
El inmigrante que se convirtió en leyenda
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Es lo que comúnmente se dice: que Don Antonio Devoto, próspero empresario y emprendedor italiano que realizó los primeros loteos que derivaron en el barrio que hoy lleva su nombre, fue quien donó los terrenos para la construcción de la entonces denominada Cárcel de Encausados de la Capital Federal, un establecimiento a cargo de la policía que albergaría a contraventores. Pero tanto el historiador Daniel Balmaceda como la Junta Histórica de Villa Devoto creen que esto no es así y que se ha creado un mito popular que no se corrobora con los registros históricos existentes.
Cuenta Balmaceda que Antonio Devoto, italiano oriundo de Lavagna, fue uno de los principales abanderados de la inmigración a fines del siglo XIX, además de uno de los máximos emprendedores de la época. Progresó gracias a negocios con la importación y exportación, los bancos, los ferrocarriles y la compra de tierras, y realizó muchas donaciones para el desarrollo de la zona.
"Devoto compró grandes extensiones de campo en la zona y luego los loteó. Su proyecto era que esa villa, un lugar exclusivo y aislado, se convirtiera en algo que le recordara a su campiña genovesa, por lo que dudo de que soñara con que se albergara ahí a un edificio de encausados, una construcción rústica y poco agradable", dice el historiador.
Balmaceda destaca un dato crucial: Devoto murió en julio de 1916, en pleno festejo del Centenario de la Independencia, y la construcción de la cárcel se inició en 1924, para inaugurarse sólo en 1927. "Cuando muere Devoto los loteos no se habían completado y se abrió una sucesión muy complicada. Yo creo que esas tierras o se vendieron al Estado o fueron expropiadas", dice.
Norberto Malaguti, secretario de la Junta Histórica de Villa Devoto, también hace hincapié en esa diferencia de al menos siete años y desliza la posibilidad de que las tierras hayan sido compradas por el Estado a la familia Devoto. Edgardo Tosi, presidente de la Junta, dice que alrededor de esa supuesta donación se ha creado un mito, más allá de que personalmente nunca pudo corroborarlo con documentos de la época.




