
El caso Gangeme, cerca de esclarecerse
Un testigo se convirtió en el principal sospechoso; el juez estuvo en la Capital.
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TRELEW, Chubut.- Luis Azar, un comerciante de Trelew que dijo haber sido el primero en ver el cadáver del asesinado periodista Ricardo Gangeme, se ha convertido en las últimas horas en un verdadero testigo bajo sospecha.
Gangeme, controvertido editor de un semanario sensacionalista en esta ciudad de 80.000 habitantes, fue muerto el pasado jueves 13, minutos antes de la 1.30 de la mañana, frente al céntrico edificio de departamentos en el que vivía. A esa hora fue encontrado dentro de su auto, con un disparo de calibre 38 en su sien izquierda, y su muerte despertó aquí una tormenta de versiones y rumores que aún no se acallaron.
Aunque las primeras pistas de la investigación se orientaron hacia un empresario local, Héctor Fernández, a quien Gangeme venía denunciando desde El informador chubutense, en los días siguientes al homicidio cobró fuerza la hipótesis de que el periodista había sido asesinado por razones que hacían más a su vida privada que a su actividad profesional.
Ahora, más de dos semanas después del homicidio, el cerco sobre el asesino parece estar casi cerrado y la llave para entrar en él parece ser el testigo Luis Azar. "Azar sabe más de lo que dijo", afirmó ayer a La Nación una alta fuente policial.
"Lo que tenemos que determinar es si se calla para proteger al asesino o si él mismo es más que un simple testigo", dijo la fuente.
Para los investigadores, la aparición de Luis Azar en medio del caso Gangeme fue propia de un paracaidista. Seis días después del homicidio, y cuando nadie pensaba en él ni lo había visto rondar el lugar del crimen, Azar se presentó ante el juez Florencio Minatta y dijo que había sido el primero en ver el cuerpo baleado del periodista, segundos después del asesinato.
Según su relato, Azar había estado en el casino hasta la 1.5 de la mañana, y después de comprar cigarrillos se había ido para su casa, un departamento en el mismo edificio en el que vivía Gangeme.
Le aseguró al juez que había estacionado su auto en la esquina, abrió el baúl para sacar una campera y cruzó la calle para entrar, cuando advirtió que el auto del periodista estaba frente a la puerta del edificio, mal estacionado y con las luces encendidas.
Al pasar por delante del coche, contó, vio el cuerpo de Gangeme caído sobre el volante, con el balazo en la frente. Luego subió a su casa, desde donde intentó llamar al hospital para que enviaran una ambulancia, y avisó a la policía.
Hasta aquí su relato, que fue bueno hasta las tres de la madrugada del viernes 21.
En ese momento, el juez Minatta observó una reconstrucción de los hechos para ver cómo "actuaban" los testigos, y la situación de Luis Azar comenzó a complicarse aceleradamente.
Poco creíble
Lo primero que los investigadores notaron es que ninguno de los demás testigos creíbles -siete en total- había visto a Azar en el lugar del crimen.
Lo segundo que advirtieron es que era imposible que él no hubiera escuchado el tiro, como afirmaba, y lo tercero que les llamó la atención es que si tres testigos, desde casi una cuadra y media, habían visto correr a un hombre de buzo rojo que se alejaba de la esquina, Azar, que estaba a 20 metros, no lo hubiera visto.
Estas sorprendentes lagunas en su relato volvieron la atención sobre él.
Los movimientos de Azar en los minutos siguientes al crimen aún desvelan a los investigadores.
Lo que más les sorprende es que no haya vuelto a bajar enseguida a la calle, y sospechan que pudo haber hecho más llamadas de las que contó.
Una fuente judicial aventuró a La Nación , anoche, que antes que al hospital y a la policía, Luis Azar llamó a su hermano Raúl, quien a su vez hizo otras llamadas inexplicables: entre ellas, a una ex mujer de Luis, Diana Gercovici, a quien en Trelew vinculaban sentimentalmente con Gangeme, y a la esposa del periodista asesinado, Norma De Benedetti.
La hipótesis que manejaban anoche los investigadores era que Raúl Azar había dicho a alguna de las dos mujeres: "A Ricardo lo mató un hombre de sobretodo negro, que llevaba un maletín".
Si esta hipótesis es cierta, ¿cómo hizo para saberlo, si no se lo dijo su hermano?
Los puntos oscuros
Luis Azar, en las últimas horas, ha terminado por transformarse de testigo en sospechoso.
Para los colaboradores del juez Minatta y los policías que investigan no hay una explicación lógica a que no haya escuchado el disparo ni visto a nadie escapar de la escena del crimen.
Para ellos, aunque no lo admiten oficialmente, las posibilidades son dos: o Luis Azar vio al asesino, lo reconoció y ahora calla para protegerlo, o tuvo en el crimen alguna participación -movido por razones pasionales y/o económicas- que lo podría llevar a la cárcel en las próximas horas.
Ayer, a las 11, durante una brevísima conversación con este enviado, Luis Azar dijo que ya no hablaba con el periodismo porque le habían tergiversado lo que decía, y que no sabía más de lo que le había dicho a Minatta.
Después, dio por terminada la charla. El hombre estaba en su negocio de venta de ropa en el centro de Trelew, y se lo veía nervioso y preocupado.
No era para menos: en este pueblo convulsionado por el asesinato de Ricardo Gangeme, el dedo que hasta hace una semana apuntaba a Héctor Fernández ahora le apunta a él. Quienes investigan el homicidio tienen una sola certeza: el cerco sobre el asesino ya casi está cerrado, y la llave para abrirlo la tiene Luis Azar.



