
El descuido y la desidia reinan hoy en la Chacarita
Quejas por el progresivo deterioro; dicen que es un problema de vieja data
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Tumbas y lápidas maltrechas, galerías de nichos que se inundan y un creciente deterioro general son la imagen del descuido y de la falta de control que hoy muestra la principal necrópolis de la Capital, la Chacarita.
A esta crítica situación se le debe sumar otro condimento no menos picante: la carencia de seguridad. Un ejemplo de ello está aún fresco. Ayer a la madrugada, un grupo de vándalos irrumpió en uno de los sectores de las inhumaciones en tierra y causó destrozos en varias sepulturas aunque, según la policía, no hubo profanaciones (ver nota aparte). Pero el deterioro no es de ahora. En los últimos años el cementerio se convirtió en tierra de nadie y todos lo atribuyen a la falta de recursos. Este lugar sólo parece ser conservado por aquellos que lo visitan para recordar a sus seres queridos y lo mantienen. Los que pueden, pagan sus abonos mensuales para que, los cuidadores, se encarguen de hacer lo posible para que los muertos descansen con dignidad.
"Es una lástima que este lugar tan representativo esté destruido y que nadie se dé por aludido", dijo con desdén a La Nación Atilio Bergé, de 39 años, quien todos los viernes le lleva flores a su madre, fallecida hace 10 años. "Cada vez que vengo lo encuentro más abandonado. No lo puedo creer, es una falta de respeto intolerable. Es otra cuestión en que debe ocuparse la nueva Legislatura porteña", confesó indignada Lidia Romero, que acababa de depositar un carta -escrita por su nieto- en el nicho donde descansan los restos de su marido.
También existe otro factor del creciente deterioro de la necrópolis. Un cuidador, que se negó a dar su nombre, dijo a La Nación que "hay tumbas que están descuidadas porque hay gente que se olvida de sus familiares muertos y no abona la tarifa (de 9,10 pesos por mes) para que nos ocupemos del mantenimiento."
Pese a ello, rige otro mito que pueden tener visos de realidad y que pesa sobre estos hombres de delantal azul. Muchas personas acusan a los cuidadores de cobrar precios mayores a los estipulados, de no entregar recibos y de robar las cruces de bronce a los que no pagan sus abonos.
Remodelaciones
Jorge Costamagna, director general de Cementerios, reconoció a La Nación el deplorable estado de la necrópolis a su cargo: "El descuido de la Chacarita es de vieja data. No obstante, estamos realizando obras de remodelación. La más importante es en el crematorio, construido a principios de siglo y único en la ciudad. Antes los dos hornos funcionaban con fuel-oil y contaminaban el aire, los vecinos se quejaban continuamente. Pero el año último, cambiamos uno que ahora funciona a gas".
El cementerio tampoco está ajeno a los efectos de la llamada corriente de El Niño y como la ciudad, también es víctima de las continuas lluvias, por más leves que sean.
Las ocho amplias galerías subterráneas que albergan los sectores de nichos no sólo suelen inundarse ante la primera precipitación por filtración en los techos, sino que también el agua emerge de las baldosas al desbordarse las napas. La humedad, por consiguiente, se concentra y provoca la aparición de hongos y de bacterias que pueden ser peligrosas.
Hoy, las bombas que extraen el agua no funcionan, pero las autoridades prometieron reemplazarlas.
"Los camiones que transportan los ataúdes vacíos chorrean sobre la avenida Jorge Newbery un líquido que sirve para el lavado de los cajones e impregnan en la calle un olor nauseabundo. Los vecinos reclamamos por este problema ante el director del cementerio, pero no hicieron nada", se quejó el presidente de la Asociación Civil Amigos del Parque Los Andes, Rubén López.
Las obras de remodelación parecer no alcanzan para los vecinos, por lo que se quejan sin pausa ante las autoridades que, según ellos, "no hacen nada". A los que visitan a diario el cementerio, estas afirmaciones no podrían ser desmentidas.
La seguridad, otro asunto pendiente
Robos: la policía, la comuna y los cuidadores no pueden explicar el hurto de cruces, mármoles y objetos de valor de las tumbas.
Para cualquiera, el hecho de vivir frente a un cementerio puede resultar desagradable, pero si a esto se le suman los arrebatos y la prostitución, el panorama será seguramente mucho peor.
Rubén López, de la Asociación Civil Amigos del Parque Los Andes, en diálogo con La Nación , comentó que "en los alrededores del cementerio, a causa de la mala iluminación, se ejerce la prostitución y también hay gran cantidad de robos".
La falta de personal de vigilancia constituye una de las principales causas de esta situación, alegaron los vecinos. Sin embargo, las cosas cambian al ser vistas a través del cristal utilizado por la policía.
Según informó a La Nación el titular de la seccional 29a., comisario Alfredo Salomone, "en el cementerio hay un destacamento con un efectivo permanente de nuestra comisaría y la Dirección del lugar tiene contratados a cuatro vigilantes, que hacen constantes recorridos".
No obstante, el director general de Cementerios, Jorge Costamagna, aseguró que "en todas las necrópolis de la ciudad se vive una situación similar a la de Chacarita, aunque aquí es más grave por su gran dimensión. Hay muchas entradas y además tiene la desventaja de tener las vías de ferrocarril alrededor, lo que hace todo más complejo".
Respecto de los robos que se producen dentro del cementerio, y que tienen como blanco a cruces, mármoles y otros objetos de valor que adornan las tumbas, el funcionario opinó que "ya no hay tantos como años atrás. Esto se debe a que los materiales que se utilizan actualmente para los ornamentos son de menor valor, por lo que este tipo de delincuencia ha dejado de ser rentable".
Los empleados se defienden
Alejandro Pérez, un cuidador de bóvedas que trabaja hace más de 20 años en la Chacarita, dijo estar enojado por las versiones periodísticas que afirman que los empleados del cementerio son quienes se llevan los objetos de valor que hay en las tumbas.
"Cada mañana me encuentro con que se han llevado alguna manija o placa", expresó y uno de sus compañeros acotó:"Nosotros no somos quienes robamos las cosas", y como muestra señaló pilas de mármoles y bronces acumulados tras la renovación de uno de los sectores del lugar.
Pérez afirma que "aquí puede entrar cualquiera, el lugar es enorme: tiene diez puertas con sólo 7 porteros. El control de quienes salen y quienes entran se hace imposible".
El traspaso de la fuerza policial a la órbita de la ciudad constituye para las autoridades un principio de solución, pero, por ahora, la seguridad en la Chacarita es incierta.
Vándalos destruyen una veintena de tumbas
Al menos 25 tumbas del cementerio porteño de la Chacarita fueron destruidas en la madrugada de ayer por desconocidos.
El hecho ocurrió cuando un grupo de jóvenes ingresó en la necrópolis, rompió y tiró abajo una veintena de cruces de mármol y de madera, además de arrancar distintos elementos de valor, según informaron fuentes policiales.
Las lápidas dañadas se encuentran situadas camino a la salida del cementerio, sobre la avenida Jorge Newbery, en la sección tercera destinada a sepulturas en tierra.
El principal Orlando Gavilán de la comisaría 29a. dijo que "se trató de un acto vandálico causado al menos por dos personas. No existió profanación y descartamos los móviles religiosos. Dada la hora y la manera en que sucedieron los hechos, sospechamos que los destrozos fueron provocados por jóvenes que salían de bailar", agregó el oficial.
Dijo también que "el cementerio, a partir de las 18, es constantemente vigilado por agentes de esta comisaría, que caminan las calles internas y una patrulla circula por el lugar".
Consultado por La Nación , un empleado del cementerio, que prefirió no dar a conocer su nombre, sostuvo que "los cuidadores del sector ya informaron a los familiares lo que sucedió. Igualmente, la mayoría de las lápidas afectadas ya fueron reparadas, sólo tenían daños menores".
Aunque personal de custodia trató de detener a los sujetos, cuando éstos fueron descubiertos, salieron corriendo del cementerio y no pudieron ser identificados.
Poca vigilancia
Mario Becu, que en la tarde de ayer visitaba la tumba de un ser querido, aseguró a La Nación : "Siempre me quedo hasta tarde en el cementerio. Hay grupos de jóvenes, en su mayoría menores de edad, que rompen las lápidas y la policía no los puede atrapar.
"La verdad -agregó Becu-, que se ve muy poca vigilancia en el lugar. El cementerio cierra sus puertas a las 18, y después de esa hora todavía queda mucha gente adentro. El móvil de la policía no transita nunca las calles internas."
Sandra Zingale, una muchacha que dejaba flores a un deudo, coincidió: "Por acá se ve poca vigilancia. Yo vengo todas las semanas al cementerio y nunca vi un policía o personal de seguridad privada."
En tanto, la policía investiga el hecho, que quedó caratulado como averiguación de daños.
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