
“Cambió la forma de vivir”. El creador de “las ciudades de 15 minutos” destacó los desafíos de CABA y un caso modelo del país
El urbanista Carlos Moreno conversó con LA NACION sobre el futuro de las urbes; considera que el principal problema en la ciudad de Buenos Aires es la “falta de continuidad”
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En 2010, el urbanista Carlos Moreno comenzó a desarrollar la idea de las “ciudades de 15 minutos”, un modelo en el que las personas pueden acceder a sus principales necesidades —trabajo, educación, comercio, salud y ocio— en las proximidades de sus hogares. Hoy, 16 años y una pandemia después, el concepto se popularizó enormemente y muchos centros urbanos del mundo lo incorporaron.
Moreno, nacido en Colombia pero instalado en Francia desde sus 20 años, dicta clases en la Universidad I Panthéon-Sorbonne, en París, donde la alcaldesa Anne Hidalgo puso en marcha un plan para convertir a la capital francesa en una ciudad de proximidad e impulsó así el concepto de forma global. Este martes, el experto estará a cargo del acto de apertura del V Congreso Internacional de Ciudades Inteligentes organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Además, será distinguido como Doctor Honoris Causa por la UBA, en reconocimiento a su influencia en el diseño de ciudades más humanas y sostenibles.

En una entrevista con LA NACION, habló sobre los avances y las deudas pendientes en materia de proximidad de la ciudad de Buenos Aires, los aprendizajes que dejó la pandemia para las urbes, por qué un barrio de Bariloche representa al urbanismo del siglo XXI y cómo serán las ciudades de las próximas generaciones.
—Buenos Aires se adhirió en 2022 al programa de Ciudades de 15 minutos. Cuatro años después, ¿qué aspectos de la ciudad cambiaron en esa dirección y cuáles son las deudas pendientes?
—Buenos Aires ha tenido un compromiso con la anterior administración bastante concreto en la lucha por la urgencia climática. Como miembro de la red mundial de la C40 [El Grupo de Liderazgo Climático, constituido por un grupo de ciudades que aúnan esfuerzos para reducir las emisiones de carbono en la atmósfera y adaptarse al cambio climático], Buenos Aires estuvo efectivamente participando en acciones para bajar las emisiones de CO2, aumentar la biodiversidad, tener parques lineales, aumentar las zonas verdes e inaugurar calles peatonales con actividades culturales y comercio, como la calle Vera. Además, después de la pandemia, el microcentro estuvo muy afectado por la pérdida de gente que viene a trabajar de manera presencial; entonces se cambió el código urbanístico para permitir el multiuso de infraestructuras por fuera de las actividades corporativas.
Con mi equipo de la Sorbona hicimos un plan llamado 48 calles, con el cual generamos un diagnóstico bastante preciso y un plan estratégico para transformar la ciudad de Buenos Aires como lo que hicimos en París —menos CO2, más biodiversidad, más movilidad bajo carbono, más proximidad, más comercio, más actividades de cercanía—, que se entregó a la nueva administración. La deuda principal, entonces, diría que es una en particular: la falta de continuidad de esta administración respecto a lo que se decidió en la administración precedente, algo que sucede en muchas ciudades del mundo.
—Su idea de las ciudades de 15 minutos nació antes, pero se popularizó enormemente durante la pandemia. ¿Qué fue lo que la pandemia nos enseñó sobre las ciudades?
—La pandemia del Covid nos enseñó 3 cosas: en primer lugar, que podemos trabajar de una manera distinta. Hasta el Covid nadie sabía usar Meet o Zoom. La actividad era 100% presencial. El Covid nos enseña que podemos trabajar 3 días acá, 2 días a distancia. En segundo lugar, encontramos la importancia de darle un sentido a la vida profesional. Es decir, que tenemos vida personal, familiar, social y esto conlleva una transformación porque la gente considera que el tiempo ya no es 100% laboral. Y la tercera enseñanza es la importancia de la proximidad. Cuando con la pandemia se volvió imposible desplazarnos, nos quedó la proximidad. Con la familia, con los comercios, con los espacios verdes. Mucha gente conoció a los vecinos allí, por ejemplo. Y eso llevó a un cambio en la manera de vivir en las ciudades de todo el mundo.
—Usted empezó a trabajar en este concepto hace más de diez años. ¿Qué aprendió sobre su propia teoría en este tiempo? ¿Cuál es el balance?
—Schopenhauer decía que la innovación tiene 3 fases. En la primera te consideran un loco. En la segunda, cuando empezás a testear la idea, te dicen “eso no va a funcionar”. Y en la tercera, cuando la idea funciona muy bien, te dicen “eso ya existía, no has inventado nada”. En estos años aprendí que eso es exactamente así. En la primera fase me decían que la gente se comprara un libro y leyera en el trayecto a su trabajo porque al menos tiene un salario. En la segunda fase me decían ok, sí, pero igual no va a funcionar porque a la gente no le interesa cambiar su forma de vida; el auto es libertad. Y en la tercera fase, cuando se ve que funciona, me dicen que son los barrios de antes, la manera de vivir de hace mucho tiempo.

Esto nos enseña que la ciencia es muy importante para las estrategias de ciudades. Yo no soy político, soy científico. Mi función es la de tener ideas, apoyarme en datos y estudios y proponer hipótesis. Para los científicos no es ninguna vergüenza que una idea no funcione. Lo primero es dudar para explorar. Entonces el éxito mundial de este concepto está en el hecho de que no es un dogma ni una verdad absoluta; tiene una gran capacidad de adaptación. Por eso nunca le puse patente ni registré lo que he hecho.
Este concepto no es un fin en sí mismo; es un marco de pensamiento para mejorar la calidad de vida y el bienestar. Por eso el número de minutos que se hizo famoso, 15, no es un dogma. En Holanda, por ejemplo, es de 10 minutos; en Oregón, de 20 minutos. En España, 30 minutos. En otras partes se llama “la ciudad compacta” o “la ciudad completa”. Para mí es un orgullo porque la ciencia da un marco que puedes adaptar según el contexto gracias a los gobiernos y los científicos que localmente lo adaptan. En estos 10 años se extendió a ciudades metropolitanas, luego a ciudades intermedias y pequeñas y luego a pueblos. El nuevo camino, que es el título de mi próximo libro, es la proximidad como un derecho. Desde un pueblo pequeño hasta un país.
—Usted acaba de estar en Bariloche y dijo que Bariloche del Este, un nuevo barrio, “representa el urbanismo del siglo XXI”. ¿Qué vio allí que le hizo hacer una afirmación tan contundente?
—San Carlos de Bariloche es una ciudad icónica que conoció un urbanismo muy típico del urbanismo desparramado atentatorio contra la calidad ambiental. El área de Bariloche en extensión es más grande que la de Buenos Aires, pero su densidad está realmente desparramada. Se han construido muchísimas casas individuales que van hasta el final de la parte de tierra donde está el Llao Llao. Eso es lo que no hay que hacer, no hay que hacer casas individuales porque cuesta muy caro llevar servicios casa por casa en distancias tan grandes. Además, tiene mucha fragilidad ambiental y riesgo de incendios.

¿Por qué digo que Bariloche del Este es ejemplar? Porque recoge esta idea de tener el multiuso en densidad vertical a escala urbana. Pequeños edificios de construcción moderna que mezclan tradición con ventilación natural, zonas verdes, parques, comercio, centros de salud, centros de cultura, hábitat social y asequible. La vivienda asequible y no segregada es uno de los principales desafíos en América Latina. Es decir, que estén los pobres de un lado y los ricos del otro, cada cual viviendo en su lado. La máxima expresión de esto en la Argentina son los countries. En ese sentido, Bariloche del Este es ejemplar porque son 350 hectáreas concebidas realmente con ese espíritu y eso es bastante innovador porque demuestra que se puede.
—Usted va a hablar en la UBA frente a una generación que probablemente tenga una relación muy distinta con la vivienda, el trabajo y el auto que la de las generaciones anteriores. ¿Cómo cree que van a cambiar las ciudades las nuevas generaciones?
—El mundo que le estamos dejando a la nueva generación es inaceptable. En términos de pérdida de biodiversidad, tensiones sociales y económicas. Las imágenes de lo que pasó entre Nepal y China hace pocos días son horribles. Y ese es el mundo que estamos dejando. Tenemos a El Niño ahora en América Latina con inundaciones, sequías y crecidas. Yo quiero que este mensaje les llegue. Ellos tienen la oportunidad de corregir el rumbo que nuestra generación ha mal orientado. Para eso, tenemos que reconectar con la calidad de vida. Y hoy, para ellos, el valor fundamental de la calidad de vida es el tiempo. El elemento más equitativo que existe en el planeta es que el día tiene 24 horas para todo el mundo, pero está muy mal distribuido, porque hay gente que, de esas horas, tiene la obligación de pasar 2, 3 o 4 en un transporte para ir a trabajar. ¿Cuánto tiempo personal, familiar y social nos queda? La vida depende de eso. Cuando la vida pase y no hayamos tenido tiempo para nada, será muy tarde porque el tiempo va para adelante.
Entonces sí, mañana estaré en UBA para decirle a la juventud que ellos son la esperanza de un mundo de mejor calidad de vida. Y, dentro de esa calidad de vida, para tener tiempo útil, hay que lograr proximidad sostenible, en la cual se tiene tiempo para sí mismo y para estar en armonía con la naturaleza.
—Después de haber pensado durante tantos años cómo deberían ser las ciudades, ¿cuál es el mensaje más importante de cara a las ciudades que vienen?
—Hemos escuchado durante prácticamente 70 años que había que pensar globalmente y actuar localmente, pero eso ya no funciona porque el mundo está cruzado por la instantaneidad de las fake news e ideas que crean miedo y comportamientos irracionales. Yo he propuesto invertir esta máxima y agregar un nuevo concepto: pensar local para actuar global estando conectados. Pensar en nuestro entorno y vida cotidiana, actuando globalmente para que nuestras soluciones les sirvan a los otros, interconectados con lo que pasa en nuestros lugares. Tal vez así nuestras vidas tengan otro rumbo.
El V Congreso Internacional de Ciudades Inteligentes
El foro se desarrollará el 1 de septiembre en el salón Auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, ubicado en Uriburu 781.
Bajo el lema “Ciudades+Humanas+Innovadoras”, se debatirá sobre inteligencia artificial, medio ambiente, desarrollo urbano, participación ciudadana, democratización del espacio público, redes de comunicación, Big Data, transporte público sustentable, energía y el tratamiento de residuos.
Según los organizadores, el evento contará con la participación de los intendentes de Córdoba, San Miguel de Tucumán, Lomas de Zamora, Ezeiza, Tres de Febrero, Vicente López y Escobar, además de funcionarios, especialistas de prestigio internacional y del país, que compartirán sus experiencias.
El evento es de participación gratuita, pero requiere inscripción previa.


