
El desafío del arte digital es tener una actitud crítica
La especialista alemana Monika Fleischmann trabaja con computadoras, pero invita a cuestionar esa tecnología
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Monika Fleischmann abordaba por vías más o menos tradicionales el arte dramático hasta que, sin proponérselo, le tocó protagonizar lo que ella misma considera "la experiencia más importante" de su vida: estuvo internada en una clínica psiquiátrica.
"Ese episodio (y lo difícil que me resultaba demostrar que yo no estaba enferma) me permitió conocer cómo eran las cosas del otro lado de la normalidad. A partir de ese momento comencé a interesarme por las múltiples formas que tiene el hombre de percibir la realidad", explicó la artista alemana, en diálogo con La Nación . Invitada por el Instituto Goethe para participar en Buenos Aires de la Segunda Muestra Euroamericana de Video y Arte Digital, que recientemente coordinó Jorge La Ferla, de la UBA, Fleischmann ha recibido varias distinciones por sus obras interactivas. Desde 1992 dirige en Alemania el Instituto para la Comunicación Mediática, dentro del Centro de Investigación en Técnica Informática (GMD) de Bonn.
Las puertas de la percepción
"El GMD es como la NASA, pero menos famoso -bromea-. Tiene una orientación principalmente matemática, y ahora inició un trabajo de colaboración con los artistas."
Para ella, incorporarse fue un paso muy importante. "Venía trabajando en estos temas desde hacía diez años y siempre tuve la certeza de que si las investigaciones en informática se realizan en forma aislada se pierde de vista la dimensión social de este trabajo. Por eso es importante que intervengan otras disciplinas como el arte, la psicología y la antropología".
Al principio, Monika trabajó en Italia haciendo teatro con pacientes que sufrían trastornos psíquicos. "Elaboraba obras dramáticas a partir de esa percepción distinta que tenían de la realidad los esquizofrénicos o los disléxicos", contó.
La experiencia tuvo resultados curiosos: cuando estas obras eran puestas en escena (es decir, cuando estas lecturas distorsionadas de la realidad eran reelaboradas en forma artística y presentadas ante un espectador supuestamente normal), la platea comenzaba a inquietarse y a contagiar, de butaca a butaca, un único interrogante: a qué distancia de la propia cordura marcar esa frontera que conviene no cruzar jamás. "Si uno logra instalar esta duda, los límites tajantes que hacen de la persona con alteraciones psíquicas un excluido social se disuelven", precisó.
Adaptación cultural
Monika confía en el poder integrador de sus instalaciones interactivas: "Siempre tengo la esperanza de que este tipo de experiencias sirva para que la gente normal, desarrolle una comprensión mayor respecto de aquel que es diferente. ¿Qué es una persona normal?, la que ha sabido adaptarse a su entorno cultural. Nosotros, por ejemplo, tenemos que adaptarnos de determinada manera para no escuchar el ruido que existe en las ciudades, de lo contrario, no podríamos sobrevivir".
Si bien la informática es el soporte ineludible del arte digital, Fleischmann se mantiene alerta para evitar que el vendaval cibernético devore el costado humano de su trabajo.
Una de sus obras más reconocidas es la instalación interactiva "Liquid views", un recinto oscuro donde el espectador-actor se acerca a una fuente virtual (una pantalla que reproduce el aspecto móvil de las superficies líquidas), mientras escucha el rumor creciente del agua. Si se asoma o sumerge la mano en el espejo del estanque ficticio, recibirá a cambio la imagen enamorada de un típico Narciso del año 2000.
"No se necesita ningún equipo especial para participar en esta instalación. La técnica es la que tiene que apoyar nuestros sentidos. La persona está absolutamente libre y eso hace a la instalación accesible para todo tipo de público: nadie siente que tiene que ser un especialista en computación. Además, los cascos y elementos que se usan para ingresar en la realidad virtual suelen atemorizar y yo no quería hacer algo agresivo".
El origen bélico
Si el artista, en la medida en que toma elementos de la vida cotidiana para devolverlos con un nuevo significado, cumple la función de hacer visible aquello que por familiar pasa inadvertido, Monika agrega un ingrediente crítico que neutraliza cierto optimismo bobalicón frecuente entre algunos teóricos.
"Nuestra tarea como artistas no se reduce a llamar a la atención del público sobre las computadoras, sino que también debemos cuestionar esa tecnología. No hay que olvidar que la computadora tiene un origen militar; no fue creada con un fin humanitario sino bélico. Si tenemos en cuenta que es un medio (un arma) de enorme poder, nuestro trabajo no consiste en la mera traducción de su lenguaje, sino en la obligación de mantener una actitud permanentemente crítica".
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