
El cigarrillo suele ser un amigo poco fiable
Una campaña publicitaria apela a la amistad para vender tabaco; el autor explica cómo se daña el organismo al fumar
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Dicen que sobran los dedos de ambas manos para contar los amigos que uno tiene o que el número de amigos está en razón inversa de su valor. Como fuere, no estamos solos ni mucho menos desamparados. Aún hay quien se ocupa de nosotros: ahora es posible comprar un atado de 14 cigarrillos ¡por un peso solamente! "¿Cómo?, ¿tan barato?", preguntará usted. Y, sí, precio de amigo.
Ese es, al menos, el mensaje publicitario con el cual amaneció empapelada la ciudad porteña a comienzos de esta semana. Debe haber sido, aunque grosero, un error. Después de todo, ¿qué clase de amigo es aquel que esclaviza, intoxica y termina matando a su compañero, y encima se jacta de que apenas le cobra un par de monedas de 50 centavos por su alevosía? "Luego de una pitada, la nicotina ingresa rápidamente en el sistema nervioso central, en donde activa un complejo mecanismo de mensajes químicos y neurobiológicos mediado principalmente por la dopamina", explica a La Nación el doctor Eduardo Kalina, profesor titular del curso de posgrado en adicciones de la Universidad del Salvador.
Y añade que ese circuito de neurotransmisión es también conocido como "de recompensa" o "de la felicidad", por su íntima relación con las experiencias cerebrales placenteras.
Tanto es así que Alan Lechner, actual director de Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos (NIDA), usa la expresión "religión de la dopamina", al referirse al tabaquismo y a otras adicciones.
El cigarrillo es considerado una droga por el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de los trastornos mentales de los Estados Unidos , e integra la lista de las adicciones graves en los tratados más prestigiosos, como el Drug Abuse Handbook, de Steven Karch, y el Libro de Tratamientos de Abuso de Sustancias, de la Asociación Americana de Psiquiatría.
Kalina compara el hábito de fumar con la automedicación: "La gente busca en el cigarrillo una forma de controlar la ansiedad y la depresión; pero paga, a cambio de la sensación que le ofrecen los químicos compulsivamente inhalados, un precio extremadamente alto: el 45 por ciento de los fumadores -casi uno de cada dos- morirá por causa del tabaquismo o enfermedades relacionadas".
Pérdida irreparable
El fumador pierde, en promedio, entre 20 a 25 años respecto de su esperanza de vida estadística; una buena parte de la calidad del tiempo que le queda por vivir también se esfuma.
En el informe presentado a las autoridades de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 1999, la doctora Silvana Rubano, del Instituto del Cáncer de Brasil, denuncia a las cinco marcas de cigarrillos de mayor venta en ese país por manipular la concentración de nicotina, no dentro del cigarrillo, sino en las entrañas del propio consumidor.
Sólo basta con agregarle al producto una pizca de sales de amonio para que, tras cada bocanada de aire contaminado, se potencie todavía más la absorción y el efecto de la nicotina en los centros cerebrales.
Nadie mata por tabaco; tal vez sí por un poco de cocaína. No obstante, se sabe que la abstinencia de la nicotina puede ser todavía más violenta que la de aquel polvo.
El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH) declaró que, en 1993, sólo el 3 por ciento de los 20 millones de estadounidenses que habían comenzado tratamientos para dejar de fumar había podido deshacerse del hábito por métodos puramente psicológicos.
"Se trata de una de las sustancias más adictivas que la humanidad haya conocido", comenta el doctor Steve Adelman, de la Harvard Vanguard Medical Association, que asegura que la dependencia a la nicotina es, en muchos casos, superior a la generada por la heroína u otras drogas. El constante bombardeo de publicidad y la aceptación social hacen que dejar de fumar sea todavía más difícil.
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En la aldea global existen 1100 millones de fumadores; de ellos, el 70 por ciento vive en los países subdesarrollados. Allí estamos nosotros, con uno de los índices de tabaquismo más altos de América latina: el 34 por ciento de los argentinos fuma. A menor nivel sociocultural, mayor consumo. De los mayores de 15 años que viven en villas de emergencia, más de la mitad fuma o ha fumado regularmente en alguna etapa de su vida.
El Banco Mundial reveló que un impuesto del 10 por ciento al precio del tabaco en todo el mundo produciría que 40 millones de fumadores dejaran el hábito y, de esa forma, 10 millones de muertes serían evitadas. En varios países de Europa es difícil comprar cigarrillos por menos de tres o cuatro dólares; en la Argentina, el atado vale un poco más de un peso.
¿Por qué? ¿Ignoran nuestros gobernantes la magnitud del daño y el engaño social de las tabacaleras; o lo saben pero, por miedo o impotencia, optan o deben mirar hacia el costado? ¿Son corrompidos, acaso, a cambio del silencio o el entorpecimiento de leyes para promover la lucha contra el tabaquismo? ¿Elegimos funcionarios o empresarios con el voto? "Cada día, cada vez que bajo del auto para llamar a tu puerta, durante esos 10 segundos, me hace feliz pensar que nadie responderá. Cuando eso ocurra, sabré que finalmente te has animado a dejar este condenado barrio y que te habrás ido en busca de una vida mejor", le confiesa el mejor amigo del personaje interpretado por Matt Damon en el film "En busca del destino". Damon, en el papel de un joven dotado de una extraordinaria capacidad para la lógica y la matemática, tenía infinitas oportunidades laborales -a diferencia de sus amigos, más limitados intelectualmente y sin educación universitaria-, pero continuaba trabajando en una obra.
Su amigo deseaba que el genial personaje interpretado por Damon volara. Le dolería dejar de compartir junto a él la tediosa jornada laboral. Aquella escena conmueve porque capta, transmite y alza el espíritu más profundo de la amistad: el deseo sincero de la libertad del otro, el amor como desapego, que no sabe de sumisión ni de esclavitud. Un amigo sólo le pertenece a sus propios sueños.
"Precio de amigo. Un peso", convidan los carteles. Debieran decir, en verdad, "precio de canalla y embustero".


