"El mea culpa del Papa es un peldaño para seguir avanzando"
El escritor de origen judío, autor de La cruz invertida , elogió el documento de la Iglesia.
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El histórico pedido de perdón que Juan Pablo II encabezó la semana última en el Vaticano impactó más allá de las filas del cristianismo. Así lo entiende el escritor Marcos Aguinis, que desde su pertenencia a la comunidad judía analizó con una visión histórica el documento "Memoria y reconciliación: la Iglesia y las culpas del pasado".
En una entrevista con La Nación , Aguinis, nacido en Córdoba hace 65 años, equiparó el significado del mea culpa de la Iglesia con los pasos dados en el Concilio Vaticano II.
Consideró que el pedido de perdón "tiene una enorme ejemplaridad" y aclaró que no concuerda con quienes sostienen que es insuficiente. "Así como el Concilio Vaticano II fue un peldaño necesario y formidable que permitió seguir avanzando, este mea culpa es otro peldaño fantástico que posiblemente nos lleve a uno más alto aún en el futuro", explicó.
Aguinis observó que desde el Concilio, iniciado hace casi 40 años, hasta este pedido de perdón de Juan Pablo II se ha atravesado un enorme camino.
"Yo lo asocio con el significado que tiene el número 40 en la Cuaresma. Es el tiempo que lleva de la Pascua al Pentecostés y son los 40 años que tuvo que deambular el pueblo judío llevado por Moisés en el desierto", dijo, al expresarse en términos bíblicos.
"Y esos 40 años, que según la Biblia fueron los que Dios necesitaba para que se hiciera un cambio de generación y un cambio de mentalidad, es lo que ha pasado también con la Iglesia. Desde el Concilio Vaticano II, que comenzó con la iniciativa de Juan XXIII, hasta este perdón formidable de Juan Pablo II han pasado 40 años en los cuales se hizo muchísimo. Y se cambió muchísimo. Por cierto que todavía faltan cosas, pero debemos estar muy felices de este gran avance", confió el novelista y ensayista.
-¿Cómo evalúa el pedido de perdón?
-El documento contiene la densidad teológica que lo vuelve casi ilegible para mucha gente -yo me tomé el trabajo de leerlo con paciencia- y esto de alguna forma responde a la necesidad de darle un fundamento teológico. Pero agrega elementos muy claros en los cuales se deja a un costado todo tipo de ambigüedades. Claramente se habla de siete pecados y se los identifica de una manera absolutamente irrefutable: las Cruzadas, la Inquisición, la intolerancia, los excesos de la evangelización, el antisemitismo... Es un avance admirable e histórico.
-¿Significa un aporte para el diálogo entre la Iglesia y el judaísmo?
-En los últimos 40 años se pusieron en marcha acciones para el diálogo, que al comienzo fue muy reticente, muy desconfiado. Cada parte venía con el lastre de la visión prejuiciosa de la otra parte. Hasta que la Iglesia y las otras religiones aprendieron a ver al otro como el otro se ve a sí mismo. Pero aun este acercamiento está en los niveles altos. Lo importante es que baje al pueblo. El sacerdote que está en contacto con la feligresía, con la gente llena de prejuicios, de odios, de resentimientos, es la que tiene que cumplir esa tarea.
-¿Este pedido de perdón se puede traslucir en actitudes concretas?
-Creo que sí. A partir de este momento nadie se animará a idealizar las Cruzadas, ni la Inquisición, ni la evangelización, que tuvo tantos errores, ni el antisemitismo.
-¿Este pedido de perdón podría haberse producido con otro papa?
-Uno tiende desde afuera a suponer que la Iglesia depende de un solo hombre. El Papa es el vicario de Cristo y se supone que su opinión es indiscutible. No es así. En el Vaticano hay mucha discusión. Y hay tendencias en conflicto. Sabemos que este documento no apareció tal cual Juan Pablo II lo quiso, sino que está ablandado para no violentar opiniones contrarias. De todas formas creo que este papa ha jugado un rol decisivo en el progreso que se ha dado, pero que no está solo.
-¿La Iglesia argentina está en sintonía con esta actitud?
-La Iglesia en la Argentina se resistió a pedir perdón por su conducta durante la última dictadura. Han aparecido documentos, debo reconocerlo, y también reconozco con gran alivio que el Episcopado argentino se ha renovado de una manera notable, y actualmente la mayoría está en armonía con la postura del Vaticano. Falta todavía un reconocimiento más claro, pero la tendencia es buena porque actualmente es muy difícil encontrar un obispo que se atreva a reivindicar el Proceso o los crímenes cometidos durante la dictadura.
-¿Esta actitud abierta del Papa contrasta con su imagen de un pontífice muy ortodoxo y conservador en la doctrina católica?
-Es verdad. Hay una contradicción en su postura internacional con respecto a los aspectos internos de la Iglesia. Este papa ha frustrado la unión con los anglicanos porque los anglicanos, por la mayoría de un voto, decidieron ordenar mujeres, a pesar de que el Papa critica la discriminación contra la mujer. Otro tema es el celibato sacerdotal, que no es un dogma y supongo que en algún momento será eliminado, porque crea más problemas que beneficios. Lo mismo ocurre con respecto al planeamiento familiar. En esto puede decirse que el Papa es reaccionario. Bueno, nadie puede ser perfecto. Ni siquiera un papa.
Un libro que dividió
Desde que concibió La cruz invertida , obra con la que ganó en 1970 el premio Planeta de España, Aguinis estuvo muy movilizado por las actitudes de la Iglesia.
El libro comenzó a gestarse a comienzos de los años 60, cuando Aguinis, que entonces ejercía como médico neurocirujano, residía en Alemania para hacer un curso de posgrado en Friburgo.Allí conoció a muchos teólogos alemanes que escribieron documentos para el Concilio Vaticano II.
"Fue mi primer contacto con esa nueva corriente, que era una deslumbrante novedad para mí. Se referían al compromiso social de la Iglesia, al diálogo ecuménico, y quedé fascinado por ese nuevo clima de libertad y de fraternidad", contó el médico y escritor, que en 1962 conoció personalmente a Juan XXIII al integrar una delegación del congreso mundial de neurocirugía que lo visitó en Castelgandolfo.
-¿Por qué La cruz invertida dividió tanto al catolicismo?
-Porque expresaba con gran claridad una división que ya existía: los sectores vinculados con la Iglesia atada al poder, a lo terrenal, y otra parte que se aferraba con intensidad al mensaje del Evangelio. Y así comenzó una lucha que en gran medida fue puesta en evidencia por el Concilio Vaticano II.
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