo económico, por supuesto, sino a qué tipo de relación e injerencia le darán a la mujer, sobre todo cuando se convierta en abuela, explica Goldberg.
¿Es posible la paz familiar conviviendo con la suegra? ¿O lo recomendable es evitar esta convivencia? La pregunta es obligada.
"Es posible la armonía familiar, pero lo más adecuado es evitar la convivencia", sentencia Cruppi.
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