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El amor en tiempos de grieta: ¿cómo sobreviven las parejas de opuestos políticos?

Josefina Marcuzzi
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25 de octubre de 2019  • 12:25

Unas noches atrás, mientras cenaban en familia, Alberto Fernández apareció en la tele y Francesca, que tiene 5 años, les dijo a sus papás: "Chin chin, mami y papi. Chin chin por Alberto". Agustina largó una carcajada, levantó el vaso y lo chocó con su hija. Guillermo mantuvo el silencio y le dio un beso. La comida continuó en paz. La familia vive en una casa en el centro de Rosario, Santa Fe. Agustina Benitez Gatto tiene 33 años, es oriunda de Chaco y Licenciada en Comunicación. Conoció a Guillermo Percoco a través de Twitter; él es analista en sistemas, están juntos hace 9 años y casados hace 8.

Agustina vota al Frente de Todos y trabaja en el Concejo de Rosario. Al momento de ir a las urnas, él elige Juntos por el Cambio, aunque se reconoce menos militante que su mujer. "Los temas políticos suelen terminar con los dos en cada rincón del ring, hemos llegado a levantar el tono. La discusión puede generar un clima tenso, pero después se pasa, nuestra vida gira en torno a otras cosas. La prioridad es la familia, por más que yo trabaje en política", explica ella.

Guillermo es de Cambiemos y Agustina kirchnerista
Guillermo es de Cambiemos y Agustina kirchnerista Crédito: Marcelo Manera

En la mayoría de los casos de uniones exitosas a lo largo del tiempo, hay algunas claves en común: la tolerancia frente a las diferencias ideológicas, darse el espacio para el diálogo siempre que uno de los dos lo necesite, evitar temas delicados y ejercitar el sentido del humor. Y por sobre todo, un proyecto en común motorizado por el sentimiento que trasciende las diferencias ideológicas.

Intensidad

"Yo vivo todo este proceso con más intensidad. Vengo de familia peronista, fui educada políticamente. Pero no veo mal que Guille lo transite desde otro lugar, como ciudadano, con un interés que sólo despierta en época de elecciones. Él aprendió a que le resbale lo que no le interesa, y eso es un motivo de admiración para mí. Quisiera que no me afecte tanto lo que otros opinan en términos ideológicos", agrega Agustina.

Ella admite que es la que suele iniciar las conversaciones porque se siente "con ventaja". Guillermo prefiere atenuar la tensión y encontrarse con Agustina en los puntos en los que coinciden. Cuando los temas de discusión se tornan pesados, eligen descomprimir con chistes o bajar el tono con algún comentario irónico. Por su militancia en los barrios y las actividades comunitarias que realiza, para Agustina las diferencias son más difíciles de sobrellevar que para Guillermo.

A Agustina y Guillermo no los separa la grieta
A Agustina y Guillermo no los separa la grieta Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera

"Las parejas conectan mejor cuando hablan más de lo que sienten que de lo que piensan. Cuando más que entrar en polémicas argumentales hablan de sí mismos, de lo que les pasa, y de lo que quieren hacer en común con el otro. La afinidad emocional o el hecho de compartir valores de vida no depende de compartir ideas políticas", sostiene Miguel Espeche, psicólogo especialista en vínculos.

Las diferencias enriquecen el panorama, en cualquier ámbito, siempre y cuando no estén mediadas por la competencia.
Miguel Espeche

Relaciones de meses, años e incluso décadas de matrimonio: kirchneristas y macristas, de izquierda y de derecha, peronistas y radicales. Las estrategias para resistir al año electoral y sostener los cimientos del amor sin resbalar en la grieta son variadas, tanto como las personalidades de los protagonistas.

En las redes

"¿Cómo sobreviven las parejas ideológicamente opuestas o distantes en los años electorales?", preguntó una usuaria de Twitter unos días atrás. Los comentarios fueron múltiples y muchos de ellos contaron que se habían separado en el transcurso de 2019 por esas diferencias. Pero algunos sobreviven. "Yo troska, él peronista. Nos matamos a veces y discutimos todo. Otras llevamos la discusión hasta ahí nomás. Nos reímos mucho y nos indignamos más. Tengo la teoría de que cuando duermo él quiere peronizarme, pero nunca lo logra", fue la respuesta en forma de tuit de Milagros Rodríguez.

Ella tiene 30 años, vive en Capital Federal y milita en el FIT. Quién hoy es su novio fue durante mucho tiempo su amigo; se conocen hace más de 20 años pero están juntos hace 9. Él es Carlos Sotelo, viene de familia peronista y hoy vota al Frente de Todos. Milagros admite que su militancia política se fue profundizando los últimos cuatro años, mientras que su compañero lo vive de un modo menos comprometido.

"Creo que pesan más las coincidencias que las diferencias. Si bien hay una divergencia ideológica, no llega al punto de perjudicar la construcción de la relación. Compartimos una base de pensamiento sobre temas como la lucha por los derechos humanos, o la reivindicación de los derechos de los trabajadores. Esa base es compartida, indiscutida e indispensable", explica Milagros.

Los dos coinciden en que la diferencia fundamental está en las formas que tienen los partidos que los representan a cada uno. Ella admite que esas diferencias le pesan, que suele enojarse, pero que él busca conciliar y allí radica, en cierto modo, el éxito. "Nunca tuvimos crisis por diferencias políticas, pero sí discusiones intensas, al punto de no llegar a hablarnos durante horas".

El avance del movimiento feminista marcó una nueva grieta entre ellos, porque para Milagros la diferencia entre el partido de izquierda y el peronismo, en términos de propuestas concretas para este colectivo, es enorme. "Alberto Fernández no es lo suficientemente claro en su postura, lo demostró en el debate. Ponen en las listas candidatos pro-vida pero se dicen la revolución".

En el mismo tuit mencionado anteriormente, muchas respuestas fueron: "te separás antes", "es imposible", "te peleás el domingo cuando se defina el nuevo presidente". Las posiciones son tan variadas como las formas de vivir la grieta.

"Depende de qué tan importante es la política para cada uno. Creo que las personas que están muy comprometidas con una ideología difícilmente puedan construir un vínculo con alguien que tiene valores muy distintos. En gente que no está tan involucrada, y la política no es un tema en sí mismo, puede ser viable", considera Cecilia Ce, psicóloga y sexóloga.

Y en la vida real

Mirko y Eugenia, juntos pese a la grieta
Mirko y Eugenia, juntos pese a la grieta Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Mirko Lagana y Eugenia Lugones se enamoraron hace 14 años. Ambos son oriundos de Deiraux, provincia de Buenos Aires, pero se encontraron cuando fueron a estudiar a La Plata y desde entonces viven juntos en la ciudad de las diagonales. Cuando descubrieron sus diferencias políticas decidieron que no iban a hablar del tema; prefirieron evitar roces y construir un vínculo basado en los gustos en común. Él viene de familia peronista; ella vota Juntos por el Cambio. Hoy tienen a Margarita, su beba de apenas ocho meses.

"En nuestra pareja cada uno está muy convencido de lo que piensa. Sufrimos las discusiones políticas, por eso nuestra fórmula es evitar el tema. Este año con la campaña, los carteles y spots publicitarios, se tornó más difícil. Está más visible y se vuelve más denso. Hay ciertas estrategias que tratamos de mantener: no mirar televisión, evitar tocar temas como obra pública o corrupción, desviar el tema de conversación cuando surge en almuerzos familiares", explica Mirko.

"Las diferencias enriquecen el panorama, en cualquier ámbito, siempre y cuando no estén mediadas por la competencia o la perspectiva de exclusión del otro. La ideologización de la política de hoy está muy beligerante, por eso es fundamental construir desde el respeto. Y en este sentido, no creo que las diferencias políticas sean un motivo para separarse.", agrega Espeche.

El amor a distancia política y a distancia física también es posible. Ella es misionera y se define como "de derecha"; él vive en Buenos Aires y es peronista. Carla Potiliski y Juan Wilk se conocieron por Instagram y apenas se vieron, se gustaron. A los cinco minutos de la primera cita debatieron sobre legalización del aborto y Juan pensó en cómo iban a hacer "para no matarse". Hace ocho meses que lo logran con éxito.

"Nunca dudé de que es la relación que quiero. Prefiero discutir con una persona que piense diferente antes que estar con alguien que no le interesa la política ni se pregunta nada", dice Juan. Para ellos fue fundamental entender que cada persona ve la realidad condicionada por el ambiente y el contexto en el que creció y se desarrolló. "Por eso tratamos de no juzgarnos, debatir y escucharnos. Entender al otro nos parece fundamental", agrega Carla.

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