
El cura que evangelizó con parapente
Asiste a pobladores de cerros salteños; quería llegar más rápido y se accidentó; hoy predica a caballo
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SALTA.- Testimonio de fe y de esfuerzo, el sacerdote Sigfrido Moroder, el padre "Chifri", vuelve a andar a caballo para llegar a escuelas y parajes en medio de las montañas. En octubre de 2004 se accidentó al caer de su parapente, y quedó limitado a una silla de ruedas. Había decidido experimentar con ese medio de transporte, para desplazarse más rápido en una zona con pasos de hasta 5000 metros de altura sobre el nivel del mar.
No es casualidad que su parroquia, Santa Rita, en la ciudad de Rosario de Lerma, se haya fundado mirando hacia las alturas, con la misión de atender a 21 escuelas y 35 comunidades dispersas entre los cerros, algunas a 12 o 16 horas de caminata.
En la sede funciona un comedor para todos los que lo necesitan. Pensando en los pobladores de la Quebrada del Toro, hace poco abrió un mercado artesanal en Alfarcito, sobre la ruta nacional 51, que llega a Chile en el kilómetro 78. También asiste a 1100 escolares que reciben becas con el apoyo de una fundación de Buenos Aires para seguir el polimodal.
Rosario de Lerma tiene 27.000 habitantes y está 29 kilómetros al sur de la capital salteña.
Cincuenta y seis graduados y alumnos de la Universidad Católica Argentina realizaron una misión en la zona adonde no puede llegar el sacerdote nacido hace 41 años.
El padre "Chifri" contó que en Palomar, a 3700 metros de altura, los chicos no sabían nada de Jesús; no sabían leer, y que su vida era cuidar sus cabritas y ovejitas.
En los cerros hay economía de subsistencia y se trabaja mucho con el trueque. Por entonces, Santa Rita era una pequeña capilla con una obra en construcción y lo primero que instaló fue un aparato de radio tipo BLU para conectarse con las escuelas y poner catequistas para capacitar a las docentes que tienen transmisores de radio.
Siempre practicó deportes, rugby en el Club Ciudad de Buenos Aires e Hindú, artes marciales, vóley, natación, esquí, bicicleta. Aquí buscó alguna actividad, y así conoció a los profesores de parapente, que se practica en el cerro Corralito, cerca de su iglesia. La idea fue incorporarlo en su tarea pastoral. "Luego de trepar doce horas con mochila, el retorno podía ser una bajada hasta el camino."
Así, hizo 200 vuelos, pero cuenta que en octubre de 2004, a 40 metros del suelo, un remolino lo hizo plegar la vela y abrirla dos veces. "Estaba muy cerca del suelo, como columpio con la vela abierta, pero toqué la tierra con la cola", relata.
La caída fue a 10 metros por segundo. "Me quebré la primera vértebra lumbar y eso hizo que tocara la médula; podía quedar paralítico", agrega. Y luego lo operaron de la columna. "Comencé a rehabilitarme lo antes posible y a dos años y medio no uso prótesis; ando con bastones canadienses y camino, manejo, ando en bicicleta y a caballo, hago cinco horas de rehabilitación y tengo la ayuda de Dios", cuenta.
"La oración de tanta gente -agrega- y el cariño de este pueblo tan lindo me ayudaron." A pesar de que era una lesión compleja, luchó por salir de la silla de ruedas. Hoy, oficia misa en cada lugar adonde puede llegar con la camioneta, pero aspira a volver a todos.
Su abuelo, el escultor austríaco León Morader, esculpió imágenes de la catedral de La Plata. Originalmente iba a Mozambique o a Nepal, pero el cardenal Antonio Quarracino no lo autorizó. Después, monseñor Jorge Bergoglio accedió a que fuera misionero. El arzobispo emérito de Salta, monseñor Moisés Blanchoud, le encomendó los pobladores de los cerros. Su vocación surgió de una experiencia misionera en La Rioja, donde estuvo seis años.
Iglesia, huerta y granja
La reducida construcción es ahora una iglesia amplia con varios salones y el comedor; hay una huerta, conejos, gallinas; se hacen quesillos, panes y costura. Los beneficiarios deben trabajar; no interesa la edad. "Las mamás nos turnamos; variamos la comida, y hoy hicimos empanadas", contó Leocadia Mamaní.
Cristina Tolaba de Cabrera recordó que desde hace 11 años trabajan, pero que no tenían local, hasta que el padre les abrió un espacio.
Con el padre Gustavo y una fundación de Buenos Aires se beca a los chicos de los cerros para que sigan el polimodal. Para comunicarse, se puede escribir al e-mail santarita.alfarcito@gmail.com
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