
El "muerto" que hace 31 años que está vivo
Lo dieron por fallecido y no logra recuperar su identidad
1 minuto de lectura'
SANTA ROSA.– “Señor Presidente, soy un muerto que camina. Ayúdeme”, rezaba el cartel que un hombre alzaba por sobre la muchedumbre durante la reciente visita de Néstor Kirchner a esta ciudad. El reclamo al Presidente es el último recurso para Marcos Flavio García, un joven de 31 años que para el Registro Nacional de las Personas no existe, porque hay un acta de defunción que lo declaró muerto seis días después de haber nacido.
No puede conseguir empleo, ni casarse. Sus hijas llevan el apellido de la madre y no logra ejercer ninguno de sus derechos. Aunque se afeite cada mañana y vea su cara en el espejo, técnicamente es un hombre muerto.
A lo largo de su vida la falta de identidad le ha provocado innumerables inconvenientes y el más terrible de todos es no poder darles su apellido a Sofía y a Milagros, sus hijas.
Como además de no poseer identidad tampoco tiene documento, no puede acceder a ningún trabajo regular, ni casarse, ser beneficiario de un plan de empleo, ni acceder a beneficios públicos, ni tener obra social, ni ejercer derecho cívico alguno. Una historia tan increíble como dramática.
El "hombre que no existe" recibió a LA NACION en su sencillo hogar del Plan 3000, el mismo barrio social en donde el presidente Néstor Kirchner descubrió el martes una placa que recuerda a Lucía Tartaglia, una joven santarroseña desaparecida durante la dictadura.
Tras la caravana
"Seguí la caravana del Presidente a todos lados y cuando ya se iba, en el aeropuerto, pude entregarle una carta." Allí, Marcos le contó al presidente sobre el calvario que padece desde hace más de 15 años, cuando pretendió renovar su DNI. El documento no sólo nunca llegó al Registro Civil de Santa Rosa: en su lugar apareció una partida de defunción, labrada seis días después de su nacimiento.
Marcos Flavio García nació el 8 de junio de 1973, a las 14.45, en la clínica Rawson (Catamarca y Santa Fe), en la ciudad de San Juan. Es hijo de Nilda Noemí Correa y Juan José García, según consta en el acta de nacimiento 64668, Tomo 30.
Pero seis días después, el 14 de junio, fue labrada un acta de defunción que determina su "muerte por enfermedad" (acta 27.450, Tomo 104), y que lleva una firma atribuida a su padre. Ambos documentos están rubricados por María Paulina Augusto, por entonces titular del Registro Nacional de las Personas, delegación San Juan.
En la provincia cuyana, Marcos pudo llevar una vida normal: asistió a la escuela, renovó su Documento Nacional de Identidad, número 22.868.209, al cumplir los 8 años, recibió sus vacunas y cumplió todo tipo de trámites.
Mudanza y problemas
"Cuando tenía 15 años, mi familia se mudó a La Pampa y los problemas comenzaron poco después, cuando se determinó que no me iban a otorgar el documento porque había aparecido el acta de defunción: para todos los registros, yo estoy muerto."
A principios de los 90, Marta Sánchez Alustiza, por entonces titular del área en La Pampa, inició gestiones ante la provincia de San Juan, pero no prosperaron.
"Me dijeron que para anular el acta de defunción iban a hacerle un peritaje caligráfico a mi papá, y determinar que él no la había firmado, pero el estudio se fue postergando hasta que, en 1995, mi papá falleció."
Desde entonces, y a pesar de los reclamos iniciados por él y su madre, nadie ha logrado devolverlo a la vida civil, y por eso su última esperanza es la respuesta del Presidente, que prometió una solución.
Aquella misma tarde, durante la visita del Presidente, Marcos habló también con el ministro Aníbal Fernández: "Me dijo que estaba trabajando en mi caso, que sólo faltaba un par de papeles y que mañana [por el miércoles] me llamaba. Pero seguimos esperando". Suspira, mirando a su esposa, Mariela Bustos, encargada de suplir su identidad cuando es necesario.
Sueño dorado de muchos
"Lo peor para él es ir a buscarla a la escuela y escuchar que a su hija la llaman por mi apellido", asegura ella.
Aunque hasta ahora sólo le ha traído perjuicios, Marcos imagina que figurar como fallecido en los registros legales podría ser el sueño dorado de más de uno, y juega con la ironía.
"Podría hacer cualquier barbaridad, delinquir, matar a alguien tal vez, y no podrían ni juzgarme. Si no existo, nadie puede acusarme de nada."
Pero aun privado de su identidad, ha conservado la dignidad como hombre, y vive de las pocas changas de pintura y albañilería que consigue.
Su mujer, con la que no ha podido casarse, tiene un plan de empleo desde hace 12 años.
"Antes me deprimía mucho y hasta tuve tratamiento psiquiátrico, porque se hace insoportable. No puedo trabajar en una empresa, ni tener obra social, ni inscribirme para ningún beneficio público. Tampoco puedo salir del país ni de la provincia porque ando indocumentado: yo soy un muerto que camina."
1
2“Milagro”: revolucionó la educación de un pueblo, llegó al Ministerio y su receta es referencia en toda América Latina
3Video: así fue el feroz temporal que azotó Tucumán y causó inundaciones, rutas cortadas y suspensión de clases
4Demuelen una joya del siglo XIX en el barrio inglés: “la casita” del arquitecto que construyó una embajada y fundó un prestigioso colegio



