El día en que le robaron la billetera a Carlos Gardel
El historiador Daniel Balmaceda, en su libro Estrellas del pasado, cuenta éstas y otras anécdotas desconocidas de personalidades de la historia argentina
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Son los peligros de la marea humana. En 1930 Carlos Gardel ya era una figura de renombre en el tango. Había triunfado en Europa, vendía innumerables discos, ya le había podido comprar una casa a su madre Berta en el barrio porteño del Abasto. También por esos años incursionó en el cine, lo cual le dio aún más popularidad. Los contratos, los viajes, la fama. En 1933 el cantor fue a los estudios de Radio Nacional y una multitud colmó la cuadra. A la salida de la radio la masa se le vino encima: abrazos, besos, autógrafos, apretones de manos. Cuando Gardel llegó al auto, se tocó el pecho. Los amigos, asustados, le preguntaron: "¿El corazón, Carlos?". Gardel se sonrió con picardía y respondió: "¡La cartera!". En el tumulto le habían robado la billetera.
Esta historia poco conocida aparece en el libro Estrellas del pasado, que Daniel Balmaceda publicó en Sudamericana. Allí aparecen más de cien relatos breves, anécdotas entretenidas, situaciones curiosas que vivieron nuestros próceres en tiempos lejanos, algunas de las cuales fueron publicadas en LA NACION entre 2012 y 2014. Otras son inéditas. La información que este historiador vuelca en este libro estaba perdida en cartas, memorias, libros de historias de familias, expedientes, relatos orales, periódicos de la época, anotaciones al margen en algún libro antiguo.
Balmaceda cuenta que lo de Gardel surgió de una nota periodística. La había aportado una persona en un homenaje al más grande del tango en un aniversario de su muerte en el cementerio de la Chacarita. Un cronista de la época recogió ese dato, lo consignó en su crónica, de allí tomó nota este historiador para chequearla y desarrollarla. "Cuando capturo una historia me doy cuenta de que algo en particular puede tener en este momento una significación especial, puede favorecer cierta identificación. Acá hablamos del vivo de siempre", dice. "Esto nos acerca al hecho histórico".
Esta nota anticipa algunos de los relatos plasmados por el autor para dar cuenta de un libro que acerca a los personajes de la historia, que los muestra en situaciones diferentes de las habitualmente conocidas y que, quizá por eso, producen esa identificación buscada por este escritor, autor de best-sellers como Romances turbulentos de la historia argentina, Historias insólitas de la historia argentina, Romances argentinos de escritores turbulentos, entre otros.
Sarmiento con peluca

Según los registros gráficos, a los 40 años Domingo Faustino Sarmiento ya era casi calvo. Cuesta imaginar a Sarmiento con pelo, pero Balmaceda descubrió un retrato que lo muestra con una cabellera tupida y morocha. Fue en 1845, Sarmiento tenía 34 años y vivía en Chile. Concurrió al atelier de un amigo, un joven pintor, y pidió que lo retratara. En esos años, ésa era la forma de perpetuarse en imágenes.
Por esos días Sarmiento había padecido fiebre alta y, según los registros de la época, eso le hizo perder más pelo aún. Entonces, optó por retratarse con peluca. El hombre que lo pintó murió en Buenos Aires en 1871, víctima de la fiebre amarilla, durante la presidencia de Sarmiento.
Cómo aprendió a manejar Fangio
Juan Manuel Fangio tenía 10 años, vivía en la ciudad bonaerense de Balcarce. Por la mañana asistía al colegio, por la tarde había conseguido un trabajo en un taller de reparación de autos y maquinarias agrícolas. También trabajaba los sábados y un rato los domingos, día en que iba sólo él a limpiar. Un domingo se tentó con un Panhhard Levassor, uno de los pocos autos de esa marca que había en el país. Se arrancaba mediante una manivela. El puso la palanca, pegó un salto y con el impulso encendió el motor. Lo corrió para atrás y así aprovechó para barrer el piso del taller.
Como ese auto se mantuvo allí un tiempo, todos los domingos lo movía, luego ya llevándolo hasta la salida del galpón. "Así aprendí a manejar", le contó Fangio a un periodista. Aprendió bastante bien: corrió en toda la provincia de Buenos Aires, luego en el país, después en Sudamérica, más adelante en Europa. Fue cinco veces campeón del mundo en Fórmula Uno. Recién en 1961, después de haber sido campeón del mundo, Fangio obtuvo el primer carné de conductor.

La bandera de Malvinas
El Regimiento de Infantería Mecanizada 7 Coronel Conde fue valiente protagonista de las jornadas decisivas en la Guerra de Malvinas. Durante la noche del 13 al 14 de junio sus trincheras fueron acribilladas por el enemigo. Se estima que los soldados argentinos recibieron la descarga de unas seis mil balas, cuenta Balmaceda. El Regimiento 7 perdió 36 hombres y fueron heridos 152. Ante el inminente desenlace el teniente Omar Giménez les pidió a los soldados que enterraran la bandera para que no quedara en poder de los ingleses.
Pero dos de esos jóvenes se presentaron ante el teniente en medio de la lluvia de balas y le dijeron que el pabellón nacional no debía estar bajo tierra ni entregarse al enemigo. Propusieron desarmar la bandera, se distribuyeron las partes (el paño, la corbata, cinco distinciones y tres medallas) entre varios oficiales y los ocultaron adosándolos entre sus ropas. Cuando terminó el combate estuvieron prisioneros 15 días dentro de un frigorífico. Uno de ellos, con la bandera envuelta en el torso, se las ingenió para no ser descubierto en el chequeo. Pero en un momento los hicieron desnudar y quedó en evidencia. Le apuntaron con un fusil pero no la entregó. Hoy la bandera se conserva en la sala histórica del cuartel, en la localidad de Arana, vecina a La Plata.
Victoria al volante
De vuelta de su luna de miel en Europa, Victoria Ocampo decidió aprender a manejar. Tenía chofer, pero ella prefería la independencia. Su primera vez fue un domingo de carnaval. No tuvo problemas con el auto, pero se sentía incómoda, muy observada porque no era habitual ver manejando a las mujeres. Cada vez que se detenía en una esquina, los hombres parecían aliviarse del desagrado o sorpresa de encontrarse con una mujer al volante al gritarle "machona". También solían decirle: "Andá a lavar los platos". Otros se escandalizaban y comentaban: "¡La hemos visto a Victoria manejando de manga corta y sin chofer!".
Una vez, a la una de la mañana, la paró un "zorro gris", como se les llamaba a los policías que estaban en la calle; le sacó charla, le preguntó por qué viajaba sola, entre otras cosas. Cuando ella le dijo: "Me esperan en casa, no tengo más tiempo". Y puso el pie en el acelerador. El le alcanzó a decir: "No se olvide, aunque sea un policía no se pare en la calle". A lo que ella respondió: "Entendido. Y usted dedíquese a parar a todos los autos que van corriendo carreras".
En la tapa del libro están dibujadas todas estas figuras históricas y otras tomándose una autofoto, de esas que hoy están al grito de la moda. Dice Balmaceda: "Podrían estar juntos posando para una foto. Una selfie de famosos, como la que se logró en el Oscar". Entonces, agrega: "Cómo me hubiera gustado que las figuras de la historia pudieran reunirse así para poder conversar con ellos". El sueño de este historiador, quizá el de muchos.
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