
"El hombre está a medio camino entre el tiempo y la eternidad"
El padre Juan José Sanguineti se pregunta acerca del destino último del mundo
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¿Por qué recordamos el futuro y no el pasado? ¿Hacia dónde va el tiempo? ¿Adónde se dirige el universo? La semana última, el sacerdote argentino Juan José Sanguineti, autor de más de diez libros y decano de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma, sometió a examen éstas y otras inquietantes cuestiones durante un curso de doctorado dictado en la Universidad Austral.
Sanguineti se doctoró en filosofía y en Ciencias de la Educación en la Universidad de Navarra y se licenció en Derecho Canónico. Su próxima obra (actualmente en prensa) se llamará, justamente, Tiempo y universo .
-Usted enfoca temas científicos desde la Iglesia. ¿Pueden convivir la ciencia y la fe?
-Si se estudian a fondo, las contradicciones son aparentes. Una cosa es el nivel físico, pero los métodos que se utilizan en la física no pueden llegar a demostrar la existencia de Dios. Para hablar de Dios es necesario pasar al nivel supracientífico, que es el metafísico.
-Con respecto al tiempo, ¿en qué punto se encuentran la mirada teológica y la física?
-En los últimos años hay entre muchos científicos un gran interés por el futuro último, definitivo. Científicos, teólogos y filósofos mantenemos un diálogo sobre el fin de los tiempos.
-¿Y llegan a alguna conclusión?
-No existe una respuesta definitiva, pero es interesante ver las repercusiones antropológicas que tiene el futuro cósmico. Porque aunque no nos afecta prácticamente, sí lo hace en el nivel existencial y especulativo. Hay cuatro posiciones filosóficas. Una es la del eterno retorno, que asumió Nietzche, por ejemplo.
-¿Coincidiría con las teorías que predicen que el Big Bang lleva a una enorme expansión, que luego se invertiría para producir un Big Crunch (el gran colapso), para luego volver a empezar y así hasta el infinito?
-Eso está prácticamente descartado. Se supone que esos ciclos no son iguales, sino que al final se daría un aumento de entropía (desorden) y acabaría en una expansión indefinida o en un Big Crunch definitivo. Unos científicos rusos han hecho el cómputo de esos ciclos: calcularon que podría haber hasta cien.
-La teoría de los universos múltiples de Andrei Linde postula que el universo tendrá innumerables ciclos indefinidos y caóticos...
-Claro, se trata de una postura especulativa, pero que no tiene una base científica seria. Una tercera posición respalda la hipótesis de que en el universo llegará un momento en el que comience a prevalecer el desorden.
-¿Cómo se manifestará ese estado en un futuro muy lejano?
-Poco a poco las estructuras galácticas se irán desorganizando, con una pérdida de la información que llegaría incluso hasta la estructura del átomo. En otras palabras, el universo quedará reducido a una nube de partículas elementales. Fotones, electrones, neutrones... Sería un final desastroso, que desde el punto de vista antropológico no tiene mucho sentido. Las personas que asumen esta imagen cosmológica se ven llevadas a la angustia, a la desesperación. Es la posición de Steven Weinberg, por ejemplo, que es muy pesimista.
-Y despiadadamente ateo...
-Pero Weinberg es un ateo especial, porque se lamenta de ser ateo, a él le gustaría que existiera Dios. En las últimas líneas de su famoso libro Los tres primeros minutos , dice que cuanto más comprendemos el universo, desde el punto de vista físico, menos sentido tiene.
-¿No podemos esperar un final feliz?
-Esa es la posición de Frank Tipler, el autor de La física de la inmortalidad , un libro de 1995. El piensa que el universo será dominado por la vida inteligente, que los herederos del ser humano van a ser computadoras que se reproducirán por su cuenta, que van a asumir formas vitales más perfectas y que van a conseguir colonizar el mundo. En ese caso, el universo acabaría en una plenitud final.
-Eso suena más a fe que a ciencia...
-Bueno, aparentemente está fundamentado en fórmulas matemáticas, pero en realidad tiene una gran dosis de fantasía. Es fantaciencia .
-¿En la ciencia, hay lugar para la fe?
-¡Y cómo! Sobre todo en cuestiones como el destino del universo físico, que no se puede comprobar, para no hablar del hombre o de la vida del espíritu. Cualquier modelo físico es inverificable, pero es compatible con la filosofía cristiana, porque se pone en otro nivel: para el cristianismo, al final de los tiempos habrá efectivamente una plenitud en la que el universo será renovado, porque el hombre será renovado. Habrá una reconstitución del mundo en una manera que no podemos ahora imaginar.
-¿Existe alguna evidencia física que sea compatible con esa visión?
-Desde el punto de vista físico, tenemos evidencia más bien de lo contrario, de la degradación. Pero al mismo tiempo sabemos que si absolutizamos la degradación caemos en la desesperación, porque no tiene sentido que todo acabe prácticamente en la nada, en la disolución. Yo creo que aquí tocamos los límites de la física. La física nos da unas indicaciones, pero por encima de eso están la fe científica o la fe cristiana, que nos hablan de cómo va a terminar todo esto.
-¿Usted es de los que creen, como John Horgan, que llegó el fin de la ciencia?
-Yo creo que la razón humana tiene tal capacidad de descubrir cosas y el mundo es tan rico que hay posibilidades infinitas. El ser humano no es únicamente temporal, está entre el tiempo y la eternidad.
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