
El otro santo sudario
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SANTIAGO DEL ESTERO.- Si quiere encontrarse cara a cara con Jesús, no tiene más que viajar a Italia, sumarse a la cola interminable y admirar, como miles de fieles, el renombrado Santo Sudario en Turín.
La segunda opción, sin duda más económica, consiste en subirse a un ómnibus y dirigirse a Santiago del Estero. Allí lo aguarda desde hace cuatro siglos el sudario criollo, un lienzo que vino de España durante los años de la Conquista.
Pero a este manto no se lo llama Santo Sudario, sino Sábana Santa; comparte con el lienzo de Turín la peculiaridad de tener entre sus pliegues las marcas del cuerpo de Cristo, tal cual fue sepultado al ser bajado de la cruz.
La fama le ha sido esquiva a esta sábana sagrada, cuyo valor histórico y religioso sólo es comparable al manto que se exhibe en Italia y a una segunda tela, melliza de la santiagueña, que se encuentra en la catedral de Chamberry, Francia.
Tanto la tela argentina como la francesa fueron usadas en su momento como protección del Santo Sudario, que lucía bastante deteriorado por el paso del tiempo y por las llamas de un terrible incendio del que apenas escapó.
Con el correr de los años, la imagen del sudario se habría grabado sobre las telas que la protegían.
Caja de sorpresas
De modo que hoy día el mundo cristiano cuenta con una trinidad de sudarios, por así decirlo. ¿Cómo llegó a darse el milagro de que uno de ellos navegara por el tiempo y el Atlántico hasta esta parte de América? Después de escapar del incendio, el sudario fue sometido a todo tipo de cuidados, como el zurcido de las partes quemadas, la doble protección de los mantos y la custodia bajo llave en una caja. Cuando en 1572 fue llevado hasta Turín, la caja fue abierta y, vaya sorpresa, saltó a la vista la fantástica multiplicación de la imagen, que ahora valía por tres.
Enterado del asunto, el Sumo Pontífice dispuso la donación de uno de los mantos al reino de Francia, pues allí se había custodiado el sudario durante muchos años. El segundo manto le fue concedido a España, la potencia de la época.
El rey Felipe II debía enviar la tela al Nuevo Mundo, y así lo hizo a fines del siglo XVI, cuando lo embarcó con destino a una de las ciudades más antiguas de su imperio: Santiago del Estero, un poblado que se había ganado la reputación de ser líder y pionero en la tarea evangelizadora y en el dominio territorial del sur de América.
La reliquia se mantuvo bajo el cuidado de los jesuitas, que, cuando fueron expulsados de América en el siglo XVIII, entregaron la custodia a los dominicos. Hoy el lienzo está resguardado en el Convento de Santo Domingo, a cinco cuadras de la plaza principal de Santiago.
Un puñado de fieles
El convento es amplio y apacible, tan sereno como una tarde de siesta. Lo habitan cinco frailes y lo frecuenta un puñado de fieles. El manto está a la vista de todos, en una capilla lateral, aunque en realidad los que se acercan no son tantos.
"Los dominicos son muy cuidadosos. No quieren que la sábana se transforme en algo comercial", dijo a La Nación la encargada de promoción turística de Santiago, Graciela Hoyos de Pérez.
El lienzo se extiende entre la seguridad de dos vidrios; la silueta se destaca con nitidez en la tela arrugada y amarillenta, que tiene inscripciones en latín y algunas manchas rojas. Comparte la capilla con otras reliquias muy estimadas por la comunidad local, como la espléndida escultura del llamado Amo Jesús, un Cristo tallado por los indígenas en madera, que durante Semana Santa sale en procesión por las calles de Santiago.
El Amo Jesús es aún más popular que la sábana milagrosa. Y hay otras reliquias y santos que superan largamente en fascinación al regalo que tan generosamente entregó Su Majestad Felipe II en aquellos años de incomparable esplendor imperial.
Reivindicación
Todos respetan la espiritualidad de la tela, como el caso de un lector de La Nación , Valentín Espinosa, que ante tanta noticia sobre el lienzo de Turín decidió enviar una carta en la que reivindica el prestigio histórico y la espiritualidad excepcional de la tela santiagueña. En el mismo texto recordó que la sábana llegó a estar en exposición en Buenos Aires, trasladada en 1983 a bordo de un avión especial de la Fuerza Aérea. En esa ocasión se realizaba la muestra "El noroeste argentino en la cultura nacional".
Por estos días se vuelve a hablar de la posibilidad de traer una vez más el venerado manto a la Capital, con el auspicio del Senado de la Nación. Mientras en Buenos Aires la Sábana Santa comienza a despertar interés, muchos santiagueños prefieren lanzarse en tropel hacia brazos más atractivos.
En busca de milagros
Por ejemplo, se ven atraídos hacia el Señor de los Milagros de Mailín, una fiesta que congrega a más de 100.000 devotos manifestantes y que incluye oraciones, música folklórica, bombas de estruendo y procesiones.
También cautiva la festividad de San Francisco Solano, patrono de América, del turismo y del folklore, todo al mismo tiempo. San Esteban tiene su lugar en el panteón de celebridades, y hacia él dirigen sus plegarias miles de creyentes cada 26 de diciembre.
Sólo algunos turistas ocasionales se toman un minuto para gozar de la vista de la tela. Más adelante, en pleno invierno, llegarán más visitantes: diez o doce micros por día, que salen de excursión desde las aguas termales de Río Hondo y se envuelven en el misticismo de la sábana.
Dos versiones acerca de la Sábana Santa
La Sábana Santa está cubierta por otro manto, el manto de la leyenda. Mejor dicho: el manto de las leyendas, porque ellas son distintas y, a veces, contradictorias. Así es como se conocen, por ejemplo, dos versiones diferentes de la misteriosa transferencia de la imagen del sudario a sus telas protectoras.
La teoría más difundida es la que atribuye la copia a un fenómeno automático, involuntario, natural y casi milagroso. El mero contacto de las telas, la intimidad de los años, habrían bastado para triplicar la figura de Cristo.
En la información turística que se difunde oficialmente en Santiago, por ejemplo, se hace referencia a la sábana como una "copia singular y prodigiosa".
Una segunda versión la da un pequeño cartel ubicado nada menos que al costado de la tela, que otorga mayor crédito a la mano humana que a la intervención divina. Según parece, en la sábana santiagueña intervinieron artistas que se dedicaban a pintar réplicas del Santo Sudario. "La Sábana Santa de Santiago del Estero es una de estas réplicas artesanales y reproduce fielmente ciertos detalles de la original de Turín", dice el letrero.
"Esa es la versión de un sacerdote que estuvo de paso hace unos quince años, y que se apoyaba en ciertos teóricos europeos -explicó a La Nación el historiador Luis Lascano Alem-. Ellos afirman que se hicieron entre 20 y 25 copias y que ahora están diseminadas por ahí, pero nadie las encontró."



