El atípico arte de Yoko Ono cautiva y desconcierta
Todo o nada: las obras de la viuda de John Lennon, que se exponen en Recoleta, generan controversia entre los visitantes.
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Las construcciones que Yoko Ono, viuda de John Lennon, expone en Buenos Aires despiertan en los visitantes una gama de emociones que van desde la admiración y el fanatismo por lo que consideran una "majestuosa obra de arte" hasta risotadas de incomodidad e incomprensión.
Las exposiciones se presentan simultáneamente en el Centro Cultural Recoleta y en el Museo de Arte Moderno, y se podrán visitar hasta mediados de noviembre.
En la muestra Ex It, cien ataúdes se ubican en un enorme galpón. Del interior de cada uno de ellos crece un árbol. "Seis enormes ventanales iluminan el ambiente y el trinar de los pájaros, que difunden dos altavoces, lleva indefectiblemente a la reflexión", aseguró Jorge Zerda, responsable de las visitas guiadas del museo.
"Me parece muy interesante porque podés formar parte del arte. Tenía un rato libre y es bárbaro estar acá sentada sobre un ataúd. Se te vienen muchas cosas a la mente", manifestó Lucía Srodek, de 25 años, diseñadora de modas.
"Es bastante fuerte, porque indudablemente esto está relacionado con la muerte. Pero me gusta porque es un lugar donde podés pensar mucho", comentó Damián D´Primio, de 31 años.
En esta muestra no se realizan visitas guiadas. "No explicamos el significado de esta obra porque sería neutralizar los contenidos. Cada visitante encuentra un sentido diferente en esta exposición y eso es fascinante", explicó Zerda.
Empleados del museo recorren a diario el galpón para mantener en buen estado los cien árboles, de la especie Ficus. En los próximos días, se instalarán lámparas artificiales para que todos reciban luz, ya que algunas zonas son muy oscuras.
Raúl Ferrario, de 47 años, comerciante, caminaba cabizbajo entre los ataúdes. Sólo se detuvo para levantar dos hojas caídas de uno de los árboles. "Es un recuerdo de una obra de arte maravillosa", aseguró.
Pero a pocos metros de allí, Paula Mena y Gonzalo Malvido no podían creer lo que estaban viendo. "No entiendo cómo pueden decir que esto es arte", se quejó Mena.
"Me parece mal que le den espacio a este tipo de obras. ¿Cuál es el sentido de sentarme sobre un ataúd?", cuestionó Malvido, de 23 años.
"Yoko Ono me gusta desde siempre. Soy fanático del libro que escribió, "Pomelo". Pero la verdad es que la muestra me resulta más interesante que grata. Este tipo de arte sorprende mi gusto", reconoció Rafael Cippolini, de 31 años.
Desde la inauguración de la muestra Entrance, hace dos semanas, concurrieron al Centro Cultural Recoleta cerca de 9000 personas, según estimó una de las autoridades del establecimiento.
A pocos pasos de la entrada, el visitante se encuentra con seis puertas blancas. Pero no todas conducen a la muestra, pues algunas son falsas.
Puertas y más puertas
La mayoría de los visitantes se asegura el ingreso trasponiendo un cortinado azul situado en uno de los extremos. Sólo después de haber recorrido la exposición se atreven a jugar con otras dos pequeñas puertas, ubicadas dentro de la construcción.
Una de ellas posee dos espejos enfrentados, por lo que la imagen se reproduce innumerables veces y crea la sensación del infinito. La otra es extremadamente angosta, con lo cual, aunque lo intenten, muchos no logran atravesarla.
"Esto es fantástico. Te abre la mente", expresó Nelson Oroz, mientras invitaba a los otros espectadores a pasar por la puerta de los espejos.
Con expresión reconcentrada y ajeno a lo que ocurría a su alrededor, Agustín Ferrario observaba una tabla de ajedrez, pintada totalmente de blanco.
"Me parece interesante porque es una forma optimista de ver la vida", indicó María Marta Vecchiet, mientras en cuclillas señalaba un montón de piedras apiladas en el piso.
Desconcertados frente al arte de Yoko Ono, una pareja de franceses no podía encontrar la entrada a una de las muestras y debió buscar ayuda. Al igual que muchos otros, Frederique y Regis se sintieron desubicados frente a la obra y se retiraron con caras de fastidio.
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