El paco preocupa a Chile y a Uruguay
La droga derivada de la pasta base de cocaína cambia de nombres al cruzar la frontera, pero mantiene su vinculación con el delito
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El paco tiene diferentes nombres fuera de la Argentina, pero en los países vecinos también se advierten su consumo y su vinculación con el delito y la marginalidad. En Chile, el 70% de los delitos se comete bajo la influencia del alcohol o de las drogas, que ingresan por cientos de pasos fronterizos ilegales. En Uruguay, el impacto del consumo del residuo de la pasta base de cocaína se traduce en abandono del hogar, exclusión social y comisión de delitos para obtener dinero y comprar más tóxicos.
Sobre una de las avenidas más transitadas de Montevideo se encuentra el establecimiento Vilardebó. Cuando se camina por él, cuando se reciben las miradas perdidas de sus pacientes psiquiátricos, cuesta entender cómo una madre pudo haber querido que su hijo terminara ahí adentro, internado. Pero las madres de los adictos al paco uruguayos ven en ese hospital una "tabla de salvación familiar".
Serrana de Freitas es una funcionaria pública que tiene tres hijos varones. Contó a La Nacion su angustia porque el mayor había caído en la adicción al paco –o pasta base, como se lo llama en Uruguay– y no encontraba cómo rescatarlo: "Se fue hace dos meses con 90 kilos y ahora parece que pesara 60..., está encorvado. Vendió sus CD, se «fumó» la moto 0 km. Vino a pedirme comida, con un pantalón atado con alambre. ¿Cómo le voy a negar comida? Mis hijos temen por mí, porque es agresivo, pero también porque denuncio a los que venden drogas, ya me incendiaron la puerta de casa. Pero yo adoro a mi hijo y quiero recuperarlo".
La pasta base llegó a Uruguay entre 2001 y 2002, y tuvo un crecimiento fuerte en jóvenes que viven en situación de exclusión social. Pero ahora ya no es sólo un problema de los marginados. La adicción alcanzó a chicos de clase media. El tema preocupa a la población por los delitos que cometen los adictos.
En la campaña electoral, la oposición y el oficialismo piden mayor compromiso en la lucha contra esta droga. "Con la mayor severidad hay que encarar la eliminación de las bocas de distribución [de paco], que hoy están tan asociadas a estas condiciones de inseguridad", dijo el precandidato del Frente Amplio, Danilo Astori.
Serrana de Freitas, una de las llamadas Madres de la Plaza (que marchan contra el paco en Montevideo), dijo a La Nacion que su reclamo se sintetiza en tres puntos: aumento de penas para los vendedores de paco; tratamiento gratuito y obligatorio para los adictos, financiado con la venta de bienes decomisados a los narcotraficantes, y mayor celeridad en los procedimientos ante denuncias sobre "bocas de venta" de droga.
El secretario general de la Junta Nacional de Droga, Milton Romani, dijo a La Nacion, que según la encuesta de hogares de fines de 2006, los consumidores de paco representan el 0,8% del total, aunque asciende al 8 por ciento en las zonas más pobres.
Los "angustiados"
En Santiago de Chile, el negocio es sencillo y exponencialmente lucrativo: una dosis de pasta base mezclada con yeso, bicarbonato o raspado de muros para "estirarla" se consigue en cualquier lado por menos de un dólar. Se fuma mezclada con tabaco –un "mono"– o con marihuana ("marciano"). A los que consumen la "pasturri" o "bazuca" los llaman "angustiados", por el inenarrable efecto físico y psicológico que les sobreviene con la abstinencia.
Casi la totalidad del clorhidrato y de la pasta base de cocaína llega desde la Argentina, Perú y Bolivia. Carabineros detectó 148 pasos ilegales de droga en la frontera norte del país.
La unidad antidrogas de Carabineros (OS-7) aumentó en casi un 70% las detenciones por microtráfico de drogas en el primer trimestre de este año: más de 1500 arrestos y 30.000 dosis de coca y pasta base incautadas.
El perfil del consumidor es claro: jóvenes desempleados, pandilleros de los sectores marginales del Gran Santiago. Aunque se ha detectado su consumo en sectores acomodados.
Dijo la directora de la comisión nacional para el Control de Estupefacientes, María Teresa Chadwick: "Los más dañados son los pobres, que la usan como paliativo del hambre y sufren períodos de angustia que los llevan a delinquir". Un círculo vicioso.
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